'Burundanga': el arma de la risa
domingo 31 de julio de 2011, 00:00h
Actualizado: 02/08/2011 12:54h
Durante casi todo el siglo XX, los teatros madrileños eran ocupados durante el verano por compañías de segundo orden, aprovechando que las titulares se marchaban de gira. Eran espectáculos menores, interpretados generalmente por actores que tenían dificultades para actuar en las épocas más rentables de taquilla. Alguna vez sonaba la flauta y los suplentes tenían más éxito que los titulares. Por ejemplo, en pleno verano de 1972 -12 de agosto- se estrenó en el viejo Maravillas 'Sé infiel y no mires con quién'. ¡Diez años seguidos estuvo en cartel por toda España y todavía se repone! Casi 40 años después, la divertida comedia 'Burundanga' sigue los mismos pasos.
Pues en este verano del 2011 en el mismo teatro Maravillas (el mismo, no, el que sustituye al anterior) se ha presentado un espectáculo con título desconcertante, 'Burundanga', firmado por un autor de éxito y con algunos cómicos reconocidos. Y el éxito les está sonriendo porque logran provocar las carcajadas del respetable.
Hacía falta mucho valor para escribir un vodevil con la ETA como protagonista. Y más valor para montarlo e interpretarlo. Pero el público madrileño muestra su buena salud sicológica riéndose con este brillante disparate urdido por Jordi Galcerán y dirigido por Gabriel Olivares. El autor demuestra varias cosas: que con el arma de la risa se puede derrotar la ideología más totalitaria y que domina lo que siempre se llamó "carpintería teatral".
Es un gusto saber que si un actor dice que tiene dos dosis de droga, en algún momento se usarán las dos; que si una protagonista reitera su pasión por los uniformes, algo pasará con ellos. Y pasa. 'Burundanga' es una pieza que tiene un arranque -presentación-, un desarrollo de esa idea inicial y un desenlace. Ya sé que hoy muchos teóricos del teatro prefieren esos textos en los que no pasa nada, que lo mismo se pueden leer que recitarse en un escenario. Que no tienen teatro, para que nos entendamos. Pero a mí me gusta ver historias que empiezan y acaban. Debo ser un antiguo.
El título de esta comedia alude a la droga 'de la verdad', la que usan los delincuentes para averiguar claves de tarjetas, direcciones, contraseñas, etc. Solo que las protagonistas la usan para saber si el novio de una la quiere. El resultado es cómicamente demoledor y, desde luego, sorprendente. Da gusto ver cómo el auditorio estalla en carcajadas el primer minuto y ya no para de reír. Contribuye, y mucho, la interpretación. Siento especial admiración hacia Mar Abascal, la 'vis' cómica más arrolladora de los últimos años. Entra en esa galería de las grandes absurdas de la escena española -las Muñoz Sampedro, Gracita, la Roy…- capaces de soltar con la más absoluta convicción el disparate más grande. Es la heredera directa de las grandes locas jardielanas.
Pero no debo rebajar el nivel de sus compañeros, entregados todos a interpretar con gran esfuerzo físico, sus roles respectivos: Antonio Hortelano, César Camino, Marta Poveda y Eloy Arenas. Este último utiliza otra clave humorística. Eloy no necesita levantar la voz. Coloca los chistes como aconsejaban los viejos actores, por lo bajo, dejándolos caer inocentemente. Y también los encaja todos. Siempre se ha recomendado, para lograr el éxito de una comedia absurda, interpretarla como si la acción fuera la más real, la más normal, la más cotidiana. En este caso, como si tener un secuestrado en casa nos pasara a todos. La compañía de 'Burundanga' lo hace así y da en la diana.
Seguramente Galcerán ha querido, en el fondo, desarrollar una esperanza que tenemos todos los españoles: que una organización como ETA desaparezca ya ante el sinsentido de su existencia. El deseo de que se llegue a un fin que no será como el de su comedia, pero un final que nos libere de esta pesadilla terrorista. Como en cualquier época y, casi, como en cualquier sociedad, el humor puede con todo. Se irán pronto del Maravillas, pero no me extrañaría que volvieran. El experimento veraniego ha sido todo un éxito.