lunes 15 de agosto de 2011, 00:00h
Actualizado: 22/08/2011 09:45h
A Madrid vienen esta semana peregrinos de todo el mundo, políticos con el sentimiento de haber tenido las vacaciones más cortas de su vida, turistas de mochila y también de hotel, artesanos del mangui (vulgo carteristas), anticristos y antipapas, indignados sin fronteras, jóvenes entusiastas de grandes acontecimientos sin que pierdan el orden y el control, manteros que vuelven de las playas y de los paseos marítimos para hacer su agosto en Madrid.
La capital de España va a ser la capital del mundo por unos días. La imagen de nuestra ciudad va a tener una proyección internacional. Pueden ser unos buenos días, sino viene algún mal nacido con hambre de alboroto y nos los chafa. A esos espontáneos de última hora que nos quieren salvar del caos del tráfico, de las aglomeraciones, de los inconvenientes, de los problemas de movilidad que causan acontecimientos como la JMJ, diciendo que tantos quebraderos no tienen justificación, hay que aclararles que los madrileños ya estamos acostumbrados, que vivimos todo el año en una ciudad receptiva, que es el objeto del deseo de los reivindicadores de toda España. Estamos acostumbrados a sufrir una media de tres manifestaciones diarias, muchas de ellas llegadas de fuera; grandes concentraciones festivas o reivindicativas, desfiles del Orgullo Gay, acampadas de indignados y otras movidas. No nos vamos a asustar por un acontecimiento único, histórico, que va a pasear el nombre y la imagen de Madrid por todos los rincones del orbe. Bienvenidos a la Villa y Corte.
|
Cronista Oficial de Madrid y Getafe
|
|