Carles Sans es uno de los miembros de Tricicle que, desde hace más de un año sale al escenario para interpretar su espectáculo ¡Por fin solo!, del que, obviamente, es único intérprete. Vuelve con él Madrid, tras la excelente temporada que hizo el pasado otoño en el teatro Reina Victoria. Ya es habitual que veamos trabajos firmados por alguno de los componentes de Tricicle, el grupo catalán que ya es historia de nuestro teatro. Hablamos con Carles Sans y le preguntamos al actor que si, después de tanto tiempo, no le dio vértigo mirar a izquierda o derecha en el escenario y no ver a nadie.
CARLES SANS: La verdad es que era un desafío porque después de 40 años trabajando en compañía daba mucho susto y mucho respeto enfrentarse al público en solitario durante casi hora y media. Pero a veces hay que ser valiente y lo hice. La verdad es que ahora lo estoy disfrutando tanto al ver como el público se ríe constantemente y yo me lo estoy pasando tan bien. Es muy gratificante y por eso vuelvo a Madrid después de las seis semanas que estuve hace un año en el teatro Reina Victoria. Acabamos agotando localidades porque es un espectáculo en el que el boca oreja funciona muy bien. Esperamos que estas navidades tengamos el mismo éxito, ahora en el Bellas Artes.
Madridiario: ¡Por fin solo!, puede tomarse como una expresión de alivio, o de satisfacción:
- S.: Hay un poco de todo, aunque, lógicamente, también hay mucho de ironía. Cuando decidimos en Tricicle que nos retirábamos, había que buscar un título y me pareció divertido lo de ¡por fin solo! De hecho, si vemos el programa y el cartel, en ellos están sus siluetas junto a mi figura. En este espectáculo están muy presentes mis compañeros porque en muchas historias de las que cuento, ellos son también protagonistas. Es una especie de homenaje a Tricicle en el que cuento anécdotas muy divertidas, muy locas, todas reales, mías personales y también profesionales. Tricicle está muy presente.
Madridiario: Cuando cada uno de vosotros empezó a afrontar proyectos individuales, ¿se pensaba ya en el final de Tricicle?
C.S.: Fue un proceso que se iba produciendo gradualmente. Empezó Paco Mir con unos proyectos suyos que hacía cuando Tricicle le daba tiempo libre. Luego siguió Joan y poco a poco, sin decírnoslo, fuimos viendo que necesitábamos salir un poco de las costuras en que nos encontrábamos con Tricicle y poder iniciar aventuras propias. Es lo que, de hecho, estamos haciendo ahora cada de uno de los tres y, por cierto, nos va muy bien. Yo creo que sí, que el final fue una cosa gradual.
Madridiario: A final de la década de los 70 y principio de los 80, el teatro español se vio revolucionado por la aparición simultánea de Tricicle, Dagoll Dagom, Joglars, La Fura del Baus… ¿Qué pasaba en Cataluña para que se generarse esta revolución?
C.S.: Fue una conjunción de astros única. Yo no creo que se puedan repetir unas circunstancias como aquellas. Era una época en la que la cultura entraba por Los Pirineos, por Cataluña. Había muchas influencias del teatro francés o del italiano. Europa entraba por allí y después de la muerte de Franco había una necesidad y unas ganas de expresarse libremente y alejarse de lo que era el teatro tradicional, el teatro de tresillo, que era el que había ocupado los escenarios en las décadas anteriores. Curiosamente, empezaron a salir a la vez estos grupos, pero cada uno con una identidad muy definida. En nuestro caso fuimos muy influenciados por Jango Edwards, que era un payaso americano, o por Lindsay Kemp, por toda una serie de elementos que hizo que nos fuéramos a dedicar a este trabajo del gesto, que era algo en España muy desconocido. Esa fue la etiqueta que nos identificaba inmediatamente: que hacíamos teatro sin texto. Huíamos del mimo tradicional de cara blanca, vestido de negro… íbamos más hacia el clown. Aunque, al final, Tricicle se construyó su propio género.
¡Por fin solo!, con dirección de José Corbacho, se representa en
el teatro Bellas Artes hasta el 6 de enero.