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Sentencia ruidosa

Sentencia ruidosa

Por Ángel del Río
miércoles 12 de noviembre de 2008, 00:00h
Aquello de “mucho ruido y pocas nueces” es ahora una verdad a medias en el caso del aeropuerto de Barajas y la repercusión acústica en la zona de influencia, porque el Tribunal Supremo ha dado la razón que no les quiso dar en su día el Tribunal Superior de Justicia de Madrid a cinco vecinos de la urbanización Santo Domingo, de Algete, que denunciaron el infierno acústico de Barajas, que afectaba a su intimidad domiciliaria. Ahora, el Alto Tribunal ha venido a decir que el mucho ruido no se puede quedar en pocas nueces y que a los recurrentes el Ministerio de Fomento tendrá que indemnizarles con 6.000 euros por cabeza, al tiempo que obliga a AENA a que introduzca las medidas correctoras pertinentes para evitar esas molestias que producen los aviones en sus operaciones de despegue y aterrizaje. Animados por la sentencia favorable, es más que probable que cientos de vecinos de esta urbanización, y quizá de otros municipios afectados por la huella acústica de Barajas, recurran buscando la misma suerte.

Aquí hay dos situaciones que es preciso diferencial: una, que primero fue el aeropuerto y después los desarrollos urbanísticos que fueron aproximando la ciudad hasta las instalaciones aeroportuarias, y en consecuencia quienes compraron las viviendas en esos desarrollos sabían que se estaban metiendo en el aullido el lobo. La segunda situación es todo lo contrario; primero fueron las viviendas y después las continúas ampliaciones de Barajas, y en consecuencia los que compraron esas viviendas no fueron advertidos de los planes de expansión del aeropuerto, por lo que son víctimas de esta circunstancia y tienen derecho a ser resarcidos.

La sentencia del Tribunal Supremo es muy importante, importantísima, y no precisamente en la parte de las indemnizaciones económicas, que también, sino en la obligatoriedad de que AENA evite, resuelva, los problemas de contaminación acústica que producen las operaciones del aeropuerto. Tendrá que cambiar la orientación de los despegues y aterrizajes, las frecuencia, la huella sonoros, no lo sé, pero desde luego tiene la obligación, por sentencia judicial, de resolver el problema, y quizá en algunos aspectos la situación sea irreversible y entonces habrán de estudiarse medidas de mayor calado.

Ángel del Río

Cronista Oficial de Madrid y Getafe

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