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'Marina': al estilo tradicional

lunes 18 de marzo de 2013, 00:00h
Actualizado: 20/03/2013 15:12h
El teatro de La Zarzuela recupera hasta el 21 de abril una de las óperas españolas más populares: Marina. Creo que no se veía en este escenario desde que la protagonizó Kraus el año 1994. Esta nueva producción, en el más puro estilo zarzuelero tradicional, está dirigida escénicamente por Ignacio García.
“Marina” tiene una partitura espeluznante para las voces. Por eso necesita un reparto de solvencia que pueda afrontar las numerosas romanzas –o arias- de Arrieta. Todas y cada una de ellas son sumamente populares y los espectadores las reconocen desde los primeros compases. La noche del estreno había clima de éxito. Y se produjo, si juzgamos por los aplausos y aclamaciones en los saludos finales.

Hubo, desde mi punto de vista, tres triunfadores incuestionables: Simón Orfila, Juan Jesús Rodríguez y Celso Albelo. Los tres protagonistas masculinos ofrecieron unas interpretaciones brillantes, impecables. El tenor lo tenía más difícil por el precedente de Alfredo Kraus pero lo resolvió con seguridad y arrojo. Mariola Cantarero es una de las marinas. Cabría recordarle a la soprano que los papeles líricos se componen de dos elementos: música y letra. En el primero estuvo aceptable, resolviendo la terrible aria de coloratura del final con aplomo. Pero no se le entiende una palabra de sus parlamentos. Resulta lamentable –aunque cada vez más necesario- que en una obra española sea necesaria la pantalla superior para seguir el libreto.

El coro, con una presencia muy importante, arrolló en todas sus intervenciones, especialmente en la habanera y el coro de marineros. Cristóbal Soler sacó toda la potencia sonora de orquesta y coro.

Ignacio García ha hecho sus aportaciones a la historia. Cuando entra en escena Jorge, el tenor, canta a las costas de Levante y a las playas de Lloret. Pero el Mediterráneo no está presente en esta puesta en escena. Hay mar de fondo, pero no luz mediterránea. Entre otras razones porque los tres actos transcurren por la noche. Resulta difícil entender cómo se puede trabajar a oscuras en los astilleros. También me sorprendió que en ese pueblo los hombres salgan calzados y las mujeres descalzas. Pero, bueno, son detalles menores. En conjunto, hay espectáculo y excelente interpretación musical. Grandes decorados, que obligan a todo el mundo a llevar la acción a primer término del escenario, y una iluminación y vestuario que nos recuerdan más a Los miserables que a otros precedentes zarzueleros. Según creo, la venta de localidades para toda la temporada avanza a ritmo vertiginoso. Si quiere ver este espectáculo, debe darse prisa en reservar su butaca.
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