La Compañía Nacional de Teatro Clásico, con el apoyo de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, recupera para el público del siglo XXI un texto fundamental de final del XVIII: “La comedia nueva e el Café”, de Leandro Fernández de Moratín. Gran acierto porque el dramaturgo es una de las piezas importantes en el mosaico cultural en torno a la fecha clave de 1808 y poco se ha hablado de él en la conmemoración del Bicentenario.
“La Comedia Nueva “es la segunda obra que estrenó Fernández Moratín. Corría el 7 de febrero de 1792 y, a pesar de los intentos de censurarla, la amistad del autor con Godoy permitió que subiera a las tablas con Manuel Robles y Juana García entre los protagonistas. No alcanzó gran éxito aunque algunos de sus personajes, como Pipi, se hiciera populares. Así se bautizaría más tarde al camarero del Parnasillo del Café del Príncipe.
Los cafés próximos a los teatros, cuando no abiertos en sus mismos edificios como “El Gato Negro” de la Comedia, fueron claves en la literatura dramática. En ellos se reunían los intelectuales y artistas para trabajar o cambiar impresiones. En ellos se desarrollaron las más famosas tertulias. No es extraño que Moratín eligiera uno para situar la acción de “La comedia nueva”.
La obra teatral es, realmente, toda una declaración de principios sobre el teatro necesario en la España decimonónica a la vista de los despropósitos escénicos que se veían en la época del autor. Como ejemplo, el prólogo de este montaje, una divertida y bella recreación de las representaciones absurdamente exageradas en formas y contenidos.
Humor y funcionalidad
Ernesto Caballero dota al texto, bastante discursivo, de una teatralidad y un humor con los que llega fácilmente al espectador. Opta el director por hacer una auténtica comedia de las críticas reflexiones de Moratín sin que por ello se pierda una palabra de su amargo mensaje. Unas teorías que muy bien pueden aplicarse hoy a la vista de algunos –bastantes- textos que llegan a los escenarios. Y es que, según el personaje de don Pedro -alter ego del autor- nadie sabe sin aprender y siempre hay supuestos dramaturgos empeñados en estrenar sin poseer ningún bagaje. El tiempo, y el público, acaban poniendo a cada advenedizo en el sitio que les corresponde.
Teatro sobre el teatro
Casi todos los personajes de “La comedia nueva” tienen algo que ver con el teatro, directa o indirectamente. Y en el escenario, limpio y eficaz, hay otro mini-escenario ficticio donde se perpetran textos de comedias imposibles.
Las transiciones son excelentes y todo el envoltorio de este montaje resulta muy atractivo para los espectadores. Ocho actores se multiplican durante la representación y sobresale el extraordinario “pedantón” que compone Vicente Colomar. Independientemente de que se conozcan o no las interioridades del mundo teatral, este espectáculo es ameno, divertido y didáctico.