Desde hace cinco décadas, el sonido de las ruedas sobre el cemento y el golpe seco de la bola en el stick (bastón o palo de hockey) forman parte de la rutina del polideportivo de Aluche. Allí, el hockey sobre patines no es una moda pasajera, sino una tradición que ha unido a generaciones enteras de vecinos. Porque en ese mismo espacio, en ese mismo barrio, el Club Hockey Patines Aluche lleva 50 años enseñando a patinar a los más pequeños y formando una cantera de jugadores de hockey que, incluso, viajan fuera de las fronteras de Madrid.
Hace unos días, el único club municipal de hockey sobre patines que resiste en Madrid puso el broche final a su 50 aniversario con una gala que reunió a jugadores de todas las épocas, familias y representantes institucionales. Un acto que no fue solo una celebración, sino también un punto de encuentro entre pasado y presente, entre aquellos niños que empezaron con patines prestados y los que hoy sueñan con seguir rodando sobre la misma pista y ser parte de la historia del club.

Una historia que comienza en 1975, cuando Aluche aún no existía como distrito y formaba parte de Carabanchel. Entonces, un pequeño grupo de niños empezó a patinar y a jugar al hockey casi de manera improvisada, bajo la tutela de entrenadores llegados de Cataluña, donde este deporte siempre ha tenido una fuerte tradición. En Madrid, sin embargo, el hockey sobre patines era casi una rareza, y su llegada al barrio fue fruto de la iniciativa personal y del entusiasmo más que de una estructura sólida.
"Aquello era todo muy poco estricto, nada que ver con ahora", recuerda Rosalía, actual miembro de la Junta Directiva del club y madre de uno de los jugadores. "Se juntaron unos chavales de distintas edades en la pista municipal de patinaje del polideportivo de Aluche, que entonces era simplemente una pista al aire libre. Era más pachanga que competición".
Entre los nombres propios que explican los primeros pasos del Club Hockey Patines Aluche está el de José Manuel Goicoechea, 'Goico' para todos dentro y fuera de la pista. Su llegada al club, como tantas otras historias de aquella época, fue casi casual. "Un día mis padres paseaban por el polideportivo de Aluche y vieron que había una Escuela de Patinaje. Me apuntaron sin más", recuerda.
Aquella escuela municipal se puso en marcha en 1975 gracias a un acuerdo entre el Ayuntamiento, que aportaba las instalaciones, y la Federación Madrileña de Patinaje, encargada de los entrenadores. Goico tenía entonces 12 años y, casi desde el primer día, encontró su sitio bajo los palos. "Como era portero, me pusieron directamente en la portería. Y fue un acierto. No lo cambiaría por ser jugador", afirma.
Los resultados no tardaron en llegar. En la temporada 1976/1977, el equipo infantil se proclamó campeón de Madrid y alcanzó un meritorio cuarto puesto en el Campeonato de España, un éxito impensable para un grupo de chavales surgidos de una escuela municipal. "Éramos niños entrenando en una pista descubierta, pero nuestros entrenadores nos transmitieron la pasión por el hockey sobre patines y valores como el esfuerzo, el sacrificio y el compromiso. Lloviera o saliera el sol, allí no faltaba nadie".
La precariedad de aquellas instalaciones se convertía incluso en diversión. Goico recuerda con cariño cómo, cuando llovía, una de las esquinas de la pista se inundaba. "Nos divertíamos tirando la bola a esa zona para luego salpicar a todo el que se acercaba", rememora, dejando claro que la falta de medios nunca fue un obstáculo para la ilusión.
Esa generación fue la que, años después, llevó al club a vivir uno de los mayores hitos de su historia: dos temporadas en Primera Nacional, la actual OK Plata. "Aquello significaba viajar por España, salir del barrio, competir con equipos de otras ciudades y convivir todos juntos. Afianzó amistades que duran toda la vida", explica Goico, orgulloso de lo que lograron siendo todavía un club modesto y de barrio.
Para algunos, aquella experiencia fue solo el principio. Varios jugadores de Aluche, entre ellos el propio Goicoechea, José Pérez o Luis Robledo, llegaron a disputar la máxima categoría del hockey sobre patines con el mítico Ruan Alcobendas. "Unos chavales de barrio jugando contra el Barça, el Liceo o el Reus... Dios mío", resume con una mezcla de incredulidad y orgullo.

