“Se trata de una nave, hoy sin cubierta, restos de bóveda y madera para encamonado que debieron coronar la octogonal cabecera del templo, a cuyos flancos se adosaban dos sacristías o dependencias, de más baja techumbre (...). En la fachada sur en la que debió de existir un pórtico, se abría una sencilla puerta, cegada luego. Sus materiales, mezclados canto y ladrillo, éste en siete u ocho hiladas horizontales simétricas, los contrafuertes, las yeserías interiores, alguna ventana ciega etc., ponen a Vilches en el estilo mudéjar toledano”.
Así describe el historiador Manuel Rodriguez Martín y Chacón (Arganda del Rey: apuntes para su historia) la Ermita de Vilches, templo construido en el siglo XVII sobre uno anterior y que funcionó como lugar de culto durante varios siglos. La zona de Vilches fue la ubicación del segundo asentamiento de la Arganda primitiva, antes de que la población se trasladara al otro lado del cerro por culpa de una peste, pero la ermita siguió en funcionamiento hasta la “decadencia” del siglo diecinueve.
“La invasión francesa fue el primer golpe”, cuenta el historiador. Pasada la guerra, el canónigo doctor Escudero los visita personalmente y, reunido con el cura, clero, autoridades, cofradías y pueblo (...) manda clausurarlas, trasladar altares, cuadros, imágenes y utensilios y, en evitación de irreverencias, tabicar sus puertas, «esperando días mejores» que nunca amanecieron”. Hasta hace unos meses. El Ayuntamiento de Arganda del Rey, junto a la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid, ha decidido emprender su restauración para salvar este vestigio de la historia del municipio.
La concejal de Juventud, Turismo, Participación Ciudadana y Patrimonio Cultural de Arganda del Rey, Elena de la Torre, explica que “a pesar de ser un municipio de 60.000 mil habitantes con pasado de aldea, tenemos muy pocos vestigios históricos, así que queremos poner en valor nuestros símbolos, nuestras raíces y nuestra identidad”.
Un gran viñedo, un cambio de manos y la iniciativa de Cipri
Pero todo esto no hubiera sido posible sin la iniciativa del viticultor argandeño Cipriano Guillén, ‘Cipri’, sumado a la coincidencia fortuita de tres sucesos. Primero, la plantación de un gran viñedo –el más extenso que se ha puesto en la región los últimos 20 años– en la parcela de la ermita; segundo, el paso del templo a propiedad del Ayuntamiento; y tercero, el encuentro de Cipri con el director general de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid, Bartolomé González Jiménez, en el Salón de los Vinos de Madrid.
"Recuperar una parte de nuestra historia era muy importante para nosotros"
“Cuando empezamos a poner todos los viñedos alrededor de la ermita, que yo llevo viéndola toda la vida, me entró la visión panorámica de poder recuperarla”, cuenta Cipri. “Hablé con Bartolomé, le enseñé un montón de vídeos y fotos y le dije que, para nosotros, recuperar una parte de nuestra historia era muy importante… Arganda no es un pueblo con demasiados monumentos, por lo menos hay que aprovechar lo poco que tenemos. Yo he visto la ermita con las cuatro paredes y prácticamente el pórtico de entrada, pero hoy en día ya sólo le quedan tres. Es decir, si se va dejando se va a ir debilitando y destruyéndose más”. En junio del año pasado, después de su charla con Cipri, el director general de Patrimonio Cultural visitó el lugar junto al alcalde de la localidad, y comprobó la posibilidad de llevar a cabo lo que le pedía el viticultor.
En septiembre de 2025 empezaron las labores de limpieza y desescombro bajo la Dirección General de Patrimonio, y más tarde arrancaron los sondeos arqueológicos. Ahora el consistorio ha dado permiso a la Comunidad para continuar trabajando sobre el terreno. Por el momento, el proyecto sigue en fase de estudio, pero el objetivo del ayuntamiento es su restauración o, como mínimo, asegurar la conservación de lo poco que queda en pie.
Elena de la Torre menciona también que entre las opciones de cara al futuro está el hacer en la ermita un aula de interpretación y organizar catas de vino u otras actividades de ocio cultural. En ese caso, a la ermita se le pondría un “caparazón” para evitar su deterioro, bajo el que llevar a cabo cualquier hipotética actividad. “A mi me gustaría inaugurar la reconstrucción de la ermita con un concierto entre viñedos”, propone Cipri. Para él “es de vital importancia recuperar esa parte de nuestra historia, de nuestro pasado y de la fundación del pueblo”.