viernes 26 de diciembre de 2008, 00:00h
Actualizado: 29/12/2008 18:45h
Si algo queda del primitivo espíritu de la Navidad, debe estar muy escondido. Ni la crisis ha evitado que nos lancemos a los super e hipermercados como si regalaran el marisco –media hora de observación el miércoles a primera hora en un centro comercial darían para varios guiones cinematográficos-; los excesos y el consumismo siguen siendo el pan nuestro de cada Nochebuena. Y, por si fuera poco, la noche de paz que auguran los villancicos cada vez es más excepcional. Que se lo digan, si no, a los servicios de emergencias, que ya consideran como “normal para estas fechas” que se dupliquen las actuaciones por reyertas, peleas, y casos de embriaguez.
Esta última madrugada navideña, sin ir más lejos, ha sido un prodigio de falta de armonía en la región madrileña. Las agresiones y broncas han sufrido un incremento espectacular, multiplicándose en ocasiones por dos, por tres y hasta por más, en según qué casos. Comparando con el año pasado, la Nochebuena fue muy poco idem en muchos domicilios: eso de reunir a la familia no va a resultar tan buena idea como parece. De hecho, los servicios de emergencia recibieron casi 3.000 llamadas de aviso. Las reyertas y agresiones fueron casi un 40 por ciento más que las de 2007. Y éstas, a su vez, ya habían sido casi el doble que las de 2006, con lo que la tendencia a peor se agudiza . Las intoxicaciones etílicas –la madre del cordero, y causa de mucho de lo demás que pasa- se triplicaron. Hasta los incendios doblaron su número.
Por desgracia, y aunque la mayoría de las reyertas se quedaron en un exceso de copas y de amor fraternal –sobre todo, por los inevitables roces con las familias políticas-, hubo un caso en que la pelea acabó en muerte: la de un joven alojado en un supuesto “piso patera”, en el que tenía derecho al uso de un sofá donde fue encontrado muerto a cuchilladas.
La noche de paz no lo fue tanto, pero ni en Madrid ni en otros rincones del mundo: mientras aquí celebrábamos cada uno en su estilo, en Lima un tipo arrojaba una bomba lacrimógena al interior de una discoteca abarrotada y provocaba cinco muertos. En Los Ángeles, otro individuo disfrazado de Papá Noel entraba en una casa y disparaba contra sus ocupantes, matando a tres personas e hiriendo de gravedad a otras dos. En Líbano, el ejército localizó siete misiles apuntando a Israel. El espíritu navideño es frágil, porque se sostiene con ilusiones y fe. Pero el género humano parecemos interesados en acabar con él cuanto antes.