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Competición por la Cañada Real

Competición por la Cañada Real

martes 07 de julio de 2009, 00:00h
La Cañada Real Galiana, donde viven miles de personas en condiciones poco decentes, se ha convertido de pronto en un asunto de urgencia para muchos y en una competición para otros obsesionados en aparecer los  primeros en ofrecer soluciones. Hoy conviven en esta zona ciudadanos que llevan allí decenas de años a la espera de que se les ofrezca legalizar su situación con personas llegadas de muchos países y de distintas condiciones sociales, entre ellos, muchos mangutas y distintos traficantes de estupefacientes de todo tipo. Casi todos están ilegales porque en esta zona no se permiten edificaciones, ya que es una cañada, un sitio de paso para las cabras y demás animales habituales de la antigua trashumancia.

Hace ya muchos meses, la portavoz de IU de la Asamblea de Madrid, Inés Sabanés, preguntó en un pleno parlamentario a la presidenta regional, Esperanza Aguirre, por la situación de este territorio que atraviesa los municipios de la capital, Coslada y Rivas-Vaciamadrid, cuyos habitantes llevan años y años padeciendo los excesos de algunos de sus vecinos de la Cañada Real. La mandataria madrileña salió al paso de esta cuestión anunciando que en verano presentaría un  proyecto de ley ofreciendo soluciones urbanísticas, medioambientales y sociales. Después de meses de negociaciones entre representantes de las administraciones de la Comunidad de Madrid y de los municipios afectados, y cuando se esperaba la entrada en el Legislativo autonómico del proyecto del Gobierno regional, el secretario general del PSM, Tomás Gómez, registró en la sede  parlamentaria de Vallecas una proposición de ley con  medidas para la zona y sus moradores, adelantándose al proyecto del Ejecutivo de Aguirre.

Propuso la realización de un censo de población y la aplicación de medidas de todo tipo, fundamentalmente sociales, para sus ilegales vecinos, una vez conocida la dimensión del problema. Nada más hacerse noticia  esta iniciativa de Gómez, que se hizo acompañar por los portavoces del PSM en la Cámara regional y en los ayuntamientos de la capital, Coslada y Rivas, el portavoz del PP, David Pérez, arremetió contra los socialistas, a los que acusó de oportunistas y de tener más morro que los osos hormigueros, por pretender llegar antes que los demás a la hora de ofrecer soluciones a este poblado marginal del que sólo se acuerda nuestra clase política cuando cree que sus palabras pueden convertirse en noticia y titular de algún medio de comunicación.

Las declaraciones del representante del partido que gobierna la Comunidad de Madrid son entendibles porque, por principio, su obligación -anómala por indecente- es dar caña a todo lo que hacen  los de la acera, ideológica por supuesto,  de enfrente. Pero no lo son tanto las del diputado de IU y coordinador regional de la coalición, Gregorio Gordo, que puso verde a Tomás Gómez por sacar pecho ante un tema en el que están trabajando los gobernantes regionales y los alcaldes de los pueblos afectados, entre ellos, el de Rivas, gobernado por uno de los suyos: Pepe Masa. No sólo le llamó oportunista sino que aseguró que los adelantados socialistas, con su adelantada propuesta para la Cañada Real, podían hacer saltar por los aires las negociaciones que se están llevando a cabo.

Al final, en pleno periodo inhábil, la iniciativa socialista tendrá dificultades para prosperar porque da la sensación de que tienen más obsesión en aparecer como los primeros de la fila y los ganadores del torneo de la competición de la absurda memez que de dar soluciones a miles de personas que están hasta las narices de los que hablan de la Cañada para  hacerse fotos. Mientras, ellos viven entre basura, delincuentes, empresarios indecentes y decentes niños que salen a jugar a la calle, como lo hacen los de otro cualquier país tercermundista, y a veces sus compañeros son las ratas que inundan estos territorios en los que la mierda y la indecencia lo ocupan todo.

Aguirre traerá su papel y cuando haya que debatir sus propuestas, lo más seguro es que la discusión no se centre en las condiciones de vida de los moradores de la Cañada Real sino en el oportunismo de Tomás Gómez.
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