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Ya se puede beber en los plenos

Ya se puede beber en los plenos

domingo 19 de abril de 2009, 00:00h
Esta historia parece inverosímil y más propia de un capítulo de una comedia televisiva que del titular de una noticia sobre un incidente irrelevante y sin más importancia que la concedida por los medios de comunicación.

Todo comenzó el 18 de marzo. Ese día, en  el pleno de la Asamblea de Madrid, que  atraía a muchos plumillas porque se debatía y votaba el dictamen de conclusiones de la comisión parlamentaria sobre los supuestos casos de espionajes a políticos, a algún parlamentario se le vertió el agua en la mesa de su escaño y alguna gotita entró en el mecanismo que sirve para votar,  provocando el correspondiente estropicio en los circuitos electrónicos.

El documento del PP en el que se dice que nadie espió, y menos a cargo de la Comunidad de Madrid, fue aprobado, pero sus señorías tuvieron que hacerlo a mano alzada por la avería provocada por el agua que beben los diputados regionales durante las largas horas de duración de cada sesión plenaria de los jueves. Después de las fiestas de Semana Santa, la Junta de Portavoces analizó una propuesta del PP consistente en prohibir el agua en el salón de plenos. Salió adelante esta medida a pesar de que la oposición no la apoyó.

En las ruedas de prensa que los portavoces parlamentarios ofrecen después de su reunión semanal, ninguno dijo nada sobre este asunto. Socialistas y miembros de IU no criticaron esta propuesta a favor de la sed y de reglamentar, de manera algo absurda, todo lo que sucede en la sede parlamentaria de Vallecas, quizá porque, además de no dar importancia a la ley seca que unos impusieron a todos, temieron ser calificados de quisquillosos.

El PP tampoco informó de esta restricción y prefirió mantener en secreto la prohibición de beber agua en el hemiciclo para que los diputados tratados como niños no fundiesen los plomos. Tan en secreto que no se enteró ni la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, quien en el pleno de la noticia,  ella solita consiguió que se abriese la puerta al fin de la sequía. La mandataria madrileña puso en evidencia a la presidenta de la Cámara autonómica, Elvira Rodríguez, quien dudó a la hora de poner
 en su sitio a Aguirre por desobedecer una norma aprobada por la Junta de Portavoces.

La ley seca impuesta por el PP es una muestra más de que tratan de apagar a manguerazos de bombero el fuego de un cigarrillo y un claro ejemplo de la alta capacidad de todos para convertir la Asamblea de Madrid en una especie de salón de té con juegos de cartas y posibilidad de hacer calceta para desestresarse. Por fin se puede beber agua en el hemiciclo, gracias a la espontaneidad de Aguirre y la voracidad de los medios informativos. Convirtieron  la anécdota del agua en la noticia del día del Parlamento de Vallecas, en el que, por cierto,  se discuten asuntos trascendentales para la vida de los madrileños que nunca son noticia porque unos y otros persiguen lo mismo: la banalización de la acción política y el espectáculo como cortada para esconder su incapacidad para conectar con la gente.

Nino Olmeda
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