Goico no olvida a quienes hicieron posible todo aquello. Menciona especialmente a los primeros entrenadores de las décadas de los 70 y 80, Luis y Javier Payá, "dos señores que venían con chaqueta a los entrenamientos y a los partidos", así como a Alberto Saz y Armando Riesgo, entrenadores y jugadores clave en los ascensos. "Sin todos ellos, nosotros y nuestro club no estaríamos aquí".
Medio siglo después, su mirada resume el espíritu que ha sostenido al CHP Aluche durante cinco décadas: "Un club modesto, de barrio, pero haciendo una labor social impagable. Muy orgulloso de pertenecer a este club". Y el deseo final, compartido por generaciones enteras, suena casi como una promesa: otros 50 años más.
"Empezábamos con lo que había"
Miguel Orche, portero del club durante más de 20 años, es uno de los muchos jugadores que llegaron casi por casualidad y acabaron quedándose media vida. "Me apunté porque un día pasé por el polideportivo, lo vi y me gustaba patinar", cuenta. Tenía unos patines muy básicos, de los de entonces, y como tantos otros niños aprendió allí no solo a jugar al hockey, sino a patinar de verdad. "Sabía patinar para no caerme, pero no eras un patinador experto. Allí nos enseñaron todo: a girar, a frenar... Los primeros entrenadores fueron dos hermanos, Luis y Javier Caña, y eso no se olvida", recuerda.
El material era escaso y rudimentario. Nada que ver con el presente. "Entrenan al aire libre, con frío, con el suelo mojado... ahora ninguna madre dejaría a su hijo jugar con los patines mojados", bromea Rosalía y no solo por las posibles caídas, sino por el propio precio de los patines. Aun así, la ilusión suplía cualquier carencia. "No teníamos casi material, pero sí muchísimas ganas", resume Miguel, que pasó por todas las categorías hasta llegar a jugar en Primera División nacional siendo aún juvenil. "Los porteros siempre han escaseado, así que con 16 años ya jugaba en el primer equipo y viajaba por Galicia, Cantabria o Asturias".
Miguel recuerda especialmente su etapa como juvenil, cuando el equipo llegó a competir en Campeonatos de España. "Éramos favoritos, pero la liamos", confiesa entre risas. "Nuestros padres cogieron un hotel en Benidorm, jugábamos en Alcoy, y estuvimos de fiesta en la discoteca del hotel hasta por la mañana. Luego jugamos a las once y perdimos contra un equipo de Málaga. Me acuerdo de que nos preguntaron que por qué éramos favoritos y que, si jugábamos así siempre", recuerda.

Es posible que los padres no les hiciera mucha gracia, pero más allá de los resultados deportivos, Orche recuerda el "grupo que hicieron": "Hicimos un grupo muy bueno. Jugábamos juntos, salíamos juntos, éramos amigos. Eso es lo que más echo de menos". Como tantos otros, Miguel se desvinculó del club a mediados de los noventa. Pero el 50 aniversario ha servido para recuperar la conexión. "Cuando me llamaron para el aniversario me hizo una ilusión tremenda. En cuanto me dijeron que había un acto, dije que sí sin pensarlo".
Ese reencuentro se materializó en la gala del pasado 16 de enero, que reunió a jugadores de todas las épocas, entrenadores, familias y representantes institucionales. El concejal del distrito de Latina, Alberto González, destacó durante el acto que estos 50 años representan "una historia profundamente ligada al barrio y a varias generaciones de vecinos", subrayando unos valores que "trascienden la pista y acompañan a las personas durante toda su vida".
El único club municipal que resiste
Hoy, el CHP Aluche es el único club municipal de hockey sobre patines que queda en Madrid. Todos los demás han desaparecido o se han reconvertido en clubes privados o vinculados a colegios. El club sigue entrenando en un polideportivo público del barrio.
Actualmente, cuenta con entre 12 y 13 equipos, desde la categoría micro (niños de apenas cinco años) hasta sénior. Además, del primer equipo que compite en Hockey Bronce, la tercera categoría nacional, lo que implica desplazamientos largos y costosos a ciudades como Valencia, Sevilla o Granada.
Además, el club ha llegado en varias ocasiones al Campeonato de España en distintas categorías, logrando incluso un meritorio cuarto puesto. "Depende mucho del año y de la generación", explica Rosalía, miembro de la Junta directiva. "Ahora estamos más flojitos en algunas categorías, pero los más pequeños van como un tiro".
Las familias, el verdadero motor
Si el club sigue en pie medio siglo después es, en gran parte, gracias a las familias. Padres y madres que organizan viajes, pagan hoteles, llevan a los niños en coche por toda España y, muchas veces, más allá.
"El hockey es un deporte caro", reconoce Rosalía. Un solo stick puede costar unos 80 euros y romperse varias veces por temporada. Los patines son aún más costosos. "Pero en Aluche somos muy familia. Nos pasamos material de unos a otros y lo reutilizamos para la escuela y las extraescolares de los colegios del barrio".

El club mantiene una escuela municipal de patinaje y hockey, en colaboración con el Ayuntamiento, y trabaja en varios centros educativos de la zona, como el CEIP Manuel Bartolomé Cossío. Allí, los niños prueban sin necesidad de invertir en material desde el primer día. "Nunca sabes si un niño va a seguir o no. Aquí les dejamos probar", explica Rosalía.
El compromiso de muchas familias del Club Hockey Patines Aluche va mucho más allá de que sus hijos practiquen un deporte minoritario. Para algunos padres y madres, como Rosalía, formar parte del club implica un sacrificio diario que se mide en kilómetros, tiempo y constancia. Su hijo, de 13 años, llegó a Aluche desde Moratalaz tras disolverse su equipo y, desde entonces, Rosalía recorre cada tarde más de 20 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta, a menudo atrapada en los atascos de la M-40 para que pueda entrenar.
Con mucho futuro por delante
El 50 aniversario no ha sido solo un ejercicio de nostalgia. Durante todo 2025, el club ha organizado torneos de veteranos, un Villa de Madrid especial (uno de los más antiguos de la región), e incluso ha lanzado una camiseta conmemorativa.
Todo ello con la vista puesta en el futuro. "Aquí se respira familia, compromiso y barrio", resume la directiva. Medio siglo después, cada tarde la pista del polideportivo de Aluche vuelve a llenarse de niños que aprenden a patinar, padres que miran desde la grada y veteranos que, aunque ya no juegan, siguen sintiendo que ese trozo de barrio es su casa.
Porque en Aluche, desde hace 50 años, el hockey no es solo un deporte: es una forma de aprender y crecer juntos.