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Esta idea es mía

Esta idea es mía

Por Carmen M. Gutiérrez
martes 09 de junio de 2009, 00:00h
Actualizado: 15/06/2009 17:48h
¿Saben que hay patentadas medias para tres piernas o que las minas antipersona no pueden protegerse por ir en contra de la moral? Sobre estos temas y de su aplicación a una economía más sostenible tratan las Jornadas sobre Protección de la Innovación y Transferencia de Tecnología, organizadas este martes por madri+d y la Fundación Pons.
"Una vez visto cualquiera es listo". Con esta frase la directora del Departamento de Patentes de PONS Patentes y Marcas, Patricia Ramos, explicaba el valor que tiene inventar algo durante las jornadas que comenzaron este martes y tendrán continuación el día 16 de junio. Las grandes ideas que puedan surgir en una institución o una empresa son valores intangibles, pero no por ello menos importantes que los elementos físicos.

Domingo Represa Cuando se tiene uno de esos descubrimientos se puede elegir entre mantenerlo en secreto o crear una patente, lo que significa tener el derecho a un monopolio temporal de 20 años. Ramos recomienda recurrir al secreto solo en el caso de que la idea sea difícil de copiar. De no ser así, lo mejor es patentar y no sólo por cuestiones económicas, sino también "para poder seguir investigando". Según explican los expertos, las empresas no desarrollarían muchas aplicaciones industriales si no tuviesen la exclusividad garantizada.

Un ejemplo podría ser el invento del Centro Nacional de Microbiología del Instituto de Salud Carlos III para detectar en una prueba hasta 50 especies bacterianas que hasta ahora requerían exámenes independientes. "Nosotros resolvimos un problema nuestro y la idea de patentarlo fue a posteriori", explica uno de los investigadores, Pedro Anda. Ahora una empresa ha adquirido los derechos de explotación y este invento ayudará a doctores de diversas partes del mundo.

Dolores García-Plaza Pero no todo se puede patentar. Las condiciones son que represente una novedad, es decir, que nunca se haya publicado nada sobre ello ni exista previamente; que requiera inventiva -no vale con combinar dos medicamentos, sino que la mezcla tendría que ofrecer resultados diferentes-; y que sean susceptibles de aplicación industrial. Así, se pueden patentar medicamentos, herramientas de trabajo y objetos tan peculiares como un utensilio que es a la vez tenedor y palillos chinos, medias para tres piernas por si aparece una carrera inesperada o un simulador para torear desde donde se quiera.

Fuera de las patentes quedan las creaciones artísticas, los descubrimientos científicos, los programas de ordenador -que tienen un régimen diferente sobre el que tratará la sesión del próximo martes-, los métodos terapéuticos que impliquen un contacto con las personas o las innovaciones que puedan crear conflictos morales, como la clonación o las minas antipersona, por ejemplo.

Las patentes favorecen la investigación y también la transferencia de conocimiento a la sociedad, pero su gestión es compleja y cara. Según explicó Ramos, tras registrar un invento en la Oficina Española de Patentes y Marcas, que solo da exclusividad en el territorio nacional, se puede optar por ir a otros países a través de un procedimiento unificado que se ha creado internacionalmente para facilitar el proceso, que puede durar hasta cinco años. Para su gestión, es recomendable solicitar asesoramiento técnico a expertos o la propia Oficina de Patentes y Marcas.

Para estos procesos técnicos, las universidades y centros de investigación han empezado a crear departamentos dirigidos a orientar la transferencia de los conocimientos a la sociedad. Uno de los principales escollos para esta función es la tradición entre los investigadores de publicar en revistas especializadas sus avances científicos, ya que una de las condiciones irrenunciables para poder patentar es que el trabajo esté inédito, según explicó Dolores García-Plaza, de la Unidad de Transferencia de Tecnología de la Universidad Carlos III.

Para solucionar esta situación, los currículum de los investigadores empezarán a tener en cuenta también las patentes de las que sean creadores, según remarcó Domingo Represa, de la Oficina de Transferencia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que, con 14.000 trabajadores, se sitúa como la séptima institución pública del mundo en número de patentes. Esta garantía de explotación también sirve para motivar a los investigadores, destacó Represa.
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