Jesús Torres, autor, director y actor, deslumbró hace cuatro años con su espectáculo Puños de harina, que ha vuelto repetidamente a diversos escenarios de la Capital. No era un recién llegado al mundo teatral porque su compañía, El Aedo, lleva producidos más de treinta espectáculos desde el año 2008, y desarrolla estrategias didácticas para el fomento de la lectura y las artes. Ya en 2016 pudimos ver su producción de Animales nocturnos, en el teatro Fernán Gómez.
Vuelven Torres y El Aedo a este mismo escenario con su último espectáculo: Poeta (perdido) en Nueva York, inspirado en el poemario de García Lorca escrito entre 1929 y 1930 y publicado por primera vez en 1940. En esa obra se aprecia un cambio radical en la poesía lorquiana. Un año antes de su viaje a Estados Unidos había publicado el Romancero gitano.

Jesús Torres no ha querido hacer un recital poético sino que ha construido una dramaturgia sobre la estancia de Lorca en Nueva York a partir de los poemas y de las cartas que dirigió desde allí a su familia. Arranca con el beneplácito de los padres al viaje y escenifica la perplejidad, los temores, el estado de ánimo del poeta al enfrentarse a una gran urbe en la que se vive con una libertad que él desconocía en España. Durante su estancia allí se produjo el crack bursátil de 1929, que le inspiró algunos de los textos.
-Yo siempre he tenido mucho miedo -afirma Jesús Torres- a tocar la palabra de Lorca pero, en el poemario Poeta en Nueva York yo encontré algo que no entendía, y cuando no entiendes algo, se te hace más interesante. En esta obra vamos contrastando las cartas que manda Federico con las poesías que escribe en las mismas fechas. Espero que los espectadores, cuando salgan del teatro, se atrevan a meterse en la poesía de Federico, a perderse en ella y a perder el miedo a no entender esos versos tan crípticos.
El protagonista, según lo encarna Torres, vive angustiado por su incapacidad de asumir la homosexualidad, sobre todo cuando en el club Small’s Paradise, de Harlem, se encuentra con un ambiente que le perturba. Con él recorremos distintos ambientes neoyorquinos, nos habla de sus nuevas amistades, y llega al encuentro con un amor imposible, que le impulsará a viajar seguidamente a Cuba. Un escenario giratorio nos va trasladando desde la residencia de estudiantes a los clubes o a las calles populosas, flanqueadas por gigantes de metal y cristal desde los que, un determinado día, comienzan a llover hombres, los suicidas por la ruina.
No faltan en la representación momentos de gran dramatismo, como los recitados de la monumental Oda a Walt Whitman y del Pequeño vals vienés (que nos trae a la memoria la escalofriante versión que grabó Leonard Cohen). En resumen, es un viaje frenético por una ciudad y por unos sentimientos que no debe dejar indiferente a ningún espectador.
Aunque Torres está solo en escena, la complejidad del montaje nos permite adivinar que tiene detrás a un amplio equipo, que va desde la coreógrafa Mercé Grané al compositor Alberto Granados.
Este espectáculo se estrenó en el curso del Festival de Teatro Español de Londres y, posteriormente, en Rumanía.
Poeta (perdido) en Nueva York se representa en la sala Jardiel Poncela, del teatro Fernán Gómez, hasta el 19 de octubre.
