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Woyzeck: hermosa frialdad

Woyzeck: hermosa frialdad

sábado 12 de marzo de 2011, 00:00h
Actualizado: 15/03/2011 13:21h
'Woyzeck' es una pieza teatral que, en los últimos años, ha aparecido regularmente en el circuito alternativo. También la versión operística se ha podido ver en la Zarzuela y en el Real. Gerardo Vera la monta ahora a lo grande en el teatro María Guerrero, donde permanecerá hasta el 22 de mayo.
Este 'Woyzeck' es un atractivo montaje escénico. La escenografía es bellísima, con algún hallazgo afortunado, como las grandes barras abatibles. Se ha cuidado la iluminación, que resulta dramáticamente eficaz. El numeroso reparto es homogéneo y no desentona ninguno de los actores, desde los protagonistas a los figurantes. Pero 'Woyzeck' no apasiona, no engancha al espectador.

El soldado Franz Woyzeck es un manso que, al contrario de lo que preconizan las bienaventuranzas, no posee la tierra. Su comunidad lo tiene explotado, la ciencia lo usa como conejo de indias, su pareja le engaña con la soldadesca… Pero en el patio de butacas no tenemos la sensación de humillación y explotación del personaje. Así que tampoco esperamos y vemos lógico el trágico desenlace al drama.

En una especie de prólogo, el director nos adentra en territorio del cabaret berlinés. Pero se queda ahí: no vuelve a aparecer. Sí tenemos una sucesión de escenas que no llevan a una progresión dramática. Se quedan en hermosas imágenes que empiezan y terminan en sí mismas. Hasta llegar a un final ambiguo, aunque la obra podría prorrogarse sin problema. La noche del estreno, el final fue recibido con una frialdad preocupante.

En el numeroso reparto, encabezado por Javier Gutiérrez y Lucía Quintana, aparece Ana María Ventura. Actriz fetiche de Francisco Nieva, seguramente es una de las pocas supervivientes de la gran época del María Guerrero como Teatro Nacional. Hace 59 años ya actuaba allí a las órdenes de Luis Escobar en 'Un día de abril', en una compañía gloriosa que incluía a Mary Carrillo, Amelia de la Torre, Adolfo Marsillach y Berta Riaza, entre otros. Más tarde trabajaría frecuentemente en el mismo escenario reclamada por José Luis Alonso. Formada junto a Catalina Bárcena en La Comedia a comienzo de los años cincuenta, pasó antes por el Infanta Isabel de Arturo Serrano y por el cine nacional antes de consolidarse como primera actriz. Verla de nuevo en este teatro es una satisfacción y quiero rendirle mi homenaje, como representante de una generación de intérpretes injustamente olvidados, aun siendo capaces de seguir actuando con solvencia.
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