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Berta Riaza
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Berta Riaza (Foto: Antonio Castro)

Muere Berta Riaza: la gran trágica española

domingo 24 de julio de 2022, 11:30h
Actualizado: 28/07/2022 19:02h

Cuando se estrenó en las Naves del Español, el montaje de Las troyanas, coincidí en la entrada con Berta Riaza. Le dije de todo corazón: la mejor Hécuba la hiciste tú en las ruinas de El Águila. Y ella, candorosamente, me respondió: Y yo que no recuerdo haberla hecho…

Berta fue perdiendo la memoria y con ella, la vida. Sus últimos años, alejada de los escenarios pero no de los teatros, transcurrieron en una nebulosa, de la mano de su fiel amiga Julieta Serrano. Juntas iban a los estrenos y Berta siempre recibía el cariño de sus compañeros y amigos. Después ya se recluyó y no volvió a salir de casa. Se ha ido una de las grandes trágicas del siglo XX.

Nace una actriz

Con 14 años ingresó en la Escuela superior de Arte Dramático, estudiando con Carmen Seco. Ya en 1947 actuó como meritoria en Lara con una compañía que dirigía Pepe Franco y se llamaba Nuevos artistas. En esta formación trabajó por primera vez con Ricardo Lucia con quien, años más tarde, estableció compañía propia que gozó de gran prestigio. Con ella interpretó ese año “X=2”. A propósito de este estreno escribió Marqueríe en ABC (19-8-1947):

Tanto los autores como los artistas que interpretaron esta obra son totalmente nuevos en las lides escénicas, y el experimento teatral estuvo adornado de la máxima simpatía…/… Miguel Ángel Gil Valle –buena promesa de actor- y Berta Riaza, que se reveló como una actriz cómica de seguridad y méritos extraordinarios, se hicieron más acreedores al elogio.”

Dos años más tarde Berta logró el premio Lucrecia Arana. Fue trabajando regularmente en algunas de las mejores compañías como dama joven. Pasó por el María Guerrero (En la ardiente oscuridad, 1950) y por el Español (Diálogo de carmelitas, 1954; Las brujas de Salem, 1956). En 1954 ya gozaba de consideración profesional y había recibido el Premio Nacional de Teatro. Antonio Vico y Carmen Carbonell la contrataron para su compañía con el segundo sueldo más alto: 250 pesetas diarias. Los primeros actores cobraban 400. Después trabajó con Pepita y Chicho Serrador.

Pero su consagración fulgurante se produjo en 1957 con El diario de Ana Frank, estrenado por Tamayo en el Español. Inmediatamente llegó la televisión a España y tuvo que nutrirse de los actores teatrales para sus primeros programas. A Berta, que no era el prototipo de señora estupenda, le dieron todo tipo de mujeres amargadas, abandonadas, solteronas o heroínas trágicas. Y ella las bordó siempre.

Después actuó en el mejor teatro de la segunda mitad del siglo XX: La Orestiada (1959); Numancia (1961); El zoo de cristal (1961); Todos eran mis hijos (1963); Madre Coraje (1966); Las tres hermanas (1973)… En 1963 presentó compañía propia junto a Ricardo Lucia, debutando con Los melindres de Belisa en el desaparecido teatro Recoletos. Actores como los citados Carbonell y Vico, directores como Luis Escobar o Tamayo contribuyeron a su crecimiento artístico. Si repasáramos la lista completa de las obras que hizo Berta, nos sorprendería la importancia y calidad de todas ellas. Fue, indudablemente, una actriz de teatro.

La época de Narros

Los últimos veinte años de su carrera estuvo profundamente ligada al director Miguel Narros, con quien ya había coincidido en 1967 haciendo El rey Lear. Más tarde, en 1979, interpretó a sus órdenes Retrato de dama con perrito. Narros le montó una impresionante Macbeth en el teatro Español el año 1980. Berta volvió a brillar como la gran trágica del teatro en España. Pero es que en estas décadas la actriz trabajó con los grandes defensores del Método: William Layton y José Carlos Plaza. Con el primero hizo un histórico Tío Vania, en los primeros pasos de una aventura fallida, el Teatro Estable Castellano. Con Plaza hizo tres montajes para el recuerdo: Las bicicletas son para el verano (1982); La casa de Bernarda Alba (1984) y la monumental Comedias bárbaras (1991).

Recuerdo el estremecimiento que invadía la platea del Español cuando, como Bernarda, pronunciaba la fatídica orden final: ¡Silencio!, silencio he dicho. De todas las bernardas que he visto, la suya ha sido la más impactante. Berta Riaza poseía una voz torrencial que no escatimaba en escena. Resultaba chocante, después de haber visto aquella mujer tronante sobre las tablas, encontrarse en persona con una mujer menuda, frágil, encantadora. Su capacidad de transformación era envidiable.

Final

Al igual que pasó con otros grandes actores, como con Rodero, el cine ignoró totalmente a Berta Riaza. Solamente merecen la pena destacarse tres de sus trabajos para la pantalla. Fue la Duquesa en Jalea Real, el film que, en 1980, contó la historia de Carlos II, el Hechizado. Con Almodóvar fue la Madre General de Entre tinieblas (1983). En 1985 hizo, como madame Collet, en una poco afortunada versión cinematográfica de Luces de bohemia. Más extensa fue su carrera televisiva, medio en el debutó el año 1966.

Gracias a Narros y Plaza pudo, en su última etapa, hacer dos papeles cómicos: La discreta enamorada (1995) y El avaro (1997). La última vez que se subió a escena, por insistencia de Narros, fue para hacer un personaje secundario en Tío Vania. Era el año 2003 y la actriz tuvo la suficiente lucidez para decir: ¡hasta aquí he llegado!, y hacer un mutis silencioso. Habían transcurrido cincuenta y seis años desde su debut. Paradójicamente no le fue concedido el Premio Nacional de Teatro hasta 1992. Quince años más tarde recibió, de manos del Rey, la Medalla de Oro a las Bellas Artes.

Quienes la vimos con frecuencia jamás podremos olvidarla. El teatro español, tampoco.

Berta Riaza nació en Madrid el 27 de julio de 1927 y ha fallecido el 24 de julio de 2022. Sus restos van a ser velados en el tanatorio de la M30.

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