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Quiosco de Somos Talita en Arganzuela
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Quiosco de Somos Talita en Arganzuela (Foto: Imagen cedida por Somos Talita)

El quiosco que cambia las vidas de personas en exclusión social desde una acera de Arganzuela

domingo 01 de marzo de 2026, 08:00h
Actualizado: 01/03/2026 18:33h

Los vecinos del distrito de Arganzuela vuelven a tener su quiosco de referencia. Un año después de que Luis, su anterior propietario, bajara la persiana por jubilación en febrero de 2025, el quiosco del Paseo de las Acacias número 37 ha reabierto con una propuesta renovada que va mucho más allá de la venta de prensa.

Desde el pasado 12 de enero, este pequeño establecimiento del barrio madrileño ha recuperado su actividad habitual (periódicos, revistas, cromos, chicles o sudokus) y ha incorporado nuevas propuestas como café de especialidad para llevar, libros de segunda mano o productos de proximidad como la miel. Sin embargo, lo que realmente lo hace diferente no está en el mostrador, sino en la historia que hay detrás.

El quiosco está gestionado por personas en riesgo de exclusión social gracias a un proyecto impulsado por la asociación Somos Talita, una comunidad de jóvenes que trabaja desde hace siete años para generar oportunidades reales de empleo y acompañamiento a personas vulnerables. Personas sin hogar, víctimas de violencia de género, parados de larga duración o migrantes sin red de apoyo forman parte del perfil al que se dirige esta iniciativa.

Un negocio sencillo y estable

"No es asistencialismo, es empleo real", resume Javier Cascón, uno de los impulsores del proyecto. "Queríamos algo sencillo, un negocio que se pudiera gestionar sin una formación compleja, pero que ofreciera estabilidad y dignidad". Los números reflejaban el declive general de la venta de prensa, sin embargo, Somos Talita entendió que el quiosco podía seguir siendo un negocio estable si se gestionaba bien y si incorporaban nuevos productos que llamarán la atención de la futura clientela.

Productos del quiosco.

"Lógicamente queríamos mantener la prensa y las revistas, porque aunqu emuchos dicen que están de capa caída y no se venden tanto como antes, nosotros pensamos que era imporante mantenerlo, también por el bien del barrio, de la comunidad y de seguir manteniendo un negocio de hace años. Pero también hemos incorporado cosas nuevas como el café de especialidad para llevar, paraguas para las lluvicas o miel de unos agricultores de Guadalajara", expone Cascón.

La idea de hacerse cargo de un quiosco surgió tras meses explorando distintas opciones: desde franquicias hasta lavanderías. "Empecé a mirar el tema de los quioscos porque parecía una cosa que sin demasiada inversión podría llevarse a cabo y convertirse en realidad", explica. Fue casi por casualidad cuando Cascón se encontró con el cartel de traspaso del quiosco del Paseo de las Acacias. Tras hablar con Luis, su antiguo dueño, el proyecto echó a andar.

La compra se formalizó en septiembre de 2025, pero la reapertura se retrasó varios meses debido a la burocracia, las licencias municipales y los trámites necesarios al tratarse de una concesión del Ayuntamiento de Madrid. "Ha sido más complicado de lo que esperábamos, pero ha merecido la pena", explica Cascón.

El 'papeleo' ha retrasado su apertura

Uno de los aspectos más emotivos del proceso fue la implicación del antiguo propietario, que no solo facilitó el relevo, sino que formó personalmente a los nuevos responsables y a los trabajadores. "Nos presentó a los vecinos del barrio, nos enseñó cómo funcionaba todo. Ha sido precioso", recuerda. Javier Cascón asegura que el antiguo propietario, Luis, está "muy contento de ver abierto de nuevo su quiosco" después de estar tras el mostraros más de 13 años y, quizás por eso se implico tanto a la hora de traspasar el negocio.

Abdul, al frente del mostrador

En la actualidad, el quiosco está atendido por Abdul, un joven migrante que fue seleccionado tras un proceso de entrevistas en el que participaron ocho candidatos. "Buscábamos motivación, iniciativa y capacidad para comunicarse con la gente", señala Cascón. Además de Abdul, otros dos jóvenes están recibiendo formación para incorporarse cuando regularicen su situación administrativa."Vimos que podía ser el adecuado porque estaba interesado, tenía fluidez con el castellano, y tenía los papeles en regla para poder trabajar", afirma.

La reapertura ha sido rebibida con mucho entusiasmo por el vecindario. Muchos resientes celebran no tener que desplazarse al quiosco de Embajadores para comprar la prensa, además tras conocer su labor social la implicación vecinal ha sido mayor. "La gente entra, pregunta, se interesa y vuelve. Estamos muy contentos porque en este mes y medio ya son muchas personas las que se han acercado y se alegran de verlo d enuevo abierto", cuentan desde la organización.

Abdul preparando un café para llevar.

Detrás del nuevo quiosco del Paseo de las Acacias se encuentran dos iniciativas sociales que llevan años trabajando con personas vulnerables: Somos Talita y el proyecto Amen Sin Tilde. Aunque son estructuras distintas, colaboran estrechamente y comparten equipo y filosofía: ofrecer acompañamiento cercano y, sobre todo, oportunidades reales.

Somos Talita nació hace siete años como una comunidad de jóvenes que promueve encuentros formativos y acciones de voluntariado para acercar distintas realidades sociales a otros jóvenes. Detras de esta entidad se enduentran Marta Corcuera y Jesús García Melgar, ambos organizan eventos con ponentes que comparten experiencias de vida y, además, impulsan actividades solidarias como visitas a cárceles, acompañamiento a personas mayores y enfermas o apoyo a personas sin hogar.

Por su parte, Amen Sin Tilde es la iniciativa impulsada por María Nandwani y Javier Cascón centrada en la gestión de viviendas para personas sin hogar. Actualmente cuentan con cuatro pisos en los que ofrecen alojamiento y acompañamiento a quienes necesitan estabilidad para reconstruir su proyecto vital. Desde esa experiencia comprobaron que el acceso a la vivienda es solo una parte del proceso: sin trabajo, la inclusión no es real.

Dos entidades, unidas por una misma misión

De esa reflexión conjunta surgió la apuesta por crear pequeñas iniciativas laborales propias. Además del quiosco de prensa, el equipo puso en marcha un fotomatón para eventos (bodas, celebraciones o encuentros corporativos) que alquilan a través de sus redes y contactos. Este servicio permite contratar por días a personas en situación de vulnerabilidad, generando ingresos y experiencia laboral. Tanto el quiosco como el fotomatón funcionan así como herramientas de inserción.

En menos de un mes, este pequeño quiosco de prensa se ha convertido en un referente en el barrio. Un espacio cotidiano desde el que se generan segundas (o terceras) oportundiades y devuelve la dignidad a quienes más lo necesitan.

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