www.madridiario.es
Almendros en Flor. en La Quinta de los Molinos
Ampliar
Almendros en Flor. en La Quinta de los Molinos (Foto: Chema Barroso)

La Quinta de los Molinos, un tesoro floral de Madrid, ya es Bien de Interés Cultural

miércoles 03 de septiembre de 2025, 12:20h
Actualizado: 16/09/2025 15:25h

Madrid suma un nuevo en clave a la lista de sus joyas patrimoniales. La Quinta de los Molinos, en el distrito de San Blas-Canillejas, ha sido declarada Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Patrimonio Histórico por el Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid. Con ello este espacio natural y arquitectónico ve reforzada su protección, equiparándose en relevancia a otros parques madrileños como El Retiro o El Capricho, aunque aún mantiene el encanto de ser un lugar menos conocido.

Quien lo visita en primavera entiende de inmediato por qué. Sus cerca de 2.000 almendros estallan en flor ofreciendo un espectáculo natural que muchos comparan con paisajes japoneses, un tapiz rosado y morado que convierte cada sendero en una estampa digna de los mejores lienzos.

El expediente para declarar BIC este enclave se inició en junio de 2024. Con su declaración definitiva se ha puesto el broche a un proceso de reconocimiento que eleva su valor cultural, después de haber sido ya considerado Parque Histórico y Jardín de Interés.

La Quinta de los Molinos fue concebida por el alicantino César Cort Botí, un arquitecto, ingeniero, profesor y urbanista que ostentó la primera cátedra de urbanismo en España, fue académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y concejal municipal durante la Segunda República.

Un conjunto arquitectónico y natural

En torno a 1920 el conde de Torre Arias regaló a Cort Botí esta finca, que él trasformó en una villa de recreo con explotación agrícola, inspirada en el paisaje mediterráneo y en las teorías urbanísticas que profesaba sobre la interrelación entre ciudad y campo. Durante los años siguientes fue adquiriendo parcelas hasta definir una extensión de entre 21 y 29 hectáreas.

El conjunto arquitectónico comienza con un palacete y la Casa del Reloj, edificados en torno a 1925 y orientados hacia el sur, sobre la vaguada del arroyo de los Trancos, donde también se creó un lago y jardines.

El Palacete de Cort, con influencias de la Secesión Vienesa y reminiscencias del Palacio Stoclet de Bruselas, es una de las escasas muestras del modernismo austríaco tardío o prerracionalista en Madrid. También se proyectaron fuentes, estanques y molinos de viento importados de Estados Unidos para la extracción de agua. De estos molinos recibe el nombre el parque.

A lo largo de los años, este enclave fue creciendo hasta alcanzar las 29 hectáreas, aunque parte de su extensión se perdió en expropiaciones a mediados del siglo XX. En 1980 pasó a ser gestionada por el Ayuntamiento de Madrid, que la abrió al público en 1983.

Imagen de la Quinta de los Molinos.

El parque es un mosaico vegetal donde conviven pinos, encinas, olivos, viñas, higueras, avellanos, mimosas, hibiscos, adelfas, eucaliptos o romeros, entre muchas otras especies. La fauna es igual de variada: petirrojos, mirlos, jilgueros, verdecillos, gorriones, palomas torcaces o urracas conviven con insectos como las cetonías, abejas, abejorros y mariposas de vivos colores. Los estanques, además, han albergado repoblaciones de tencas y la retirada de tortugas depositadas irregularmente por visitantes.

La Quinta de los Molinos no solo es un parque: es un espacio de encuentro entre la ciudad y la naturaleza, con rincones que aún conservan el espíritu agrícola de su creador y una visión urbana adelantada a su tiempo.

El recinto abre todos los días del año de 6:30 a 22:00 horas. Se puede acceder fácilmente en transporte público: Metro Suanzes (Línea 5) o los autobuses 77, 104 y 105.

Otras declaraciones BIC

Además de la Quinta de los Molinos, el Consejo de Gobierno ha extendido su protección patrimonial a dos piezas de extraordinario valor histórico y artístico: el manuscrito Fueros y Leies Antiguas de España, del siglo XIV, y el dibujo anónimo Vista de la ermita y fiesta de San Isidro en Madrid, fechado en el siglo XIX.

El primero constituye un testimonio jurídico único del derecho medieval castellano. Reúne cuatro escritos fundamentales, entre ellos una versión inédita del Fuero Viejo de Castilla, así como las Leyes del Estilo y las llamadas Leyes Nuevas, organizadas de manera temática, lo que supone una rareza frente a la disposición habitual de otros códices conservados. Su valor no es solo histórico, sino también documental, pues arroja luz sobre la evolución legislativa y social de la Castilla bajomedieval.

Por su parte, el dibujo Vista de la ermita y fiesta de San Isidro en Madrid ofrece un retrato costumbrista de la capital en el siglo XIX. Realizado a plumilla y aguada, pertenece a los materiales preparatorios del célebre Voyage Pittoresque et Historique de l’Espagne, la guía ilustrada que el viajero Alexandre de Laborde publicó entre 1806 y 1820. La escena representa con minucioso detalle la tradicional romería de San Isidro del 15 de mayo, con la ermita al fondo y el bullicio popular en torno a ella. La obra se atribuye a François Ligier, uno de los dibujantes que acompañó a Laborde en su recorrido por España, y constituye un documento visual imprescindible para entender la vida festiva y religiosa del Madrid decimonónico.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios