El gran complejo de restauración y comercio de la plaza de Canalejas culmina una de sus propuestas estelares: la galería comercial Canalejas. Ya está abierta y en ella se han instalado muchas de las firmas internacionales del gran lujo. Las tres plantas, a las que se accede desde la plaza, han sufrido una transformación espectacular, en consonancia con la oferta hotelera del complejo. La planta baja y la primera están dedicadas al comercio mientras que en el sótano abren numerosos establecimientos de restauración. Una gran escalinata comunica todas las plantas.
Reúne todas las características para convertirse en un elemento más de atracción turística, a un paso de la Puerta del Sol. Las galerías Vittorio Emanuele II, de Milán, o las Pacífico de Buenos Aires, con sus espectaculares cúpulas, son de visita obligada -comprar es otra cuestión…- para cuantos llegan a esas ciudades.
La Galería Canalejas retoma la historia de este tipo de concentración comercial que comenzó a ser muy popular en Madrid al final de la década de los cuarenta del siglo XIX, siguiendo la moda de las principales capitales europeas. Muy cerca de la nueva galería se abrieron casi a la vez, las siguientes.
Pasaje Matheu
El que hoy conocemos como Pasaje Matheu surgió en 1846 y, en sus primeras décadas, estaba cubierto por una estructura de hierro y cristal al estilo de los que estaban de moda en París. Se conoció como Bazar Villa de Madrid o Pasaje Comercial La Equidad. Popularmente se le conoció por el apellido del promotor, Manuel Matheu. Este había comprado los solares resultantes tras el derribo del convento de Nuestra Señora de la Victoria. Con su Sociedad Comercial Villa de Madrid inauguró, el 15 de abril de 1846 en la calle Espoz y Mina, el denominado Bazar del Siglo. Ese fue el origen de la galería. En sus primeros meses los empresarios del bazar compraron todos los objetos que se producían en la cárcel Modelo para venderlos en sus tiendas. Durante la Semana Santa de 1847 se cerró el bazar para someterlo a una profunda reforma de modernización con la que conseguir la imagen y calidad que esperaban sus promotores. No estuvo mucho tiempo la sociedad al frente del negocio. Avanzado el siglo XIX se abrieron dos cafés populares y rivales: el París y el Francia. La galería acabó perdiendo la cubierta, quedándose en la estrecha calle que comunica las de Espoz y Mina y la de la Victoria. En ella se instalaron numerosos bares y restaurantes que ofrecían como cebo al turista, la típica paella española.
Pasaje Iris
Casi en el mismo lugar donde se ha inaugurado la nueva galería, se abrió en 1847 el Pasaje Iris. Se abría en el número 4 de la calle Alcalá, frente a la Aduana, y tenía comunicación con la Carrera de San Jerónimo. Tenía tres ramales o galerías. La principal se llamó Galería Madrid y las otras dos recibieron los nombres de París y Londres. Las famosas Platerías Martínez surtieron a los comercios con sus valiosos objetos. Además de las claraboyas, en los techos se colocaron más de 4.000 espejos. El suelo era entarimado de madera y el alumbrado por quinqués de gas. En medio de la galería colgaba un gran reloj con dos esferas. La sociedad Iris, que dirigía el señor Fernández de Castro, fue la promotora, siendo también la propietaria de los edificios. La inauguración oficial se produjo el 23 de septiembre de 1847.
Pasaje de Murga
Todavía existe entre las calles de la Montera y Tres Cruces un pasaje comercial que también tuvo su origen en el año 1847. El Bazar de la Compañía General de Comercio se inauguró el 9 de noviembre de 1847. En aquel momento tenía cegada la comunicación con la calle Tres Cruces, lo que fue criticado por la prensa. Comenzó a ser conocido popularmente como Pasaje de Murga ya que había sido el acaudalado vasco Mateo de Murga y Michelena que promovió la construcción de esos edificios de la calle Montera, proyectados por el arquitecto Juan Esteban Puerta. La primera galería desapareció pronto al quebrar la sociedad de comercio, pero el pasaje siempre ha mantenido negocios abiertos, con mayor o menor fortuna.
Bazar del Carmen
Muy cerca del anterior pasaje estuvo el Bazar del Carmen, inaugurado el 1 de marzo de 1906. Lo promovió el empresario Francisco Egea y lo proyectó Antonio Farrés. Se entraba por la plaza del Carmen, con salida a la de Tetuán. Tenía una nave central con treinta y seis puestos de mercado.

La gran galería
Ya avanzado el siglo XX, en diciembre de 1953, se abrió la denominada Gran Galería, entre la calle de San Bernardo y la de Isabel la Católica. Discurre entre el complejo de edificios que construyó la Inmobiliaria San Bernardo sobre los terrenos que habían sido de los jesuitas. Una década antes había comenzado a materializar el edificio conocido como Los Sótanos, donde se levantan el hotel Emperador y el teatro Lope de Vega. En la galería comercial, que sigue abierta aunque sin el esplendor de antaño, se han localizado varios establecimientos de ocio, desde el cabaret y café teatro El Biombo Chino, hasta la discoteca Cool. Al tener la entrada principal por el poco transitado tramo entre la plaza de Santo Domingo y la Gran Vía, no llama la atención de los paseantes, a pesar de su elegante arquitectura.
Pasaje de Fuencarral
Esta galería cubierta que comunica la calle Fuencarral con la Corredera Alta de San Pablo, se encuentra actualmente cerrada y en proceso de reformas. Fue adquirida en 2015 por el fondo americano Green Oak y no sabemos cuál será su futuro. El edificio cuenta con protección urbanística.
Este pasaje, que también era conocido como el de la Mutualidad, porque fue promovido por el Montepío Nacional de Previsión Social de los Productores de la Dependencia Mercantil, está dentro de la manzana proyectada por los arquitectos Manuel Muñoz Monasterio y Manuel Manzano-Monis. El primero, entre otras obras, terminó la plaza de toros de las ventas y proyecto (Con Luis Alemany) el estadio Santiago Bernabeu.

Otros pasajes
Los reseñados han sido algunas de las grandes galerías o pasajes comerciales. Pero la ciudad ha tenido decenas de pasajes, simples conexiones entre calles importantes, en los que se desarrollaba el pequeño comercio.
Entre las calles de Augusto Figueroa (que entonces se llamaba Arco de Santamaría) y la de San Marcos existió el Pasaje de la Alhambra. Tomó ese nombre porque lindaba con el teatro Alhambra, inaugurado en 1870. En mayo de 1888 ya estaba abierto porque informó el pintor Casto Plasencia que había establecido su nuevo estudio, en el novísimo pasaje Alhambra. Posteriormente habitarían allí otros reconocidos artistas. Los bloques de viviendas entre los que se comunicaba fueron derribados hacia el año 1970.
A principio de los años veinte del pasado siglo, existió el pequeño pasaje conocido como María Cristina, entre la calle Mayor y la Travesía del Arenal. Tomó el nombre del café que se había abierto al construir el majestuoso edificio, en cuyos bajos se abrió durante algunos años el teatro Arenal.
La verdad que podríamos citar bastantes más, pero como apunte para relacionar la nueva galería comercial con el pasado, creemos que es suficiente.