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Enttierro de la Sardina 2026
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Enttierro de la Sardina 2026 (Foto: Ayuntamiento de Madrid)

El carnaval madrileño da sus últimos coletazos con el Entierro de la Sardina

Madrid despide a Don Carnal

miércoles 18 de febrero de 2026, 11:20h
Actualizado: 18/02/2026 18:22h

Este miércoles, coincidiendo con el Miércoles de Ceniza, el tradicional Entierro de la Sardina volverá a recorrer las calles de la capital para despedir el Carnaval de Madrid 2026. La procesión burlesca y festiva, que este año celebra 253 años de historia, culminará en la Casa de Campo con la quema simbólica que marca el inicio de la Cuaresma.

El féretro que porta al “pobre pescado” desfilará acompañado por la Alegre Cofradía del Entierro de la Sardina y la Asociación Comparsa de Gigantes y Cabezudos, que amenizará el pasacalles en su último periplo carnavalesco por la ciudad.

El origen se remonta al reinado de Carlos III (siglo XVIII). Según la leyenda popular, una partida de pescado en mal estado llegó a Madrid y, debido al fuerte hedor, el monarca ordenó enterrarla en las inmediaciones del río Manzanares. Aunque no existe constancia documental exacta del lugar, la tradición sitúa ese entierro simbólico cerca de la actual Fuente del Pajarito, en la Casa de Campo, donde hoy culmina la celebración.

La fiesta fue inmortalizada por Francisco de Goya y Lucientes en su pintura El Entierro de la Sardina, testimonio artístico de una costumbre popular que mezcla sátira, crítica social y espíritu carnavalesco.

¿En qué consiste?

El acto central del Entierro de la Sardina adopta la forma de un cortejo fúnebre paródico en el que la ironía y la tradición caminan de la mano. La comitiva avanza por las calles portando un féretro en el que reposa una sardina simbólica, protagonista indiscutible de este singular 'funeral'. A su alrededor, los participantes visten un luto exagerado y caricaturesco, con mantillas negras, velos y atuendos satíricos que convierten la solemnidad en burla festiva.

La procesión se llena de música, comparsas, gigantes y cabezudos, creando una atmósfera en la que lo fúnebre se mezcla con lo popular y lo desenfadado. Durante el recorrido se pronuncian pregones y discursos cargados de humor y dobles sentidos, manteniendo vivo el espíritu crítico que históricamente ha acompañado a esta tradición. El acto culmina con el entierro o la quema de la sardina en una hoguera, momento simbólico que pone el broche final a la celebración.

El acto culmina con el entierro o la quema de la sardina en una hoguera

El tono del evento combina lo solemne con lo festivo en un equilibrio muy característico del carnaval madrileño. No se trata de un duelo real, sino de una representación cargada de ironía que escenifica el adiós a los excesos y libertades propias de estas fechas.

Supone la despedida oficial del Carnaval y el momento de guardar los disfraces hasta el año siguiente. La hoguera actúa como elemento de purificación y renovación, una imagen de limpieza espiritual que enlaza con la tradición cristiana y marca la llegada de la Cuaresma.

Doble recorrido: mañana y tarde

La celebración contará con dos itinerarios. El primero arrancará a las 11.00 horas desde el número 4 de la calle Rodrigo de Guevara y recorrerá enclaves del centro histórico como la plaza de Cascorro, la plaza de la Cebada, la calle Mayor o la plaza Mayor, hasta finalizar a las 15.00 horas en la plaza de Tirso de Molina, donde se procederá a la lectura del pregón.

Por la tarde, a partir de las 18.00 horas, tras el homenaje al primer miembro de honor de la Alegre Cofradía, Francisco de Goya y Lucientes —quien inmortalizó esta tradición en uno de sus cuadros—, la comitiva iniciará el segundo recorrido desde la Ermita de San Antonio de la Florida.

El cortejo avanzará por el puente de la Reina Victoria, el paseo del Comandante Fortea, las calles Santa Comba y Doctor Casal hasta alcanzar la Fuente del Pajarito, en la Casa de Campo. La llegada está prevista en torno a las 19.30 horas.

A las 21.00 horas aproximadamente tendrá lugar la tradicional hoguera en la Fuente del Pajarito, símbolo de purificación y renacimiento. Con este gesto se despide el invierno festivo y se guarda el disfraz hasta el próximo año.

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