Se anunciaban seis toros, o lo que fuera aquello, y salieron nueve, o lo que fuera aquello. Lo cual no fue motivo de alegría, sin todo lo contrario, porque los tres que volvieron al corral -por fortuna con la rapidez con que lo hace el nuevo mayoral, Álvaro Fernández-, dos de los anunciados Garcigrande y un segundo sobrero de Torrealta, lo hicieron por su invalidez para la lidia. Tampoco esos sustitutos mejoraron a los titulares, quizás algo en fuerza, pero en cuanto a casta eran pariguales de sosos y deslucidos. De modo que pasadas las diez menos cuarto salíamos de la Monumental con muy poco que recordar, ni siquiera era orejita que cortó Talavante a su segundo enemigo, un santo colaborador en grado máximo, con el que jugueteó con el apoyo de los tendidos de sol. Más emoción tuvieron las dos faenas de Morenito de Aranda a un lote con un punto de genio que un toma y daca intenó domeñar. Mientras Paco Aguado, menos en varias intervenciones capoteras, quedó inédito frente a los suyos.
De modo que en lo artístico sólo hay que destacar algunos otros buenos quites de Talavante y, claro, como casi siempre que actúa, los magníficos pares de rehiletes de Iván García -quien, por fortuna para los espectadores, hizo su octavo paseíllo en el abono, la mitad de los festejos de a pie- obligado a desmonterarse en el tercer burel.
Es verdad que el extremeño brilló con unos templadísimos delantales en su turno al primero de Morenito y por la misma suerte en el suyo. Y también las verónicas lentísimas del andaluz igualmente en su primero, al que llevo al caballo galleando por chicuelinas.
Porque no puede, ni debe, calibrarse como artístico, en todo caso de bonita la labor del triunfador estadístico del plúmbeo y cansino festejo al quinto, un sobrero de Torrealta, un animal blando y sumiso al que cinceló entre caídas una faenita de salón, más de postureo que de otra cosa, con la facilidad que tiene más que acreditada Talavante con su mano izquierda, abusando de los cambios de mano seguidos en la misma serie y los desplantes con el bicho cadavérico.
Todo ello, sin un gramo de la imposible emoción con semejante enemigo (es un decir). Luego lo fulminó de un espadazo contrario, lo que no fue óbice ni cortapisa para que el usía con una petición nada mayoritaria le regalase el trofeo. El extremeño había abreviado con su muy descastado primero.
Por su parte, el de Aranda de Duero le echó oficio para no dejarse ganar la pelea ante la movilidad geniuda de sus dos bureles que iban con la cara alta y no acabaron de entregarse nunca, aunque quedó la idea de que pudo aprovehar algo más al primero. Escrito queda que con la muleta poco pudo hacer Aguado, ya que su primero era un pobre animal muerto en vida, y el que cerró, ya casi a las tantas, la función, amén de muy blando llegó descompuesto al último tercio.
FICHA
Cuatro toros de GARCIGRANDE, justos de trapío excepto excepto el bien presentado 1º, flojos y descastados; y dos sobreros de buena presencia de TORREALTA: 3º, muy flojo; soso, y 6º, blando y descastado. MORENITO DE ARANDA: ovación; ovación tras aviso. ALEJANDRO TALAVANTE: silencio; oreja protestada tras aviso. PABLO AGUADO: silencio; silencio. Plaza de Las Ventas, 29 de mayo. 19ª de feria. Lleno de ‘no hay billetes’ (22.964 espectadores, según la empresa).