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Testigo de cargo: teatro de tarde

viernes 01 de marzo de 2013, 00:00h
Actualizado: 02/03/2013 17:49h
Más de tres meses lleva en el teatro Muñoz Seca el montaje de “Testigo de cargo”, una obra de Agatha Christie que solamente se había visto en Madrid el año 1956. El público tiene afición a este género policíaco y acude en buen número. Es un tipo de teatro al que denomino “de tarde”, porque gusta especialmente al sector maduro que prefiere salir de casa a horas tempranas.
Además, es un tipo de teatro que no engaña en sus pretensiones: quiere entretener con un texto ingenioso, con una puesta en escena convencional pero muy digna y con un reparto numeroso con actores de prestigio. Con todo ello está montado 'Testigo de cargo', dirigido por Javier Elorrieta.  Como lo haría Arturo Serrano en 1956. Este empresario encontró un filón en Agatha Christie y presentó una decena de sus obras entre ese año y 1961. La escritora sigue siendo un filón porque La ratonera, que llega a su tercera temporada en otro teatro, también está llenando.

La historia es aparentemente sencilla. Un joven es acusado del crimen de una anciana. En el juicio todo parece ponerse en contra suya hasta que el azar proporciona unas pistas inesperadas. Y ya nada es lo que parece. En el último minuto pasan muchas cosas, casi todas inesperadas. Esa es la rúbrica de la señora Christie.

Habrá sido una aventura encajar en el pequeño escenario del Muñoz Seca este espectáculo. En otro mayor luciría más. Pero se representa con dignidad. Se podría prescindir de un amago de comienzo que no añade nada y despista. Parece un error del telonero. Después todo va sobre ruedas porque hay un reparto muy solvente. Manuel Galiana es un valor seguro de la escena y la televisión y Paca Gabaldón, otro. Por cierto que no entiendo por qué no trabaja más esta actriz. En generaciones más jóvenes Luis Fernando Alvés, Lara Dibildos e Iker Lastra están más que correctos.

¡Qué placer estar en una de las últimas filas y escuchar unas voces extraordinarias, bien colocadas, con una vocalización impecable! Esto, que debería ser obvio en el teatro, es cada vez más difícil de encontrar. La amplificación -incluso en teatros pequeños- y la falta de educación de la voz y la dicción están devaluando el hecho escénico. No hablemos ya de “inventos” como el que se presenta ahora en La Abadía, que echan al público de los teatros. Seguramente para no volver.

Un jueves, con un frio de justicia y lluvia, el teatro estaba casi lleno con ese público de tarde. Ese que espera a que comience la función para desenvolver caramelos en una operación que dura varios minutos. Ese público con señores de una cierta edad que, al no haber intermedio, tienen problemas de próstata que les obliga a levantarse varias veces. Siempre están en la última butaca de la fila. No entiendo –y no pasa solo en las tardes- a esos espectadores que consultan sus teléfonos móviles varias veces durante la función, encendiendo las molestas pantallitas. ¿Para qué van al teatro?.

Tampoco entiendo los números del teatro. Hoy, menos. Un espectáculo como este tiene diez actores y un equipo técnico. El teatro se está llenando pero tampoco tiene un gran aforo. Las entradas se compran ya, sobre todo, por canales promocionales. Luego está lo del 21 por ciento de IVA. Así que ¿cómo se gana dinero? O, simplemente ¿cómo se pagan los gastos? Misterio.
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