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Los comercios están en la calle Toledo, 57, y Mesón de Paredes, 13, respectivamente

Casa Vega y la taberna de Antonio Sánchez lucen placas centenarias

Casa Vega y la taberna de Antonio Sánchez lucen placas centenarias

viernes 02 de marzo de 2007, 00:00h
Dos establecimientos centenarios lucen, desde este viernes, en su portada la placa que les acredita como tales. En concreto se trata de Casa Vega y la taberna de Antonio Sánchez, en la calle Toledo, 57, y Mesón de Paredes, 13, respectivamente. Con éstos, son ya doce los establecimientos madrileños distinguidos por el Ayuntamiento dentro del programa que lleva a cabo el área de Economía y Participación Ciudadana con el fin de apoyar la trayectoria y la labor de las tiendas más antiguas de la capital.

La taberna de Antonio Sánchez nació en 1884 con una gran vocación taurina, que a día de hoy aún conserva con cuadros, medallones con rostros de toreros y dos cabezas de toro. Pronto se convirtió en una de las tabernas más prestigiosas y antiguas conocida en la Villa y Corte. La fama de sus tapas y sus vinos atrajo a los poetas de la Generación del 98 como lo hace hoy con los intelectuales del momento. Anteriormente, ya había sido una taberna desde 1830. En 1870 perteneció al torero Colita y luego pñasó a ser propiedad del diestro Cara Ancha.

En 1884 lo compró Antonio Sánchez, entrador de vinos, natural de Valdepeñas, al que le continuó el torero, pintor y guitarrista, e hijo del dueño, Antonio. Su hermana Lola regentó el negocio hasta 1979, cuando se jubiló Tasio el encargado. Luego se  reabrió por Curro, un torero retirado. Los platos de corte madrileño son su especialidad: torrijas, huevos estrellados, acelgas con almejas y la tortilla de San Isidro (con bacalao y cebolla) son sólo algunos de ellos. El vino blanco, de Valdepeñas, el vermut de grifo y los mejores vinos de Rueda o de Rioja, complementan su oferta gastronómica.

Por su parte, Casa Vega se fundó en 1860 como jalmería por el abuelo del actual propietario y desde entonces han pasado tres generaciones. Vende desde cencerros, aperos  de labranza y productos de jalmería como alpargatas y cordelería. Durante la guerra civil un obús franquista entró hasta el cuarto de estar de la parte de arriba de la tienda donde vivía el dueño, Antonio de la Vega, con su esposa y su hija. El fotógrafo Cervera tomó la instantánea que inmortalizó el hecho.

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