¿Quién cuida a nuestros mayores en agosto?
sábado 16 de agosto de 2008, 00:00h
Actualizado: 26/08/2008 18:00h
Algunas familias madrileñas han denunciado que en agosto se han quedado sin el servicio de ayuda a domicilio que el Ayuntamiento de Madrid ofrece a sus mayores. La primera respuesta de los responsables municipales es que se trata de casos puntuales y que los trabajadores sociales son los responsables de ampliar o recortar las horas de atención que reciben. El Ayuntamiento da la cara exponiendo una obviedad y diciendo algo que no es verdad. Claro que son poco casos, ya que de afectar a la mayoría de estas personas no sería una noticia sino un drama.
Es necesario recordar que estos madrileños de más edad tienen derechos, con independencia de que sus familiares sigan con atención la vida de sus mayores, y que las administraciones están obligadas a financiar todo lo que colabore a que tengan una vida más digna. Tampoco conviene olvidar que estos servicios públicos los ofrecen empresas contratadas por el Ayuntamiento de Madrid que persiguen ganar dinero, que sale de los impuestos. Las mujeres, y tambiém algunos hombres, que acuden a las casas de nuestros mayores para echar una mano en las tareas domésticas y atender a aquellos más dependientes de los demás están contratadas por estas sociedades mercantiles.
En ocasiones, reciben un trato cercano a la precariedad laboral y unos sueldos bajos y alejados de la dignidad. Yo no sé lo que cobran ni qué se dice en el contrato que firman antes de ponerse a trabajar con este colectivo social, pero sé, porque me lo ha contado una chica latina que hace estas funciones, que sus patronos no se enrollan bien. Me dice que en agosto no trabaja y que pretendía, en su mes de vacaciones, sacarse unos euros cuidando al hijo de un señor adinerado, quien le ofreció 300 euros por estar atenta a su descendiente durante cuatro semanas. Eso sí, le proponía pagarle el viaje desde Madrid hasta una ciudad con playa y no cobrarle la comida ni la cama. No aceptó.
Además de estos mayores a los que el Ayuntamiento de la capital ha dejado sin ayuda a domicilio en agosto, existen otros que han pedido que no venga nadie este mes veraniego por temor a que la de siempre no regrese a su casa en septiembre. Creen que la sustituta de agosto seguirá hasta que los que organizan este servicio municipal decidan otra cosa. Me explica una señora con más de setenta años que ha optado por hacer ella sola las labores de casa porque si le quitan la chica que los últimos meses ha acudido a su casa dos veces a la semana le hacen una mala faena. Destaca que, ésta, además de dejar su piso como los chorros del oro, le hace compañía y le da conversación.
Teme que si le traen otra nueva tendrán que empezar a conocerse, lo que dura semanas, y asegura que tendría que volver a contar su historia, su vida, sus cosas; las mismas que ya conoce la que se negó a trabajar para un señor rico por un sueldo de mierda y se quedó sin un sobresueldo necesario que no buscaría si recibiese una retribución mejor por parte de la empresa contratada por el Ayuntamiento de Madrid.
Antes de que esta latina recalase en su piso, la misma señora tuvo que aguantar la insensibilidad de la empresa que reparte a sus trabajadores como si fuesen carambolas en una partida de billar. Sus amigas, que sí han pedido la ayuda a domicilio en agosto, se quejan de que cada día viene una cuidadora distinta. Por eso, han decidido no hablar a estas trabajadoras y comunicarse con ellas sólo a través de gestos y monosílabos para evitar volver a compartir sus cuitas con personas que quizá no vuelvan una segunda vez.
Pasará agosto y volveremos a la rutina de siempre. Se reorganizarán las ayudas a domicilio y, cuando las cosas de los mayores -las mismas de siempre- no interesen a los medios de comunicación porque estarán más atentos a las cosas de los políticos -las suyas, sus congresos y cruces de descalificaciones- nos daremos cuenta, si preguntamos a nuestros mayores, que sus problemas no se resuelven con declaraciones rimbombantes y bienintencionadas sobre los programas que para ellos venden los alcaldes, quienes deberían escuchar más a los que reciben menos de lo que dieron durante su larga vida laboral y vigilar a las empresas contratadas, a las que habría que obligar a formar más y mejor a estas mujeres cuidadoras de mayores y a que diesen retribuciones dignas.
El problema es que el presupuesto destinado a estos menesteres no crece lo suficiente y que las empresas quieren ensanchar sus beneficios reduciendo la asignación a los empleados, mayoritariamente inmigrantes, que muchas veces no se quejan por temor a perder lo poco que tienen.
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Periodista. Empezó su carrera profesional en El Socialista, colaboró con medios como Diario 16 e Interviú y durante casi una década intervino en tertulias de la Cadena Ser. Fue presidente de Tele K (televisión de Vallekas). Durante más de 30 años se dedicó a la información autonómica en Servimedia, Ha recibido numerosos premios de la Asamblea de Madrid, el Gobierno regional, la ONCE, Canal 33 y premio APM, entre otros. También ha recibido, tras su jubilación que no retirada, un homenaje de los todos los presidentes de la Comunidad de Madrid y de la Asamblea autonómica. En la actualidad, colabora con Madridiario y Zarabanda.
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