Ha sido como un circense más difícil todavía, un salto mortal sin red, pero con gran contento de su protagonista, Álvaro Fernández. Un nombre que quizás en principio no diga nada. Pero si le añadimos que viene del 'encaste' Florito, la cosa cambia. Porque un auténtico y sorprendente cambio ha sido el suyo. Ahí es nada: dejar su profesión de ingeniero aeronáutico para aterrizar "con ilusión y responsabilidad", cual relata en la entrevista, a mayoral del coso más importante del planeta táurico: la Monumental de Las Ventas.
Responsabilidad máxima es la que siente, basada en el conocimiento de casi dos décadas ayudando a su padre en el trato, siempre cariñoso nunca violento, con los bueyes, como nos cuenta y repite en esta entrevista. Ahora se siente "feliz, muy feliz", afirma y se le nota en el rostro, por este sorprendente cambio en su vida que le ha llevado a "estar donde quería estar", dice, porque no se "sentía" en su trabajo de ingeniero.
Álvaro ya 'debutó' con sobresaliente el pasado domingo 10, en la tercera del abono isidril, cuando metió en corrales dos toros de Conde de Mayalde devueltos por inválidos, con idéntica rapidez a como lo hubiera hecho su legendario su padre.
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