Mientras que por un extremo del centro madrileño paseaba rodeado de multitudes, Jesús de Medinaceli, en el otro, el Cristo de los Alabarderos recibía el homenaje de no pocos madrileños y, naturalmente, del cuerpo que lo tiene por patrón.
El Santísimo Cristo de la Fe, o de los Alabarderos, sale del Palacio Real precedido de un ritual que se inicia una hora antes en el zaguán del mismo y al que solo asisten los congregantes e invitados. Realmente, su procesión comienza varios días antes. La talla del Cristo, realizada en 2007 por el escultor natural de Quintanar de la Orden Felipe Torres Villarejo, permanece todo el año en la vecina basílica catedral Castrense. Este año, el 31 de marzo, fue trasladada hasta Palacio a la espera del desfile de Viernes Santo. Terminado este, volverá a su templo hasta el año que viene.
Mientras los alabarderos, con uniforme de gala, se preparan para escoltar a su Cristo durante todo el recorrido, se oficia una breve ceremonia ante la imagen. Todo a puerta cerrada. Con una puntualidad excepcional se abre la Puerta del Príncipe ante la que esperan miles de devotos. Con orden riguroso van apareciendo las distintas secciones de acompañamiento, con los cofrades que viste túnica azul granito de la Guardia Real, con tirilla en el cuello rojo granito, cíngulo rojo con borlas y escudo bordado; capirote rojo granito con escudo en el centro; zapatos y calcetines negros, guantes blancos. Con el sobrio acompañamiento musical de la sección de pífanos y tambores de la Unidad de Música de la Guardia Real, aparece el trono del Cristo portado por cuarenta y cuatro anderos. Durante más de cuatro horas recorrerá las calles con una estación penitencial muy emocionante: el encuentro con la Virgen ante la catedral castrense. Antes se reunían en la plaza de la Villa, pero se ha trasladado a este emplazamiento. Poco antes de la llegada del Cristo, los anderos sacan a la calle la imagen de María Inmaculada Reina de los Ángeles, que es una talla del escultor cordobés Francisco Romero Zafra, creada en 2022.
El momento del encuentro requiere unas maniobras milimétricamente calculadas de ambos pasos, que acaban frente a frente, reuniéndose finalmente en el atrio de la basílica, bañados por pétalos de flores. Es un momento solemne, prolongado, que acaba provocando el aplauso de todos los espectadores. Retornada la Virgen al interior, la procesión prosigue su itinerario por calles cada vez más estrechas. Seguramente, en algún momento se cruzará con otra porque todas las que desfilan por el centro deben pasar por la Puerta del Sol.
Ya hay noticias de la existencia de la congregación del Cristo de la Fe en la primera mitad del siglo XVII. Los alabarderos de la Guardia Real sacaban a la imagen, que se hallaba en la iglesia de San Sebastián, desde 1743. La imagen del Cristo ha ido cambiando a lo largo de los siglos. Recién terminada la guerra civil se perdió la tradición de los alabarderos hasta que, en 1997, conocedores en la Guardia Real de la existencia del Cristo en la iglesia de la calle Atocha, refundaron la congregación. Volvieron a salir en procesión el 18 de abril de 2003. Así que, aunque de refundación en el siglo XXI, los alabarderos pueden estar orgullosos de que su historia religiosa se remonte a cuatro siglos atrás.