En sus 220 páginas, el Libro Blanco no contiene ninguna propuesta específica para acabar con las demoras en
Atención Primaria (entre 1 y tres días para obtener cita en el centro de salud dependiendo del centro), los retrasos en las
pruebas diagnósticas (40 días de media según la Consejería de Sanidad y más de tres meses y hasta seis, según la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública, para especialidades como traumatología) o las
esperas para ser operado, que van desde los
30 días garantizados por el Gobierno de Esperanza Aguirre a varios meses de acuerdo a cada caso.
Preguntados por
Madridiario, tres de los expertos que han elaborado este manual aseguran que las
listas de espera también pueden reducirse gracias al Libro Blanco. Sin embargo, como advierte José Ramón Repullo, "no hay una varita con la que hacer magia" para poder acabar con ellas.

Repullo, profesor y jefe del Departamento de Planificación y Economía de la Salud de la Escuela Nacional de Sanidad (Instituto de Salud Carlos III), califica de "atípica" la forma en que el Gobierno regional cuenta las listas de espera [un paciente ingresa en ella no cuando se le prescribe la operación, sino cuando
visita al anestesista, momento en el que la Comunidad se compromete a operarle en 30 días]. Para el especialista este sistema prioriza una cirugía programada frente a una en la que los propios médicos decidirían
qué paciente tiene prioridad según la posibilidad de degeneración de su dolencia. "Esta es nuestra idea: crear consultas de alta resolución de casos, discriminar patologías y educar. Otros países tienen menos lista de espera como Alemania o Francia, pero son más potentes económicamente. El mejor modelo es el español, pero mejorado. Lo que se ha hecho en Madrid ha sido invertir en ladrillo [
ocho hospitales más
otros tres en construcción], pero quitando recursos a los grandes y medianos hospitales y dejándonos sin áreas sanitarias. Eso es lo que hay que cambiar dando el poder a los profesionales", detalla.
Su colega Luis Ángel Oteo, jefe de departamento de Desarrollo Directivo y Gestión Sanitaria en la Escuela Nacional Sanitaria, insiste en dar a los médicos la
autonomía y las
herramientas necesarias. "Los países nórdicos y los británicos han apostado por la descentralización, dando recursos a los profesionales y a los centros para que tomen decisiones, y les ha funcionado. Al paciente hay que atenderle
just in time, cuando lo necesita, no diciendo que se hará en 30 días o en otro plazo", subraya. Manuel Oñorbe, técnico de Salud Pública de la Comunidad y ex director de Salud Pública del Ministerio de Sanidad, añade que acabar con la mixtura de
modelos de gestión que aplica hoy la Consejería de Sanidad (hospitales públicos, modelo Valdemoro o gestión total como los próximos de Móstoles o Collado Villalba) es esencial.
José Manuel Freire corresponde a los anteriores. Este ex consejero de Sanidad del Gobierno vasco (1987-1991) es el fichaje estrella de Tomás Gómez en materia de Sanidad. En su opinión, el Gobierno de Esperanza Aguirre prometió a ciegas operar a todos los pacientes en 30 días, en lugar de detectar los
fallos del sistema. "Hace falta estudiar dónde está el atasco y por qué. ¿Hay coordinación suficiente entre la Atención Primaria y el especialista a la hora de ordenar pruebas? ¿Por qué se espera tanto en los hospitales? ¿Hay más demanda de la que puede soportar el sistema? ¿Hay prioridades a la hora de operar? No hay ningún sistema de
evaluación interna ni de
información al paciente. Hay que implantar la información y la transparencia, darles todos los datos para que puedan decidir efectivamente. Esa es la clave", afirma.
De la pública a la privada
La capacidad de decisión es una de las ideas claves que recoge el Libro Blanco. Tomás Gómez lo recibió este lunes asegurando que, con él, el PSM "personalizará los servicios sanitarios hacia el ciudadano" y acabará con "la
politización del sistema" para recuperar los servicios públicos. La situación actual, advirtió, ha provocado que un 30% de los ciudadanos madrileños acuda a la sanidad o los seguros privados. En su opinión, una parte importante de la clase media madrileña se pasa a la privada al existir "esperas que no se pueden aguantar".
Para cambiar las tornas, el Libro Blanco propone, entre otras, acabar con las designaciones "a dedo" en las gerencias de hospitales y las jefaturas de servicios,
eliminar el área única sanitaria recién implantada, o recuperar la Dirección General de Salud Pública. También coloca como prioridades educar en el uso de los servicios sanitarios (las
atascadas Urgencias, por ejemplo), potenciar la prevención, hacer realidad el derecho a una
muerte digna, orientar a los pacientes sobre dónde pueden ser mejor tratados o que los ayuntamientos estén representados en los órganos de decisión de su zona. Por último, insta a hacer grandes reformas como la del Servicio Madrileño de Salud (SERMAS) o de la atención a la dependencia y la salud mental.