sábado 19 de febrero de 2011, 00:00h
Actualizado: 01/03/2011 14:29h
La actriz Florinda Chico ha muerto en Madrid a los 84 años. Llevaba retiradadesde hace casi diez años de toda actividad pública.
Florinda, nacida don Don Benito (Badajoz), fue primero una exuberante vedette de revista y más tarde una sólida actriz de comedia. En las pocas ocasiones que le dieron oportunidad, demostró ser una extraordinaria actriz dramática. Baste recordar, en cine, Cría Cuervos (1975) y La casa de Bernarda Alba (1987). En la gran pantalla formó pareja con Paco Martínez Soria en, al menos, cuatro películas. Pero trabajó al lado de todos los grandes nombres del cine. El año 2002 estuvo en el debut como director de Jordi Mollá: No somos nadie, su último trabajo.
Su carrera, en cine y teatro, comenzó a despegar a principio de la década de los cincuenta. Rodó en 1953 Intriga en el escenario. Moreno Torroba la contrató como segunda vedette para la revista Guitarra mía (1954). Con María Fernanda Ladrón de Guevara hizo, en 1957, Dueña y señora, apareciendo con su segundo apellido: Martín-Mora.
Llama la atención en su carrera que, en muchas ocasiones, su éxito estuvo ligado a una pareja artística. Con Rafaela Aparicio formó un dúo de chachas que popularizó el programa de televisión La casa de los Martínez. Ambas actrices volverían a reunirse sobre un escenario en comedias escritas a su medida por Rafael Mendizábal. Mi tía y sus cosas (1985) fue un auténtico bombazo en la taquilla, provocado por la simpatía de que gozaban las dos veteranas actrices. La televisión sería también uno de sus últimos vehículos profesionales formando una estrambótica pareja con Arturo Fernández en La casa de los líos.
Pero también debemos citar su unión profesional con Lina Morgan. Habían trabajado juntas en películas como La graduada (1971); La descarriada (1972); Esta que lo es (1974) y Un día con Sergio (1975). Cuando Lina decidió convertirse en empresaria de revista, contó con Florinda como actriz cómica. Y triunfaron rotundamente con Pura metalúrgica (1976) y Casta ella, Casto él (1976) Después cada una siguió con sus carreras respectivas.
Florinda, superada su etapa de revista, siguió triunfando en el teatro. José Luis Alonso le dio un hueco en el María Guerrero donde intervino en El sol en el hormiguero (1966); Los malhechores del bien (1966), La cabeza del Bautista (1967) y La enamorada del rey (1967). Fue actriz-fetiche para autores como Alfonso Paso, del que estrenó, entre otros títulos, La fiebre en junio (1964), La corbata (1964), Víspera de domingo (1966), Cómo está el servicio (1968) o Viuda ella, viudo él (1968).
Directores como Fernández Montesinos o García Moreno supieron sacarle su vena tragicómica en montajes como La mamma (1989) o María la mosca (1980). En los últimos años, su extraordinario trabajo fue recompensado con galardones como la Medalla de Oro de las Bellas Artes y la del Mérito al Trabajo.