Un buen número de asociaciones vecinales, organizaciones defensoras del medio ambiente, partidos políticos de la oposición. Muchas intervenciones en redes sociales abundan en la idea de que una de las obsesiones principales del alcalde Almeida consiste en talar árboles siempre que puede.
Si hay una plaza que remodelar, el alcalde corta árboles y deja asfalto para disfrute de los madrileños. Como mucho unas sombrillas que disimulen un poco el solazo. Si hay que ampliar la red de metro, crear nuevos intercambiadores de viajeros, ampliar un cantón de basura, o emprender reformas de infraestructuras, pues se talan árboles. Si viene el Papa, se talan árboles en plena plaza de Cibeles.
Cientos de ejemplares, incluso históricos, han desaparecido de Madrid. Afirman que los van a trasplantar, pero, en la mayoría de las ocasiones es mentira. O se replantan con tal desidia, o tan a destiempo, que terminan por morir masivamente. Y todo a cuenta del supuesto progreso, del desarrollo de la ciudad, del turismo, de la pertinaz ambición de un gobierno que quiere pasar a la Historia por algo, aunque sea por convertirse en leñadores irresponsables.
La ampliación de la línea 11 de Metro se salda con la desaparición de árboles adultos, maduros, en buen estado, en lugares como el Paseo de las Delicias, o calle Áncora. En Madrid Río, en parques como el de Comillas de Carabanchel. Otros desarrollos urbanos como el del Paseo de la Dirección, para mayor gloria de Florentino y su grupo ACS, se ha llevado por delante numerosos árboles. Los pinos negros de Vallecas.
Madrid Nuevo Norte, la operación Chamartín de toda la vida, en la que están implicados el BBVA y el grupo inmobiliario San José, siempre presente en todas las aventuras de pelotazos inmobiliarios, amenaza con techar con asfalto las vías y llevarse por delante casi 6000 árboles sanos, para replantar luego unos cuantos arbolitos encima en jardineras. Lo llamarán parque lineal de Chamartín, o algo así, ya verás, pero esta operación supone una pérdida de arbolado superior a todas las demás actuaciones juntas.
Mucho más pequeño el jardín de Jimena Quirós, en las intersecciones de la Avenida Ciudad de Barcelona con el Paseo de Reina Cristina, pese a verse inmerso en el Paisaje de la Luz, su proximidad al Retiro y al paseo del Prado, espacios protegidos por la UNESCO, ha vivido el asesinato de árboles para facilitar la labor de las obras en las inmediaciones de Atocha.
Y luego están las plazas. Echa un vistazo a la Puerta del Sol, la Plaza del Carmen, Santa Ana, o Comendadoras, en las que han destruido decenas los árboles para instalar aparcamientos subterráneos bajo plazas asfaltadas, desérticas, inhóspitas, sin sombras naturales. Hasta los alcorques de los árboles desaparecidos se llenan de hormigón y santas pascuas.
He visto a los vecinos y vecinas de Áncora y Delicias, de Madrid Río, de Carabanchel, del Jardín de Jimena Quirós, movilizarse contra los cortes de árboles, con insistencia indiscutible, éxito discreto, promesas incumplidas y mucho desprecio por parte de los responsables municipales y del mismísimo alcalde de Madrid.
En una discreta digresión quiero recordar aquí que Jimena de Quirós se formó en la Residencia de Señoritas de la Institución Libre de Enseñanza (ILE). Licenciada en Ciencias, con Premio extraordinario, trabajadora del Instituto Oceanográfico, participante en viajes de investigación oceanográfica. Con 22 años ganó la oposición del Instituto Español de Oceanografía y fue la primera mujer científica de ese organismo.
Jimena, científica y defensora de los derechos de la mujer desde su militancia en el Partido Republicano Radical Socialista. Trabajó también como profesora y tras la Guerra Civil el franquismo la expulsó de todos sus trabajos hasta que, en 1966, hace ahora 60 años, fue rehabilitada y… jubilada. A esta mujer, en su discreto Jardín, Almeida el Arboricida, la está cortando los árboles. La vuelve a condenar al ostracismo.
He vivido de cerca y he seguido cada una de estas luchas. Una de ellas, aparentemente pequeña, fue aquella de la morera de la calle Alberdi, en el Paseo de la Dirección. Los vecinos de Tetuán la abrazaban, leían poemas bajo ella, organizaban encuentros. Como en todos los casos nada, desprecio, risas y negocio.
Un buen día, aprovechando la noche, las vacaciones y el mes de agosto, la morera apareció guillotinada. Para ejecutar a la morera, el área de medio ambiente del Ayuntamiento de Madrid, extraño nombre para quienes tienen muy poco de defensa del medio ambiente, despreció diversas resoluciones unánimes del pleno municipal del distrito.
Si aquel al que llaman Arboricida sigue en sus trece es sólo posible porque a cientos de miles de madrileños les sobra la sombra y prestan mucha más atención a los mensajes que se aprovechan del calentamiento inevitable de los cerebros para vendernos negocios y pelotazos como si fueran oportunidades de futuro.