www.madridiario.es
Una piscina para transatlánticos

Una piscina para transatlánticos

Por Isabel Hernández de Diego
jueves 27 de noviembre de 2008, 00:00h
En pleno monte de El Pardo, barcos pesqueros y plataformas petrolíferas se enfrentan a terroríficas olas de 20 metros. Eso sí, a escala y en agua dulce. El Canal de Experiencias Hidrodinámicas (CEHIPAR) lleva ochenta años probando la navegabilidad de los barcos que luego surcarán los mares muy lejos de Madrid. Entre las naves que han pasado por sus manos, el ‘Bribón’ del Rey o los dos veleros que ganaron el oro y la plata olímpicos en Pekín.

Un recinto de seis hectáreas en el distrito de Fuencarral-El Pardo alberga el único centro de prueba para buques que existe en España y uno de los cuatro que hay en toda Europa.

Una ubicación original pero que, según el director del centro, José Manuel Sevilla, es fruto del consenso. “Se instaló en Madrid para ser equidistante de todos los puertos de España”, explicó. Aunque no es obligatorio, los ingenieros o armadores que desean mejorar las aptitudes de sus barcos tienen en esta institución, adscrita a la Armada, un campo de pruebas por el que ya han pasado 28.000 navíos.

Este filtro de calidad permite acertar con la potencia que el barco precisa para alcanzar velocidad sin sobrecostes, acabar con los terribles mareos, estudiar la maniobrabilidad de las naves o evitar un curioso fenómeno llamado cavitación- como curiosidad, es la responsable de los enormes agujeros de salida de una bala o de que se derrame la cerveza - que literalmente ‘se come’ los navíos.

Probando un palangrero
El canal está estructurado en cuatro secciones que unas 150 personas visitaron durante la VIII edición de la Semana de la Ciencia.

En la primera, los talleres, los proyectos o los planos de una nave que se desea probar se convierten en modelos de madera, poliéster o fibra de carbono de entre dos y 10 metros de longitud. Sorprendentemente, no son necesarios ni el acero ni el agua salada, “todo es compensable con los parámetros adecuados” aseguró Sevilla.

En el canal de aguas tranquilas, una inmensa piscina de 320 metros de largo y seis metros y medio de profundidad, Madridiario asistió a las pruebas de un palangrero (pesquero que pesca al palangre).

Un carro remolcador arrastró al modelo a lo largo del canal, mientras un dinamómetro registraba su resistencia al avance. “La posición del barco, si ‘hocica’ o se va hacia atrás como las lanchas, es interesante conocerla, por que además de ser peligrosa, provoca mareos en los pasajeros”, indicó Juan Carlos de la Rosa, jefe de esta sección.

Elemental para predecir el comportamiento de la futura nave es el túnel de cavitación, un anillo tubular de tres pisos de altura por el que circula agua impulsada por la hélice a analizar.

“La cavitación se produce cuando debido a la alta velocidad que alcanza el agua en torno a la hélice, desciende tanto la presión que el agua hierve a temperatura ambiente. Se produce entonces una burbuja que al entrar en un ambiente de mayor presión implosiona y provoca grandes daños”, explicó Sevilla. Tan molesto es este fenómeno que la Federación Alemana de Natación acudió a este centro para eliminar una “segunda explosión” que se producía al caer al agua sus saltadores de trampolín.

Olas a la carta
Pero además, un buen navío debe de ser resistente ante la implacable naturaleza. Según Sevilla, gracias a la ingente cantidad de mediciones que se hacen desde satélites o boyas, “seríamos capaces de reproducir el mar de las seis de la tarde del día 12 de noviembre a 50 millas de la costa de Cabo San Vicente”.

Las condiciones se trasladan a escala a un océano de 150 metros con una playa de virutas de acero que absorbe olas ‘a la carta’. “Para plataformas petrolíferas –que tienen que permanecer fijas unos 20 años- se realizan lo que se llaman ‘ensayos de supervivencia’, que consisten en someter al modelo al envite de la ola más grande registrada en 100 años”, describió Sevilla. En algunas zonas, estas olas pueden alcanzar una altura de 20 metros.

Este Laboratorio de Dinámica del Buque tiene también una función mucho más triste. Cuando todo falla y un navío se hunde, la Comisión de Investigación de Accidentes Marítimos encarga a CEHIPAR que recree las condiciones del naufragio para descubrir sus causas. “Todo pesquero que se haya hundido con pérdida de vidas humanas pasa por nuestras manos y los barcos que provocan catástrofes, como sucedió con el Prestige, también”, afirmó Luis Palao.

Aunque la mar es traicionera y nada asegura al que se embarca que arribará a buen puerto, los navíos que han surcado el canal, antes de atravesar los océanos tienen, según Sevilla, “una garantía de seguridad adicional”. Con ella saldrán, sin duda, las 70 naves que anualmente hacen su primera travesía en el corazón de El Pardo.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios