Repetición de la jugada. Sí, porque Alejandro Talavante, que ya descerrojó los pernios de la soñada Puerta Grande en el festejo inicial de 2025, aunque con muchos reparos, volvió a hacerlo ahora ya con todo merecimiento con un toreo de aleteo de mariposas frente a un gran 'cuvillo' de embestida boyante, que hizo honor a su nombre: Ganador. El animal, manso y escasamente castigado en el penco -por lo que la vuelta puede juzgarse como excesiva-, se comía la muleta humilladísimo como un arrepentido pecador, y el extremeño lo aprovechó con una gran labor plena de inspiración desde el primer al último muletazo. Fue el momento cumbre de una tarde en la que muy poco pasó en el resto, con un encierro mal presentado y de buen juego general por su nobleza con el que Tristán Barroso anduvo muy entregado en su confirmación y Juan Ortega apuntó sin disparar frente a otro bicorne de gran fijeza, el segundo de su lote con el que no llegó a acoplarse. Con este sonoro triunfo, su séptima salida a hombros en Madrid, Talavante obliga a dar la talla a las otras figuras que vendrán a que las examine San Isidro.
Y es que Talavante vio muy claro la calidad que le ofrecía Ganador y seguro que pensó, yo también lo voy a ser. Clavó las zapatillas en la arena para una serie de estatuarios que remató con el pase de la firma y un par de trincherillas. Ya con el runrún del cotarro de que se avecinaba algo importante, el coletudo, encajado de cuerpo y suelto de muñecas, se lució con un par de tandas de redondos en un palmo de terreno cada una de ellas cerradas con sendos cambios de mano transformados en circulares mandones.
Luego llegó el turno de naturales manufacturando torería por arrobas, esta vez cerradas con un molinete, y nuevos profundísimos cambios de mano, con la locura en los tendidos que aumentó con la sinfonía final con luquesinas y airoso desplante. Es verdad que con tan excesivo colaborador sobró dulzura y faltó un punto de la emoción que sólo añade como plusvalía la fiereza del animal, que no fue el caso. Pero, ni un reparo al artístico faenón de Talavante que rubricó con una buena estocada. Sí se lo ponemos al premio de vuelta para un toro, que manseó en el caballo en su primera varita y en la segunda casi ni se le hizo sangre. Dicho y escrito queda.
También el quinto, sin aunar la calidad de Ganador, ofrecía opciones de gran faena, pero a Ortega, más pendiente de la estética que del mando -que tampoco le pedía mucho el bicho- empezó muy bien rodilla en tierra, pero después le sobraron enganchones y le faltó limpieza excepto ya en la fase final, con lo que anduvo por debajo de lo que su enemigo le ofrecía. Tanto el suyo primero como el de Talavante, aún con peor presencia que el resto, descastados y flojos, aunque tan nobles como todo el encierro, no servían más que para lo que hicieron sus espadas: despenarlos.
Buena impresión general dejó Barroso, sobre todo en el que abrió función, con el que inició su faena de hinojos en el platillo con redondos mandones y un par de series de pie, aunque no llegó a aprovechar más el buen pitón izquierdo. No obstante, menos con las armas toricidas, el toricantano mostró buen aroma clásico. Como en el último, con un inicio similar hasta que en uno de los pases cambiados por la espalda el bicorne le derribó y le buscó en el suelo, aunque sin herirle. Enrabietado, el madrileño volvió a la cara y con un punto de atropello por las ganas de triunfo volvió a dejar constancia de su buen concepto.
FICHA
Toros de NÚÑEZ DEL CUVILLO, muy desiguales de presentación y feotes de hechuras: con 1º muy voluminoso y 2º y 3º chicos. Sólo el 1º cumplió en el caballo. Todos muy nobles, con 5º encastado. ALEJANDRO TALAVANTE: silencio; dos orejas y salida a hombros. JUAN ORTEGA: silencio; silencio tras aviso. TRISTÁN BARROSO, que confirmaba alternativa: silencio tras dos avisos; palmas. Saludó en banderillas en el 6º toro Mathieu Guillon. Plaza de Las Ventas, 8 de mayo, 1ª de Feria. Lleno de ‘no hay billetes’.