Monstruos y humanos constituyen la tercera parte de este recorrido por la mitología grecorromana en Madrid. Su significado alegórico retrató una etapa de desarrollo social, filosófico, político, económico y comercial.
Una de las figuras recurrentes en las fachadas de la capital es el ave
Fénix. Autores clásicos relacionaban este pájaro con la concepción de resurreción y reencarnación. Es un mito tratado por muchos autores clásicos. La historia más conocida es que era capaz de renacer de sus cenizas. Esta propiedad del renacimiento, de la seguridad de que todo se recupera, fue la filosofía que inspiró a muchas empresas aseguradoras del siglo XIX y principios del XX para colocar estatuas de este animal fabuloso en sus tejados. La más conocida era la del
edificio Metrópolis, antigua
sede de la Unión y el Fénix. Allí se colocó una escultura de
René de Saint Marceaux.

Actualmente, en ese lugar se ubica una
Victoria alada de
Federico Coullaut. También se ve un
Fénix en el
edificio de Allianz en la
plaza de la Independencia, en el
Hotel Tryp Fénix, en el edificio de la Unión, en los
antiguos almacenes Madrid-París, en el edificio de
la Unión y El Fénix del Paseo de La Castellana y en el antiguo
Banco Vitalicio (
Modesto López Otero). Otras representaciones del ave, junto con una figura masculina o infantil, lo relacionan con el mito de
Ganímedes (
Zeus secuestra a Ganímedes en el monte Ida de Frigia convertido en águila para convertirlo en su amante y en copero de los dioses) o con el de
Prometeo (que como castigo por robar el fuego a los dioses para dárselo a los hombres fue condenado a que un ave le devorase el hígado cada día).
Pegaso y la Quimera
El
Ministerio de Agricultura y la
estación de Atocha narran otro mito: el de
Belerofontes. El rey de Licia le encargó domar al caballo alado
Pegaso y matar a la
Quimera. Esta escena, aunque algo modificada, se representa en esta céntrica zona de la ciudad. Sobre el antiguo
Ministerio de Fomento se ubica la réplica en bronce del complejo escultórico de
Agustín Querol que refleja a la Gloria obsequiando al Arte y la Ciencia y a dos pegasos conducidos por el Arte y la Industria (los originales estaban en la
plaza de Legazpi y la glorieta de Cádiz). Estos caballos se enfrentan a las quimeras de
Juan de Ávalos que guardan el tejado de la e
stación de Atocha.

La
esfinge es otro monstruo que se repite a lo largo de la ciudad. Se trataba de un demonio con cabeza de mujer, cuerpo de león y alas de águila. Asoló la campiña de
Tebas y mataba a todo aquel que se acercase a la ciudad y no resolviese los enigmas que cantaba. Según
Apolodoro,
Edipo resolvió el acertijo del monstruo, lo que provocó que se suicidase. En Madrid se puede encontrar en las puertas del
Museo Arqueológico, el
Parque de El Capricho y la
Escuela de Minas. Según
Antonio Bueno, representa el conocimiento escondido y los misterios de la naturaleza. En la calle
Ortega y Gasset número 10, la tienda de
Versace acoge la imagen de la
Medusa, la gorgona a la que se enfrentó el héroe
Perseo y que podía petrificar a sus enemigos con mirarlos. Esa imagen hipnótica es la que quieren trasladar las ménsulas de la tienda.
Atalanta e Hipómenes
Los leones de la estatua de la
Cibeles (
Roberto Michel) representan el mito de
Hipómenes y
Atalanta. La leyenda explica que Atalanta era una heroína consagrada a
Artemisa (diosa de la caza). Decidió mantenerse virgen porque el
Oráculo le predijo que el día que se casara, se convertiría en animal. Por ello, anunció que sólo se desposaría con el que lograse vencerla en una carrera. El que no la venciese, moriría bajo su puñal. El joven
Hipómenes la engañó y ganó la carrera pues cada vez que se acercaba arrojaba una bella manzana de oro (de las Hespérides) de la diosa
Afrodita. Al vencerla se casaron y se internaron en un santuario de
Zeus. El dios de dioses, furioso, los convirtió en leones y los condenó a tirar del carro de la diosa
Cibeles. Otra versión narra que
Cibeles se compadeció de ambos y los unció en su carro para que pudiesen seguir juntos.
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En la
plaza de la Provincia se encuentra la fuente del bardo
Orfeo, que realizó
Juan Gómez de Mora. Este héroe participa en numerosos mitos. El más famoso cuenta cómo entró en el
Hades para rescatar a su amada
Eurídice. Durmió a
Cerbero, el guardián del
Tártaro. La condición que tenía su mujer para escapar era que no mirase hacia atrás, pero no pudo resistirlo y tuvo que quedarse para siempre en el infierno.
Cuádrigas y cariátides
Las cuádrigas y los carros simbolizaban el progreso y la victoria. Por eso, muchos bancos del Madrid moderno eligieron estas imágenes para transmitir su éxito. Es el caso de las figuras
Higinio de Basterra sobre la antigua sede del
Banco de Bilbao y las del edificio de
seguros Aurora Polar (actual sede del grupo Planeta) en el
paseo de Recoletos, de
Agustín Ortiz de Villajos. También destacan humanas como las
cariátides del
Banco Central en la
calle Alcalá, esclavas de los griegos tras las Guerras Médicas obligadas a llevar las mayores cargas por apoyar a los persas.

Numerosos seres marinos pueblan las estatuas de la ciudad. Los
caballos marinos y la
serpiente de Neptuno, las
ninfas, delfines,
nereidas y
efidríades de la
fuente de las conchas (
Ventura Rodríguez), la de los
tritones del
Campo del Moro (la más antigua de Madrid), la de la
fuente de la alcachofa en el
parque del Retiro y la glorieta de Carlos V (
Ventura Rodríguez, Antonio Pino, Alfonso Giraldo y José Rodríguez) y las cuatro fuentes del
Paseo del Prado. Otros monstruos y personajes mitológicos aparecen en las fachadas del
Ritz, el
Palacio de Longoria, en el 23 del
paseo de la Castellana, en el 28 de
San Bernardo, en el número 22 de la la
calle de José Antonio Armona y en el 9 del
paseo de las Delicias.