El
odio que parte de la afición colchonera (con permiso de la directiva) había acumulado durante toda la semana acabó por explotar a los 64 minutos de partido. Hasta entonces, poco más que algunos silbidos cuando
Vinicius y Courtois entraban en contacto con el balón, pero fue adelantarse el Madrid y desatarse el
bochornoso espectáculo del Metropolitano.
A los 20 minutos de la segunda parte Vinicius provocó una falta en tres cuartos. Cuando todo el mundo esperaba el chut de Valverde, Modric abrió a Vini en banda (dio la sensación de que era una jugada ensayada) y el brasileño dribló hasta línea de fondo, desde donde sacó un centro exquisito de zurda. Todos los defensas del Atlético bascularon al primer palo, mientras el balón volaba bombeado, por encima de todos ellos, hacia el segundo. Allí apareció Militao que, tras control, fusiló a Oblak.
Courtois –al que, como digo, habían silbado durante todo el partido– celebró el tanto mirando a la grada y desató una lluvia de “objetos”. Los avisos protocolarios de megafonía no detuvieron el lanzamiento de mecheros (entre otras cosas) y el árbitro, Busquets Ferrer, mandó a los jugadores al vestuario. Aunque trataron de evitarlo ondeando una bandera por medio, las cámaras captaron la que ya es la imagen de la jornada: Koke, Giménez y Simeone negociando con los ultras del Frente Atlético. Algunos de ellos, cubiertos con pasamontañas de sospechosa simbología.
El partido, en líneas generales, fue muy igualado. Con tramos para uno y otro equipo. En la primera parte quizá estuvo un poco mejor el Real Madrid, con un 4-4-2 en el que Modric suplió la baja de Mbappé. El croata hizo un partido muy digno aunque, de nuevo, Valverde fue el más destacado. Carletto le encargó cubrir la derecha en la línea de cuatro, posición que dificulta su participación en el juego y resta dinamismo al mediocampo blanco. Aún así, recuperó muchos balones (es un ganador de duelos nato) y generó algunas de las mejores ocasiones en ataque. Es el auténtico capitán general del equipo.
La cruz, también de nuevo, fue Tchouameni. Errático con balón, con poca movilidad… Sus movimientos denotan incomodidad y está muy lejos “mandar” en el centro del campo del Real Madrid. No es dominante ni en la creación ni en la recuperación.
El puntito de superioridad que mostró el equipo visitante en la primera mitad fue del local en la segunda. Sobre todo a la vuelta del “incidente”, tras los 15-20 minutos de interrupción cautelar. Con Llorente ya de lateral y la entrada de Samu Lino en el extremo izquierdo (Julián Álvarez pasó a la punta de ataque) los del Cholo mejoraron. El equipo empezó a encontrar a Griezmann con más facilidad y logró incomodar a un Madrid que, sin excesivo dramatismo, tuvo que achicar aguas más de una vez.
Con el 0-1 a favor el Real Madrid se echó algo atrás y cayó (¡de nuevo!) en la trampa de la contemporización. Es esta una táctica muy de Ancelotti, el rasgo más evidente de su italianidad. No había ninguna duda de que, con ese resultado, no haría ningún cambio como mínimo hasta el 85’. Y así fue. Lucas (por Modric), Endrick (por Vinicius) y Fran García (por Rodrygo). El Real Madrid acabó el partido con cuatro laterales, hundido en su propia área y sin ser capaz siquiera de evitar los centros al área del Atlético. Exactamente igual que en el derbi de la pasada temporada en el Bernabéu, en el que el Atlético acabó empatando en el descuento.
En el minuto 94 llegó el 1-1 y la confirmación de los presagios. Correa regateó a Courtois (le favoreció un toque involuntario de Militao) y puso el empate definitivo. El línea marcó un fuera de juego que tuvo que corregir el VAR: la rodilla de Rüdiger habilitaba al delantero argentino. No hubo más fútbol. El partido terminó con una entrada fea de Llorente a Fran García que, tras revisión, le costó la roja directa.
Resultado justo que, por lo agónico, supo mejor a un Atlético que dejó una imágen sonrojante por culpa (principalmente, pero no sólo) del sector violento de su grada. Tras el pitido final, los jugadores rojiblancos se acercaron al Frente a celebrar al compás de los ultras y, en rueda de prensa, Simeone sugirió que habría que sancionar a Courtois por provocar: “Así equilibramos”. Tan cierto es que los radicales no representan a todo el club como que cuentan con la connivencia de una directiva irresponsable y la sumisión de los jugadores y el cuerpo técnico