La Policía Nacional, en colaboración con los Mossos d'Esquadra en Barcelona, ha desarticulado una banda criminal a la que se atribuyen un total de seis atracos con violencia, el primero, en en tentativa, en una popular entidad bancaria de la capital, y los cinco restantes en joyerías de Madrid y Torrejón de Ardoz.
En suma, son once los arrestados hasta la fecha, nueve hombres y dos mujeres, con edades comprendidas entre los 20 y los 60 años, a los que se les imputan los delitos de robo con violencia e intimidación, falsedad documental, apropiación indebida e infracción de la Ley de Extranjería. Tras su paso a disposición judicial, cinco de ellos ya se encuentran en prisión.
El botín, no recuperado en buena parte dada la celeridad con la que los autores han logrado mover la mercancía sustraída, asciende hasta los tres millones de euros en joyas, fundamentalmente piezas de oro. Durante los ilícitos penales, los autores emplearon armas de diferente calibre, fundamentalmente pistolas, y disfraces, tales como hábitos religiosos -monja y cura-, gafas de sol, pelucas o sombreros de diferente tipología, para no ser identificados.
El modus operandi se completaba con el uso desmedido de la violencia y la intimidación, llegando incluso a encañonar con su arma la cabeza y el torso de las dependientas, así como a tirarles del pelo, a fin de intimidarles y evitar así que se resistieran, gritasen o alertasen a viandantes y autoridades. Por este motivo es que todas las víctimas han presentado, en mayor o menor medida, parte de lesiones, ya sean físicas o psicológicas.
La huida, finalmente, se ejecutaba mediante coches previamente alquilados con identidades falsas. Esta venía además mediada por colaboradores, personas extremadamente vulnerables reclutadas a las puertas de grandes superficies donde pedían limosna, encargados de vigilar para dar aviso en caso de detectar a la policía. A cambio, los pagos ascendían a apenas 50 o 100 euros.
Una banda criminal polifacética
Tal y como han dado a conocer fuentes policiales, los roles estaban "plenamente definidos". Una parte del grupo centraba sus esfuerzos en la selección de joyerías, dando prioridad a pequeños negocios que eran anteriormente visitados a fin de recabar las características propias de cada local. Entre las características fetiche para los autores, que no se pudiera observar el interior desde la vía pública y que tuviese acceso cercano desde la calzada a fin de facilitar la ruta de escape.
La segunda división de la banda se encargaba de las cuestiones logísticas, tales como el arrendamiento de los vehículos, la documentación falsa, encaminada a dificultar su identificación en caso de resultar detenidos, o las herramientas necesarias, como mazas para romper las vitrinas o bolsas donde cobijar las joyas durante el golpe. Todos ellos, explican los propios investigadores, habrían ido profesionalizándose con el transcurrir de los atracos.
Llegado el día de autos, los integrantes llevaban a cabo una reunión previa al atraco en su particular centro de operaciones, un piso okupado en Puente de Vallecas. A posteriori, las comunicaciones entre miembros tenían lugar por medio de cascos inalámbricos.
De un banco a las joyerías: la sucesión de los hechos hasta la detención
Las pesquisas policiales tuvieron su punto de partida el pasado 27 de marzo, cuando los criminales realizaron su primera incursión a una entidad bancaria en San Blas-Canillejas. Un golpe a punta de pistola, marcado por el empleo de diferentes disfraces, y que, sin embargo, terminó resultando frustrado a raíz de la repentina llegada de un buen número de clientes completamente ajenos al asunto. El Grupo XIII de Atracos de la Brigada Provincial de Policía Judicial de Madrid asumió entonces la investigación, llegando de primeras a la conclusión de que se trataba de "profesionales" organizados y "muy peligrosos".
Solo dos semanas después de la tentativa al banco, el 13 de abril, los atracadores perpetraron un segundo robo. En este caso, a una joyería en el barrio de Tetuán. Tres varones y una mujer se internaron en el establecimiento, efectuaron la técnica del 'mataleón' a la empleada para inmovilizarla y, acto seguido, sustrajeron joyas por valor aproximado de medio millón de euros.
El 30 de abril tuvo lugar el tercer atraco, también fructífero. En esta ocasión, en una joyería de Usera. La práctica, muy similar: tres hombres accedieron al lugar, amenazaron con pistolas a las dependientas y se apropiaron de 600.000 euros en joyas.
Ya el 15 de mayo se perpetró el cuarto robo, siendo el tercero que tenía como objetivo una joyería. Aunque con una notable diferencia: los responsables había decidido abandonar la capital, que celebraba ese día su tradicional Fiesta de San Isidro, patrón de la ciudad, para desplazarse hasta Torrejón de Ardoz.
Allí, una pareja formada por un hombre y una mujer pidieron a la empleada que les abriese una vitrina para observar de cerca una de las joyas disponibles. Al percatarse de que llevaban el rostro oculto esta se negó, momento en el que el varón sacó una pistola del bolsillo y apuntó a la trabajadora mientras la amenazaba, consiguiendo así llevarse finalmente piezas por un valor cercano al millón y medio de euros.
Tres días más tarde, el 18 de mayo, los autores eligieron un centro comercial situado en el distrito madrileño de Puente de Vallecas para volver a actuar. Una vez en posición, se internaron en uno de sus locales y asaltaron su cuarta joyería. Armados con pistolas, no dudaron en encañonar a la dependienta, a una clienta y al propietario, que se encontraba en las galerías del centro comercial, para llevarse un botín de 600.000 euros antes de huir a toda prisa del lugar de los hechos.
Por último, el 10 de junio, el grupo trató de cometer otro atraco en una joyería localizada en el distrito de Ciudad Lineal. Caracterizados de clérigos, los autores amenazaron, como de costumbre, a la empleada con un arma de fuego para hacerse con las valiosas piezas. En esta ocasión, sin embargo, agentes de la Policía Nacional les esperaban fuera del local, donde los malhechores fueron interceptados in fraganti tratando de zafarse en coche por la M-30. El resultado, siete detenidos, a los que se sumaría un octavo horas más tarde.
Colaboración entre cuerpos policiales
El dispositivo, bautizado en origen como 'Samurái', ha terminado por darse a conocer como 'Operación Monja', en alusión a uno de los disfraces empleados por los ladrones, y contó con la colaboración de la Brigada Provincial de Policía Judicial de Barcelona, quienes procedieron a la detención en fecha 12 de junio de tres personas también involucradas en la trama.
De acuerdo con fuentes de la investigación consultadas por Madridiario, los implicados, algunos de ellos incluso con antecedentes penales, se relacionan con pequeños hurtos mediante el método de la 'siembra' en zonas comerciales de toda España, sobre todo en Madrid.
Además, la Policía continúa investigando otros asaltos en joyerías acontecidos a inicios de mes. En concreto, los del centro comercial de La Vaguada, en Madrid, y en Espacio Torrelodones. Aunque no se descartan nuevas detenciones, hasta el momento no ha sido posible vincular los hechos a este grupo.
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