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Lisboa para los amantes de la naturaleza

Lisboa para los amantes de la naturaleza

Por Carmen M. Gutiérrez
jueves 16 de julio de 2009, 00:00h
Lisboa no es solo la ciudad de los miradores, los tranvías y el bacalao. La región a la que da nombre ofrece una gran riqueza natural determinada por el río Tajo y el océnao Atlántico. Este es un paseo por sus reservas naturales, sus playas y los valores 'verdes' de la capital.                                                                                          

La ciudad. En la propia ciudad también hay reclamos para aquellos que buscan disfrutar de unas vacaciones dedicadas al medio ambiente. Llaman la atención algunos de sus coquetos jardines, como el del museo Gulbenkian, cuyos rincones son utilizados por muchos lisboetas para descansar, o el Jardín Botánico del Museo Nacional de Historia Natural.

Es imprescindible la visita al Oceanario, situada en la parte más nueva de la ciudad, la construida para la exposición universal de 1998. Este zoo marino permite descubrir a los pobladores de mares cercanos y remotos. Peces de colores chillones, simpáticas nutrias, tiburones y, sobre todo, el pez luna, que parece salido del pasado.

Estuario del Tajo. Muy cerca de la ciudad de Lisboa se encuentra la Reserva Natural del Estuario del Tajo, una de las zonas húmedas más importantes de Europa. Donde confluyen las aguas del río que atraviesa gran parte de la Península Ibérica y del océano Atlántico, se dan cita miles de aves acuáticas, entre las que destacan los flamencos. Para conocer este particular ecosistema, existe la posibilidad de recorrer el Tajo desde Lisboa hacia en interior de Portugal en los viajes en lancha que se pueden contratar.

Durante el recorrido se aprecia una variada vegetación de ribera que va cambiando según se avanza por los 80 kilómetros navegables del río. Las marismas dan paso a dehesas, donde los ganaderos del lugar crían a sus caballos en semilibertad. Pese a que a mitad de camino, en Vilafranca de Xira, acaba la reserva del Estuario del Tajo, el paisaje ribereño no deja de sorprender y se siguen avistando aves, como garzas y espátulas, hasta llegar al final del trayecto en Salvaterra de Magos.

Reserva de Boquilobo. Sin salir de la Región de Lisboa, pero ya alejados del mar, se encuentra la Reserva Natural de Paul do Boquilobo, cuyos valores están preservados al ser además reserva de la biosfera y zona de especial protección de aves. El río Almonda, que se desborda cada invierno, es el que le da el carácter único a esta zona protegida cercana al Tajo y al municipio de Golega. Los árboles de la zona se ven rodeados cuando el río crece formando lagunas estacionales, que son aprovechadas por numerosas aves. Además, Boquilobo alberga una típica dehesa de los alcornoques tan característicos de Portugal.

La Región del Oeste. Al norte de la ciudad de Lisboa, se encuentra la zona conocida como Región del Oeste, donde disfrutar del mar sin las aglomeraciones típicas de otras zonas más turísticas de costa. Además, su clima atlántico es un buen aliado del verano. Pero la Región del Oeste no presume solo de playas. También destacan la villa medieval de Óbidos y el pasado jurásico de esta zona rica en fósiles de dinosaurios, que pueden verse en el museo de Lourinha y con un poco de suerte en las rocas de las playas de la localidad.

Sintra. Muy cerca de Lisboa, se encuentra el Parque Natural de Sintra-Cascais, la sierra más cercana a la capital a la que llegan los vientos del Atlántico, donde acaban sus escarpadas colinas. Su localización, su clima y su naturaleza desbordante la convirtieron en refugio de la nobleza y la monarquía portuguesas, que fueron construyendo palacios y castillos en las laderas de la montaña. Este entorno privilegiado fue capaz de atraer a los poetas románticos ingleses y hoy sigue encantando a los visitantes.
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