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González de Amezua: 'Ya es hora de quitarme del primer plano'

González de Amezua: "Ya es hora de quitarme del primer plano"

Ramón González de Amezua charla con Madridiario sobre su decisión de dejar la dirección de la Real Academia de las Artes de San Fernando

Por Lucía de la Fuente
viernes 24 de octubre de 2008, 00:00h
A punto de cumplir los 87, Ramón González de Amezua (Madrid, 1921) aún conserva toda la cordura y la lucidez que le harán pasar a la historia como uno de los mejores constructores de órganos de nuestro país. Tras 18 años a cargo de la dirección de la Real Academia de las Artes de San Fernando, el pasado 7 de octubre este prestigioso concertista anunció la intención de adelantar su retirada.

A lo largo de su vida, González de Amezua ha construido más de 400 órganos de todos los tamaños repartidos por el mundo. El primero de todos fue el de San Luis de los Daneses, que data de 1940 y es, por lo tanto, anterior a la fundación de ‘Organería Española’, empresa con la que hizo la mayor parte de sus obras. “La vocación de organista que es, efectivamente, muy curiosa, la tuve desde siempre, con la suerte de poderla ejercer desde muy joven”.  Entre sus trabajos destaca la construcción de órganos como el de la Basílica de El Escorial o el Teatro Real de Madrid –hoy en día ubicado en la Iglesia de Getxo (Vizcaya)-, inaugurado este último en 1967.

Pero, ¿cómo surge la pasión hacia un instrumento tan peculiar? “No lo se porque ni siquiera es una tradición familiar, pero siempre me han gustado. Un colega me contó que hay un dicho popular alemán que dice que ‘todos los locos construyen órganos’. Supongo que tendrá algo que ver con eso”, bromea el músico. “Los órganos son instrumentos muy curiosos. No hay dos iguales, son multiformes y de todos los tamaños”.

Y es que Ramón González de Amezua es un experto en la materia. Con siete años comenzó a estudiar música en el Conservatorio de Madrid que más adelante completó en el de París, al mismo tiempo que cursaba la carrera de Ingeniería Industrial. Además, ha publicado numerosos trabajos de investigación sobre la historia del Órgano Español y su problemática.

Con 49 años, González de Amezua ingresó en la Real Academia de las Artes de San Fernando como tesorero de la institución, cargo que desempeñó hasta 1991 cuando fue elegido, por unanimidad, director de la misma a la muerte del musicólogo Federico Sopeña. El pasado 7 de octubre anunció su intención de dejar la Academia a finales de diciembre, un año antes de lo previsto.

“Ahora mismo soy el decano, lo que quiere decir que soy el más antiguo. Ya no se cuántos telediarios me quedan así que creo que ya es hora de quitarme un poco del primer plano”, comentó el organista a Madridiario. “A partir de ahora voy a continuar como académico de número. Seré uno más”, añadió. En cuanto a sus futuros proyectos personales, González de Amezua declaró que quiere dedicarse fundamentalmente a “descansar”. “A lo mejor escribo algún libro pero sobre todo lo que quiero es tener tiempo para leer”.

Modernización de la Academia
Entre los proyectos que el todavía director emprendió en su mandato, destaca el proceso de renovación y modernización de su sede, situada en la calle de Alcalá número 13. En 1970 la Academia era un edificio en ruinas, de unos 2.500 metros cuadrados. Hoy es un edificio de cinco plantas, sin contar los sótanos y semisótanos, con 20.500 metros cuadrados. Esta ampliación fue posible gracias a la “recuperación de espacios que habíamos cedido a Hacienda”, explicó el músico.

Pero si hay algo de lo que Ramón González de Amezua se siente especialmente orgulloso es de haber revivido el espíritu ilustrado del siglo XVIII con el que en su día se abrió la Academia. “Nos hemos abierto a todas las artes, incluso a las más actuales. Así, se ha recuperado el ser punta de lanza de la creación y estar completamente al día en todo”.

La Real Academia de las Bellas Artes de San Fernando fue creada en 1752 bajo el reinado de Fernando VI con el objetivo de construir un lugar donde pudieran aprenderse las artes del diseño, la pintura, la escultura y la arquitectura como ya ocurría en otras ciudades europeas como Roma, París, Florencia o Flandes. Muchos de los que hoy se consideran maestros del arte español contemporáneo -Picasso, Dalí o Juan Gris, entre otros- fueron alumnos del centro. Desde la creación de la Facultad de Bellas Artes, la Academia  restringió su actividad a la divulgación, investigación y conservación de su patrimonio artístico.

Ahora esta institución, que pretende seguir siendo un oasis de silencio en pleno centro de Madrid, se enfrenta a una nueva etapa con la elección, en diciembre del próximo año, de un nuevo director a través de un sistema de votación secreta.

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