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La tensión social por el paro llega a la Asamblea

La tensión social por el paro llega a la Asamblea

domingo 10 de mayo de 2009, 00:00h
Cientos de trabajadores de empresas que quieren adelgazar sus plantillas recurriendo a los expedientes de regulación de empleo, se fueron a las puertas de la Asamblea de Madrid a protestar por esta injusta decisión de unos patronos multinacionales que cuando las cosas van viento en popa y se lo llevan crudo y a espuertas,  no reparten con sus curritos, que cargan a sus espaldas el peso de la mala situación financiera y económica, cuando llega la crisis.

Temen pasar a engrosas las listas del paro.  El miedo a perder el puesto de trabajo se reflejaba en sus rostros, que mostraban rabia e impotencia ante un futuro poco claro. Una pequeña representación de estos empleados -invitados por la oposición, que planteó en la sesión plenaria cuestiones relativas a los EREs pendientes de resolución y exigió que la Comunidad de Madrid ponga freno a las ansias empresariales de afrontar la crisis reduciendo el personal que trabaja para ellos- puso el grito en el cielo del hemiciclo y reclamó que no se consienta que el despido de varios miles de trabajadores de Iveco-Pegao, Arcelor Mittal y BP Solar sea la única solución posible.

Como era de esperar, la presidenta de la Cámara regional, Elvira Rodríguez, mandó que fueran desalojados  por alterar el buen funcionamiento del pleno parlamentario. Hizo lo propio con el diputado socialista José Quintana, por afearla que despidiera a los que, a gritos, exigían que no se les ponga en la calle. Luego, todos los parlamentarios de la oposición se solidarizaron con los expulsados y dejaron el Parlamento de Vallecas para acompañar a los manifestantes de la calle, siempre rodeados por agentes del Cuerpo Nacional de Policía. La tensión social provocada por la amenaza del desempleo se posó ante la sede de la Asamblea de Madrid, que ya había discutido sobre los efectos de la crisis pero no había mirado a los ojos a sus protagonistas. Hubo gritos, algunos hirientes a los oídos de muchos, y algunos lanzamientos de objetos contundentes contra lo que fuera.

Las puertas del Legislativo se cerraron y con el trascurso del tiempo, igual que los cubitos de hielo que salieron de su propia desesperación ante el miedo a que sus familias se queden sin el sueldo que hasta ahora entraba en sus hogares y golpearon a quienes no tienen culpa de nada, la calma regresó al ambiente y los manifestantes se fueron a casa. Al día siguiente, los portavoces parlamentarios se reunieron, citados por el PP, para analizar lo sucedido y emprender acciones contra los que se saltaron los cordones policiales y acercaron la manifestación a la puerta de su Asamblea, y contra los que incumplieron lo que dice el Reglamento sobre el decoro en las manifestaciones orales y gestuales en sede parlamentaria. Cuando aparecieron ante los medios de comunicación, socialistas y populares se acusaron unos a otros de los incidentes.

La socialista Maru Menéndez acusó al PP de provocar a los invitados que fueron expulsados y de montar todo este lío para impedir  que todos se fijen en sus tres diputados imputados en el sumario del caso Gürtel y el popular David Pérez echó la culpa de todo al PSM por manipular a los afectados por los EREs. Sólo la portavoz de IU, Inés Sabanés, puso el acento en lo único importante: los puestos de trabajos que se pueden perder. Cuando las gargantas de los que esperan ser despedidos, que tienen toda la razón del mundo para denunciar las intenciones de sus empresas de ponerlos de patitas en la calle y que pueden perderla si no son capaces de contener su rabia para reconducirla en acciones no violentas, gritaban contra todo y contra todos, PSM y PP trataban de quitarse el marrón de encima.

Los socialistas, azuzando a los afectados contra la que ellos consideran la responsable de la situación: Esperanza Aguirre. Los populares, destacando que la decisión sobre estos EREs es del Gobierno presidido por José Luis Rodríguez Zapatero, al estar implicadas factorías de varias comunidades autónomas, y echando en cara a los que gritaban en la puerta del Parlamento de Vallecas que no se manifiesten  también en las cercanías de La Moncloa. Insisten en  convencer a los demás de que la permanencia en sus empleos de estos trabajadores depende de Aguirre, para unos, y de Zapatero, para otros, pero no dicen nada de qué hacer para que no se materialice lo que todos temen. ¿Merece la pena arrancar unos votos con temas tan sensibles como el drama que se vislumbra cuando el paro se mete en sus casas y en sus cabezas?

Nino Olmeda
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