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Seriedad de Castella al dar la vuelta al ruedo tras sus fallos con los aceros a una gran faena.
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Seriedad de Castella al dar la vuelta al ruedo tras sus fallos con los aceros a una gran faena. (Foto: Alfredo Arévalo)

San Isidro: faenón de Castella sin rematar con los aceros a 'Cantaor', un bravo toro de Victoriano

Por Emilio Martínez
sábado 23 de mayo de 2026, 10:31h
Actualizado: 23/05/2026 10:40h

Sebastián Castella aprovechó a lo grande a ‘Cantaor’, el mejor burel de lo que va de Feria. No es fácil estar a la altura de un animal así, bravo, encastado y exigente, no es fácil. Ya lo decía Belmomnte: “Dios te libre de un toro bravo en Madrid”. Porque el francés podía haber dado el cante. Pero pronto vio que con un toro de tal boyantía era posible manufacturar toreo por arrobas o escribir un nuevo tomo del Cossío. Correspondiendo a su calidad con la propia en la labor muletera. Fue el único momento con interés de una tarde en la que Victoriano del Río pesentó un encierro con toros serios y cuajados, que se arrancaban de lejos a los caballos, pero en el peto no se empleaban mucho, a excepción de ‘Cantaor’. No obstante quedó la impresión que Emilio de Justo y Tomás Rufo, muy entregados, no les sacaron todo el partido.

Es toro del riunfo de Castella también se disparó hacia el varilarguero, sobre todo en el primer envite, peleando al recibir el puyazo. En el segundo, con menos espectacularidad, cumplió. Su matador se fue al platillo para su clásica faena con pases cambiados, hasta cuatro le dio sin casi mover los pies, y luego de su insìración brotaron tres excelenes naturales, un trincherazo y el de la firma.Todo ello, como el resto de la faena, con el denominador común de la casta que añade la emoción imprescindible para calar a tope en los tendidos.

Vinieron después los profundos redondos de mano baja, varios con desmayo y ligados en un mínimo rodal de terreno, incluyendo un cambio de mano al natural de profundidad kilométrica, a los que siguieron más naturales, ora cargando la suerte, ora a pies juntos. Era el arte eterno tan difícil de ver y, claro, de desarrollarlo, con el que primero disfrutó un Castella relajado, y luego llevó su éxtasis a los rendidos.

Después de unas escalofriantes bernadinas con los afilados pitones rozándole la taleguilla, tenía virtualmene las orejas cortadas, pero tras una buena media estocada necesitó siete golpes con la espada de cruceta y se marró el éxito estadístico, que no le quita un ápice de gloria a la faena. Eso sí, el francés, compungido, hundido, se sentó en el estribo seguro que a maldecir su suerte y abroncarse a sí mismo, siendo obligado por el público a dar la vuelta -lo que llevó a cabo con gran seriedad-, mismo premio que se llevó 'Cantaor' para justificada presunción del ganadero.

Y poco que contar del resto, incluso del propio Castella, quien ofreció su versión pegapasista y con mucha ‘vulgarité’ en el que abrió función. No más allá fue Tomás Rufo con su primero, noble como todos sus hermanos, y que tiraba derrotitos en la flámula. Parte del público, y no sólo el sanedrín sabio del 7, le recriminó sus cites fuera de cacho, cuestión que se repitió ante el manso úlimo, con el que no llegó a acoplarse.

FICHA

Toros de VICTORIANO DEL RÍO, de variadas hechuras pero con trapio; con 4º, bravo y con casta, premiado con vuelta al ruedo, 2º y 5º, cumplidores en varas, y 1º y 6º, mansos. Todos nobles. SEBASTIÁN CASTELLA: silencio; aclamada vuelta al ruedo tras dos avisos. EMILIO DE JUSTO: ovación tras aviso; silencio tras dos avisos. TOMÁS RUFO: silencio; silencio. Plaza de Las Ventas, 22 de mayo, 13ª de Feria. Lleno de ‘no hay billetes’ (22.964 espectadores, según la empresa).

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