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Petardazo de los 'samulitos' y dignas actuaciones de Rubén Pinar y Pérez Mota

Petardazo de los 'samulitos' y dignas actuaciones de Rubén Pinar y Pérez Mota

sábado 01 de junio de 2013, 00:00h
Actualizado: 02/06/2013 17:46h
Cuatro toros de SAMUEL FLORES, y 2º de MANUELA AGUSTINA LÓPEZ FLORES, de mala presentación general, aunque cornalones, muy mansos y muy descastados, aunque noblotes excepto 4º, y justos de fuerzas. 3º, sobrero, de AURELIO HERNANDO (en sustitución de uno de Manuela Agustina López Flores, devuelto por inválido), justo de trapío, tan manso y descastado como los otros. ANTÓN CORTÉS: silencio; silencio. PÉREZ MOTA, que confirmaba alternativa: silencio tras aviso; saludos tras aviso. RUBÉN PINAR: ovación y saludos tras aviso; silencio. Plaza de Las Ventas, 31 de mayo. 22ª de Feria. Casi lleno. El fortísimo viento molestó toda la tarde.
Y con otro añadido aún peor: al menos antes los de Samuel, podridos por dentro, gozaban de la estampa del trapío. Sí, era mulos con cuernos y se les conocía como los 'samulos'. Pero. en lo que el ganadero echó en Madrid, ya ni eso, porque los bicornazos, con unas arboladuras enormes que les tapaban su presencia anovillada, ni siquiera dieron la talla en tal aspecto. Vamos que, como soltó un aficionado: "Ahora ya no son samulos, son samulitos".

Así que, aparte de un viento aterrador que casi hacía imposible mover las telas, ante estos borriquitos con muchos pitones, que huían despavoridos de las cabalgaduras, de percales y pañosas, poco se podía desarrollar en lo que a la tauromaquia se refiere. Y ese poco lo alcanzó Pérez Mota, quien dejó detalles de clase ante los dos de su infumable -léase intoreable- lote, no sólo en series sueltas de redondos y naturales, sino en trincherillas y pases de la firma que le debieran haber ganado un nuevo paseíllo en Las Ventas, pero con toros, no con bueyes. Su confirmación de alternativa fue, pues, más que digna, torerísima.

Pinar se libra de milagro de la cornada
Como la tarde de un Rubén Pinar que merece también mas sitio y puestos más altos en el escalafón, y se apretó con su samulito, que cerró el horroroso festejo, y con el sobrero de Hernando, que pudo asesinarlo, tras pegarle un volteretón en la faena y tenerlo a su merced en el suelo durante medio minuto pegándoloe hachazos sin, por fortuna y por milagro laico, acertarle. Pinar se repuso y, como en el último, fue capaz de extraerle algún buen muletazo, antes de despenarlos a ambos con acierto.

Es verdad que el peor lote correspondió a Antón Cortés, con dos bureles -su primero, con el otro hierro de la casa, el de Manuel Agustina (tanto monta, monta tanto), igual que el resto aunque con menos cuernos- que no querían guerra y se defendían. Pero el coletudo en ningún momento les bajó la mano para someterlos, ni se puso en el sitio,  deambulando sin entrega ni valor ni nada de nada, sobrepasado por los acontecimientos, o sea por los mansazos. Aunque, dada su condición de torero calé, lo peor que se puede decir de él no es que estuviera mal, sino que estuviera vulgar y pegapasista prevenido.

Claro que, como sus compañeros, podrá arguir -en su caso sin justificación profesional- diciendo que él no vino a Madrid a luchar contra los elementos, sino a torear. Y eso es imposible con 'samulones', 'samulos' y 'samulitos'.
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