La Comunidad de Madrid ha rendido homenaje este lunes al escritor Mario Vargas Llosa al concederle, a título póstumo, la Medalla Internacional de las Artes, coincidiendo con el primer aniversario de su fallecimiento en Perú.
El acto se ha celebrado en la Real Casa de Correos, sede del Gobierno regional, donde la presidenta Isabel Díaz Ayuso ha entregado la distinción al hijo del autor, Álvaro Vargas Llosa. Durante su intervención, la dirigente madrileña ha destacado la figura del novelista como uno de los grandes referentes de la literatura en español y ha subrayado su capacidad para convertir la escritura en una herramienta para comprender y cuestionar la realidad.
La dirigente madrileña ha defendido que homenajear su trayectoria supone reivindicar los valores de una sociedad “abierta, crítica, hispana y mestiza” y, sobre todo, libre. También ha destacado su visión de la cultura como un espacio inseparable de la libertad, así como su rechazo al nacionalismo. “Creía en una comunidad global de ciudadanos libres e iguales”, ha señalado.
En su discurso, Ayuso ha incidido además en el vínculo del escritor con Madrid, ciudad que lo acogió “sin condiciones y con los brazos abiertos”, y que él consideraba un lugar cosmopolita donde confluyen todas las variantes del español.
Madrid, su segunda casa
Por su parte, Álvaro Vargas Llosa ha recogido la medalla con emoción y ha recordado una reflexión de su padre sobre este tipo de reconocimientos: mientras los homenajes en vida, decía, pueden convertir a una persona “en una estatua”, los póstumos logran “devolverte a la vida por unos instantes”.
El hijo del autor ha destacado también su firme defensa del liberalismo y su compromiso con la libertad como principio moral. En esa línea, ha citado una de sus convicciones más profundas: “La libertad sin cultura pierde su esencia”, al tiempo que ha advertía que la cultura sin libertad “se vuelve silencio, censura, propaganda”.
Finalmente, ha evocado la estrecha relación del escritor con la capital española, a la que ha descrito como su segunda casa. Ha recordado sus paseos por el centro histórico y una frase que solía repetir al pasar por la Puerta del Sol: “Allí está la esperanza de España”, una expresión que, según ha explicado, reflejaba su confianza en los valores de libertad que asociaba con la ciudad.