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Una de las obras de la exposición 'El botijo revisitado'
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Una de las obras de la exposición 'El botijo revisitado' (Foto: Eduardo Diéguez)

'El botijo revisitado': así se convierte un icono castizo en obra de arte contemporáneo

Por Ángela Beato
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abeatocmadridiarioes/7/7/19
jueves 14 de mayo de 2026, 19:21h

El botijo no es solo barro cocido o un recipiente capaz de mantener el agua fresca en los primeros calores de Madrid. Es también memoria popular, verbena, romería y tardes de San Isidro bajo el sol. Durante estos días, ese icono castizo abandona los puestos tradicionales de la Pradera para adentrarse en el terreno del arte contemporáneo.

Dentro de la programación de las fiestas patronales de la capital, se puede contemplar hasta el 17 de mayo en la Central de Diseño de Matadero Madrid 'El botijo revisitado', una exposición con un acentuado componente creativo que propone un viaje entre pasado y presente.

Medio centenar de jóvenes alumnos de la Escuela de Cerámica de la Moncloa reinterpretan una de las piezas más reconocibles de la cultura popular madrileña y la convierten en un objeto artístico atravesado por nuevas formas, discursos y sensibilidades.

Algunas de las obras realizadas conservan la silueta clásica del botijo y juegan con sus texturas y esmaltes. Otras apenas recuerdan al recipiente original y lo transforman en esculturas experimentales, piezas conceptuales o diseños cercanos a la arquitectura. Todas, sin embargo, mantienen intacta una idea: dialogar con la tradición sin convertirla en una reliquia inmóvil.

Una escuela centenaria

La muestra funciona también como retrato de una escuela centenaria que sigue reinventándose. Fundada en 1911, la Escuela de Cerámica de la Moncloa lleva más de un siglo formando artistas y explorando las posibilidades del barro como lenguaje creativo. Hoy conviven en sus talleres jóvenes estudiantes, diseñadores, arquitectos y licenciados en Bellas Artes que encuentran en la cerámica una herramienta expresiva alejada de cualquier visión artesanal limitada.

El resultado de esa mezcla generacional y estética se refleja en esta exposición, donde el botijo deja de ser un objeto costumbrista para convertirse en una pieza abierta a nuevas lecturas. Hay humor, experimentación y también una cierta reivindicación de lo manual en tiempos dominados por lo digital.

La elección del botijo no es casual. Durante décadas, este recipiente poroso ha formado parte inseparable de las Fiestas de San Isidro. Junto a los tradicionales pitos de barro vendidos alrededor de la ermita del santo, representa una imagen profundamente ligada al imaginario madrileño. En una ciudad cada vez más acelerada y global, la exposición recupera ese símbolo cotidiano para preguntarse qué lugar ocupa hoy la tradición en la creación contemporánea.

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