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El Madrid de Miguel Hernández
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El Madrid de Miguel Hernández (Foto: Ruta Hernandiana Madrid)

Una ruta para descubrir el Madrid de Miguel Hernández

Descubrir a Miguel Hernández paseando

Por Daniel Jiménez Vaquerizo
viernes 11 de agosto de 2023, 07:00h
Actualizado: 16/08/2023 07:47h

“Eres mi casa, Madrid: mi existencia, ¡qué atravesada!”, declaraba Miguel Hernández en uno de los poemas que el oriolano escribió en uno de los 16 viajes que realizó a la capital. Cada uno en diferentes contextos, y cargados de ilusiones por un prominente futuro en el verso mientras el país vivía momentos de grandes cambios. Ahora una ruta guía a los seguidores del poeta por los lugares más simbólicos de sus días en Madrid.

Miguel llegó por primera vez a la gran urbe un 2 de diciembre de 1931. Su gran amigo Ramón Sijé y su madre costearon el billete de tren y la estancia en la capital. Los sueños del poeta se podrían hacer realidad lejos de las cabras montes a los que su padre quería verlo atado. Aitor Contreras, poeta y uno de los impulsores de esta ruta, es vicepresidente de la Institución Asociativa Cultural Hernandianos y el encargado de desgranar las vivencias del autor de ‘El rayo que no cesa’ por Madrid. Reconoce que antes de la primera ruta comenzó el estudio y la documentación de varios años.

Ruta hernandiana por Madrrid. Foto: I.A.C. Hernandianos

Dos veces al mes, Contreras capitanea a un grupo de casi 20 curiosos por las mismas calles que Miguel Hernández recorrió hace más de 90 años. “La gente se sorprende y no sabe la importante presencia de Miguel Hernández en Madrid”, apunta Aitor. El alto número de visitas del poeta a la capital en nueve años es una de las curiosidades que más llama la atención a los seguidores del autor. Las calles de los alrededores de la plaza de Isabel II fueron testigo de las primeras andanzas de Hernández mientras se abría paso en un mundo literario que, más de una vez, miró por encima del hombro a un cabrero de la Vega Baja que entraba en alpargatas al café Pombo y a la tertulia del Lyon.

La primera parada de la ruta nos lleva hasta el número seis de la céntrica Costanilla de los Ángeles, el primer alojamiento del poeta en Madrid. No hay placa que recoja este hecho: “La hemos solicitado al ayuntamiento”, reconoce Contreras. Ninguno de los raiders que pasan a la oficina de la empresa de reparto sabe del curioso inquilino que una vez habitó la finca que comparten.

En 1934 un Miguel Hernández que ya comienza ser reconocido como poeta se muda a la calle de la vuelta, en Caños del Peral. Desde esta ubicación, el también dramaturgo escribe importantes obras y sale a participar en las Misiones Pedagógicas de la II República. En esta casa recibe la visita por su amigo Ramón Sijé, a quién un tiempo más tarde dedicaría su conocida Elegía, muy popular tras musicalizarla en los setenta Joan Manuel Serrat.

El camino nos lleva hasta la plaza de Santo Domingo, donde, entre turistas y skater, Aitor aprovecha para recitar los versos dedicados a Sijé. Con la emoción de quien vive la poesía como agua cotidiana, el guía transmite a los participantes de la ruta el sentimiento que Miguel Hernández destinó a su amigo: “No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta, no perdono a la tierra ni a la nada”.

Los días de gloria de Miguel Hernández terminaron con el inicio de la dictadura. Comenzaba así la larga noche que le llevaría por distintas cárceles de todo el país. Tras intentar huir por Portugal, fue detenido por vender el reloj que años antes le había entregado su amigo Vicente Aleixandre como regalo de boda. Ingresó en la prisión de Sevilla, de la que lo trasladaron al centro penitenciario de la calle Torrijos en Madrid (actualmente calle del Conde de Peñalver). Allí, gracias a las gestiones que realizó Pablo Neruda ante un cardenal, Hernández obtuvo la liberación de manera inesperada, en septiembre de 1939.

De vuelta a su Orihuela natal fue delatado. Tras ser nuevamente detenido, lo llevaron a la cárcel de la plaza del Conde de Toreno donde hoy se asienta un gran edificio residencial.“Aquí intentamos siempre entrar para que la gente vea la estructura de la finca, la misma que la antigua prisión”, señala Aitor Contreras a Madridiario, que reconoce también algunos problemas con el portero del edificio que no siempre recibe de buen grado la visita del grupo de ‘hernandianos’. En esta prisión, Hernández contrae la tuberculosis que más tarde le condenaría a la muerte por el abandono de las autoridades franquistas.

Monumento a Miguel Hernández en el parque del Oeste. Foto: Ayuntamiento de Madrid

Aitor Contreras se mueve entre los turistas que desafían el calor de la Gran Vía en agosto para encaminarse al parque del Oeste, donde finaliza la ruta. Antes, una parada obligada en Argüelles, en la ‘Casa de las flores’ donde residió Neruda mientras era cónsul de Chile y donde tantas horas de tertulias pasó Miguel con otros personajes de las vanguardias literarias de los años 30.

Bajo los imponentes cipreses de este parque, un conjunto escultórico recuerda al poeta alicantino. Instalado aquí, a iniciativa de la asociación de Ex-presos Represaliados Políticos, se inauguró en 1985 bajo el mandato de Enrique Tierno Galván. Ahora, impone su suelo de piedra pulida bajo la mirada atenta del poeta, Varias parejas que ensayan un baile latino se apartan cohibidas y atentas a la explicación de Aitor, que termina la ruta resolviendo las dudas de los admiradores del poeta. Un referente de la literatura española en el siglo XX, pero que en la actualidad sigue siendo recordado más de 80 años después de su muerte.

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