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Una ciudad sin plan cultural

martes 07 de abril de 2015, 07:30h
Actualizado: 08/04/2015 07:42h

Todos los conciertos, por pequeños que sean, generan riqueza en su entorno inmediato. A mayores dimensiones, mayor será el ámbito de influencia y mayor la riqueza. Me refiero a hoteles, restaurantes, tiendas, transportes, empresas de servicios, personal... Y, cómo no, para el turismo. ¿O acaso el fan inglés que viene a Madrid a ver a su grupo favorito sube el avión, va al concierto y se vuelve a su casa? Por poco que haga, tendrá que coger un taxi de ida, llegar al recinto, cenar algo y volver a pedir un taxi para el regreso al aeropuerto. Con algo más de tiempo, incluso puede hacer noche en Madrid, visitar algún museo, comprar un souvenir, comer, cenar... Cómo nos gustaría que eso pasara semana tras semana, con actividades que atrajeran a miles de personas de fuera de la ciudad. Pero la realidad es que la oferta cultural en Madrid está bajo mínimos.

Y no voy a reducirlo todo a la falta de apoyo institucional. En los últimos años, la oferta se ha situado en niveles dramáticos; últimamente, por la crisis y la subida del IVA cultural, que ha supuesto una nueva piedra en el zapato de nuestro sector. ¿Cómo vamos a atraer las grandes giras internacionales si nuestras ofertas económicas no pueden situarse a los niveles del resto de Europa? Y aun así, tenemos ejemplos de eventos de calidad que funcionan: este año, los conciertos de OneDirection o RollingStones, los ciclos de Veranos de la Villa, y, en otros ámbitos, espectáculos como El Rey León, que atraen a miles de espectadores de la ciudad y de fuera de ella.

Podría dar más casos de propuestas con tirada, pero no dejan de ser eso: casos aislados. Pensemos en lo que ocurrió en los 80 con la movida. La gente quería venir a Madrid para participar de la vida cultural de la ciudad. ¿Qué define ahora a la capital del estado? No sabría responder a esa pregunta.

Miremos a otras capitales europeas. Muchos de los turistas que deciden visitar Londres lo hacen con una entrada para ver un musical en la cartera. ¿Y en París? ¿Quién no organiza su ruta de museos antes de volar? Fijémonos también en Barcelona, que cuenta con festivales como el Primavera Sound o el Sónar, con un 50 por ciento del público foráneo y un impacto económico de más de 60 millones de euros. Y cuando acaba el verano, llegan propuestas como el Festival Internacional de Jazz, el festival del Mil?lenni o el Cruïlla, que mantienen la llama encendida todo el año.

Madrid necesita movimiento, que ocurran miles de cosas y no solo ofertas sueltas. ¿Por qué Madrid no tiene ni un solo festival de renombre internacional?

Esto no quiere decir que Madrid sea un páramo. Sigue atrayendo turismo tanto interior como exterior, pero más por ser la capital de España que por tener una oferta cultural y de ocio atractiva. La realidad es que no estamos aprovechando todo el potencial que tiene la ciudad.

Madrid sigue siendo un hervidero cultural, pero ha perdido dinamismo. Los promotores culturales y la administración tenemos el reto de recuperar ese espíritu y volver a atraer miradas.

Pascual Egea
Presidente de la Asociación de Promotores Musicales

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