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'Me han devuelto un hijo nuevo'

"Me han devuelto un hijo nuevo"

Por Celia G. Naranjo
martes 26 de mayo de 2009, 00:00h
Cuando un padre denuncia ante la Justicia a su propio hijo, algo se ha roto en la familia. Pero no todo está perdido. Un programa de la Comunidad ha conseguido que los adolescentes sujetos a medidas por maltrato familiar no vuelvan a reincidir.
"Me han devuelto un hijo nuevo". Antonio (nombre ficticio) solo tenía palabras de agradecimiento para el equipo del Centro Educativo Padre Amigó, un chalé discreto y espacioso destinado a reeducar a menores que han cometido delitos de maltrato familiar. Su hijo D. había pasado de la típica rebeldía adolescente a amenazar con episodios de violencia. "Si no llego a denunciarle, habría pasado algo grave". Pero está convencido de que, a pesar de lo traumático de esa decisión, hizo lo correcto.

Rocío (nombre ficticio), una joven de 17 años que quiere estudiar Bellas Artes, es la otra cara de la moneda. "El primer día que entré todavía no me daba cuenta de lo que hacía, pero ahora reconozco que necesitaba un disgusto como este para recapacitar. Mis padres dicen que me ha venido muy bien", asegura. Su compañera Sara (nombre ficticio) resume el aprendizaje de estos meses: "Aquí te enseñan que hay normas, que no puedes ser salvajemente como te apetezca a ti".

Todos ellos recibieron este martes la visita del consejero de Presidencia, Justicia e Interior, Francisco Granados, acompañado por la directora de la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor, Carmen Balfagón. "Aquí hay chicos que desarrollan conductas violentas hacia padres y hermanos. Llegan con sentimientos de culpa, de frustración y con la sensación de haber sido traicionados por sus padres. Por eso es importante la terapia", explicó Granados.

Terapia familiar
Una intervención cuyos protagonistas también son las familias. Estas asisten una vez por semana al centro para aprender junto a los menores nuevas pautas para relacionarse. Algunos de los jóvenes viven en el centro en régimen abierto (la de convivencia con otra persona, familia o grupo educativo); otros tienen medidas de libertad vigilada, tras haber pasado por un internamiento, y acuden de forma periódica al centro; y otros llegan con una medida cautelar adoptada por el juez ante una denuncia. Durante varios meses, se someten a terapia para reaprender a convivir. Así lo hicieron los 48 jóvenes madrileños que pasaron por el centro en 2008.

"En los últimos seis meses he notado en él cambios sustanciales", asegura. Ahora, tanto D. como Antonio han aprendido a manejar mejor sus conflictos, pero siempre queda el miedo de la vuelta a las andadas. "Estoy expectante", dice cuando se le pregunta por su futuro. Con los datos de la ARRMI en la mano, no debería tener motivos para preocuparse: solo un 1 por ciento de los menores madrileños que cometen delitos de maltrato familiar reinciden.
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