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La Iniciativa Ciudadana Europea: cómo pasar de la queja a la acción en el ámbito europeo

Por Mario Villamor Nodal
viernes 08 de mayo de 2026, 14:41h
Actualizado: 08/05/2026 14:59h

9 de mayo: Día de Europa

En una época convulsa, marcada por la inestabilidad geopolítica y el desencanto hacia la política, más acusado aún en el caso de Europa, donde gran parte de la población considera que «Europa es todo burocracia» y que «Europa está en Bruselas», existe un mecanismo, aún desconocido para muchos, llamado Iniciativa Ciudadana Europea (de ahora en adelante, ICE). Este año, la ICE cumple 15 años con 129 campañas que han recabado más de 25 millones de firmas, y de las cuales 14 superaron el millón de firmas y han sido tomadas en consideración por la Comisión Europea.

La Iniciativa Ciudadana Europea es una herramienta que aparece recogida en el Tratado de Lisboa de 2009 y que, tras la tramitación de su reglamento, fue adoptada por el Parlamento y el Consejo el 16 de febrero de 2011. Este mecanismo posee una capacidad real de influencia y, como Embajador de la Iniciativa Ciudadana Europea, creo que merece más atención de la que recibe, al ser una muestra de cómo ejercer nuestro poder como ciudadanos.

Pero… ¿Qué es la Iniciativa Ciudadana Europea? La ICE permite que, junto a otros ciudadanos de diferentes Estados miembros, expresemos nuestra preocupación sobre un asunto que entre dentro de los ámbitos en los que la Comisión Europea tiene competencia para presentar propuestas legislativas, y que podamos solicitar a esta última que proponga nueva legislación sobre una materia concreta. Para ello, es necesario que la ICE esté impulsada por, al menos, siete ciudadanos de siete Estados miembros diferentes, para lo cual debemos reunir un millón de firmas (que, posteriormente, serán validadas) en un plazo determinado, superando un umbral mínimo en varios países, en función de su población. Por ejemplo, en España el umbral se sitúa en 41.595 apoyos.

De esta forma, la ICE busca construir Europa, aunando nuestras preocupaciones junto a las del resto de ciudadanos europeos, dado que la normativa europea será de aplicación a los 27 Estados miembros, y es aquí donde reside la importancia de esta herramienta. El cómo a un mismo grupo de personas nos importa una misma causa, por la cual nos organizamos, proponemos y hacemos que las instituciones europeas nos tomen en consideración, que aterricen la realidad de la calle, más allá de unas elecciones quinquenales.

Además, cabe destacar que los españoles nos implicamos por las causas que importan, con un dato curioso: somos el único país en el que la ciudadanía ha superado el umbral mínimo de apoyo en 13 de las 14 iniciativas exitosas.

Pero… ¿Cuáles son los temas que nos preocupan? Las iniciativas que han conseguido un fuerte respaldo ciudadano tratan cuestiones muy diversas: el derecho al agua y al saneamiento, la prohibición del glifosato, la protección de los animales, la defensa de las abejas y los agricultores, la prohibición del comercio de aletas de tiburón, los derechos reproductivos, la protección de las culturas regionales o la eliminación de prácticas contrarias a los derechos humanos. Podemos ver que la Europa social es la más próxima al ciudadano y que los temas como el medio ambiente, la salud, el consumo, los derechos y libertades fundamentales, la justicia social o el bienestar animal es aquello que más nos une, independientemente de las fronteras y de las sensibilidades de la ciudadanía de los diferentes Estados miembros.

En la actualidad, se encuentran activas 7 campañas de recogida de firmas que abarcan desde la política internacional hasta los derechos humanos, los derechos animales, la protección de los consumidores o el establecimiento de sistemas alimentarios justos y sostenibles, siendo la que más apoyos ha reunido recientemente la Iniciativa titulada: «Justicia para Palestina: Exigir la suspensión total del Acuerdo de Asociación UE-Israel en vista de las violaciones de los derechos humanos cometidas por Israel».

Así, la ICE constituye un instrumento complementario de la democracia representativa, que se acciona como vía de participación directa. Como ciudadanos, además, tenemos distintas maneras de participar: firmando una iniciativa abierta, apoyando su difusión, colaborando en recogidas de firmas o impulsando nuevas iniciativas, pasando de una opinión individual a una acción colectiva.

Es precisamente en este punto donde la Unión Europea quiere incentivar nuestra participación. Si de verdad queremos que nuestra voz se escuche en Europa, debemos implicarnos y, gracias a la ICE, tenemos una vía concreta para hacerlo. Se trata de ir más allá de arreglar el mundo en la sobremesa, en redes sociales o a través de conversaciones de bar, quejándonos de todo y por todo, y transformar nuestras preocupaciones en propuestas, buscando alianzas con personas de otros países, construyendo una campaña, recogiendo apoyos y, en última instancia, trasladando nuestra voz hacia las instituciones europeas.

Y aquí reside la fuerza de esta herramienta, en que las instituciones europeas tienen la obligación de posicionarse cuando una iniciativa supera los requisitos. Así, los organizadores se reúnen con representantes de la Comisión Europea, se celebra una audiencia pública en el Parlamento Europeo y la Comisión debe responder indicando qué medidas piensa adoptar o por qué decide no hacerlo, convirtiendo nuestra preocupación en un asunto de relevancia a nivel europeo y que, en caso de ser estimado, afectará a más de 450 millones de habitantes. Aunque no se estime en su totalidad, lo que sí se logrará es marcar la agenda europea, abrir el debate y visibilizar una causa que nos preocupa.

Como ya se ha dicho, debemos entender que una Iniciativa Ciudadana Europea no puede tratar cualquier asunto de cualquier manera. Debe referirse a ámbitos en los que la Comisión Europea tenga competencias para proponer legislación y debe respetar los valores de la Unión Europea y la Carta de los Derechos Fundamentales. Aunque sea uno de los asuntos que más reticencia genera, creo que es esencial entender que Europa la construimos entre todos y entre las competencias que ceden los Estados miembros en base a los Tratados. Aquí vemos de una manera evidente que, cuanto más construyamos Europa, más voz tendremos la ciudadanía dado que, al ampliar el espacio europeo, aumentarán las opciones de participación y de propuesta de diferentes iniciativas en base a nuevas competencias, recogidas en el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea.

Por tanto, como Embajador de la Iniciativa Ciudadana Europea, creo que debemos dar a conocer este mecanismo, explicarlo y animar a más personas a utilizarla. Y es que, pensémoslo, de una idea surgida en nuestro grupo de amigos, puede encontrar eco en ciudadanos de otros Estados miembros y hacer que las instituciones europeas tomen partido en base a ello. De esta forma, en un mundo marcado por la polarización, la desinformación y la desconfianza institucional, es una tranquilidad contar con un mecanismo transnacional que permita que los ciudadanos podamos expresarnos y construir Europa desde la base, y construyamos poco a poco el proyecto común que es Europa porque, como nos damos cuenta cada día, somos parte de una gran realidad, en la cual debemos creer y que trasciende los intereses burocráticos y económicos, que se preocupa por la ciudadanía y que garantiza unos derechos y libertades básicos comunes. La democracia europea, por tanto, nace de la ciudadanía que decide pasar de la queja a la acción.

Mario Villamor Nodal

Miembro de la Asociación Tilia y embajador de la Iniciativa Ciudadana Europea

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