La igualdad hay que trabajarla
lunes 05 de febrero de 2007, 00:00h
Actualizado: 10/10/2007 11:36h
Las cifras del paro en el mes de enero vienen a ilustrar la celebración en Berlín de la Cumbre Europea de la igualdad, uno de cuyos principales objetivos es la definición de estrategias para poner fin a la discriminación.
Y lo hacen en la medida en que comprobamos, una vez más que el desempleo femenino concentra la subida del paro que se ha producido en Enero con respecto al mes anterior. Efectivamente, según datos del INEM, el 91,6 por ciento del incremento del paro corresponde a mujeres, y tan sólo el 8,4 por ciento a hombres. De este modo se profundiza la brecha laboral entre hombres y mujeres en nuestro país que ya situaba en el último trimestre de 2006 una tasa de paro femenina del 11,4 por ciento, prácticamente el doble de la correspondiente tasa masculina que alcanzaba un valor del 6 por ciento.
Es difícil no concluir que la caracterización del empleo femenino sigue presentado rasgos de auténtica discriminación respecto al empleo masculino, y por lo tanto, que la consecución de la igualdad entre hombres y mujeres presenta una trayectoria un tanto errática que se debe corregir drásticamente, interponiendo para ello cuantas medidas sean necesarias.
Ciertamente, los tres grandes mecanismos de la discriminación por razón de sexo han sido objeto en nuestro país de legislaciones específicas que sientan las bases para que esa trayectoria presente una menor aleatoriedad, para que consolide un avance significativo en materia de igualdad. Pero no es menos cierto que tales legislaciones (la última de ellas aún en trámite parlamentario) deben ser implementadas en ámbitos concretos, señaladamente en el ámbito laboral.
Y es que el empleo no es un factor mas en la consecución de la igualdad; es un factor determinante, y lo es en la medida en que la discriminación de las mujeres con relación al empleo de calidad, seguro, estable, con derechos, genera dependencia, pobreza, exclusión y vulnerabilidad social, conceptos éstos poco compatibles con el de igualdad.
Por ende, del hecho de que en nuestro país la protección social haya estado fuertemente vinculada a la trayectoria laboral de las personas, la mayor incidencia del paro entre el colectivo femenino deja a gran parte de mujeres sin otra protección social que la que se considera “derivada”, por tanto, nuevamente dependientes, pobres, vulnerables.
Sabido es que no hay una única causa de la violencia de género, como no la hay de los fenómenos de pobreza y exclusión social. Pero no es menos cierto que el trabajo visible, el trabajo asalariado, la inserción laboral actúan en la vida de las personas no sólo desde su vertiente económica, sino también formativa, social, e incluso psicológica, proporcionando visibilidad y reconocimiento social, perspectivas formativas y vitales, y colaborando al incremento de la autoestima personal.
La centralidad del empleo en la consecución de la igualdad es, por tanto, incuestionable, y el análisis de las últimas cifras de paro algo más que una anécdota: una señal de alarma para recordarnos que la igualdad hay que trabajarla.