Hay un señor en el Partido Popular que es como Alfonso Guerra en el PSOE: lleva toda su vida viviendo de la política, aunque este último, Guerra, ya ha decidido retirarse. El hombre del PP al que me refiero, aún permanece en la política... y lo que le queda. Estoy hablando de Javier Arenas, un clásico incombustible que se mueve en el partido como pez en el agua, para seguir nadando, ya sea a favor, o contra corriente. El clásico Arenas ha entrado estos días en el asunto de Esperanza Aguirre y su postulado para ser candidata al Ayuntamiento de Madrid. En esto, el político andaluz tiene su opinión, y la ha expresado con estas palabras: "En Madrid hay banquillo y Rajoy no es presionable", de lo que se deduce que para encabezar la candidatura al Ayuntamiento, hay banquillo más allá de Esperanza Aguirre, y al postularse ésta, que no se crea que va a presionar a Mariano Rajoy.
Y lo ha dicho él, Javier Arenas, un hombre acostumbrado a no chupar banquillo, a presionar con su presencia y su porte de señorito andaluz. El fue tres veces ministro, dos veces presidente del partido en Andalucía, y siempre con resultados manifiestamente mejorables. Por esas tierras andaluzas no debía haber banquillo, pues cayó derrotado en su afán de ser presidente de la Junta en tres ocasiones, y hubiera repetido un cuarto intento de no ser porque tanta derrota clamaba por buscar una alternativa en el banquillo.
Intuyo que Aguirre no es santa de la devoción de Arenas, pero al menos debería ser respetuoso con una mujer que en política ha sido más que él, y ha conseguido mayores éxitos electorales, debería ser más respetuoso y no decir en público lo que le pide el cuerpo, lo cual confirma que le gusta seguir metiéndose en todos los charcos, que después habrá alguien que le saque lustre a los zapatos.