Aunque el Casino de Madrid ha soplado las velas en este 2010 por sus cien años como inquilino en la calle Alcalá, lo cierto es que esta sede de reuniones sociales y culturales comenzó su andadura 70 años antes, en 1836. Personalidades como Espronceda, Alcalá Galiano, Ventura de la Vega, el duque de Osuna o el Marqués de Salamanca han formado parte de la renombrada élite social que vio nacer este lugar.
La institución ha sido testigo "en primera persona" de manifestaciones patrióticas, visitas de Reyes y Jefes de Estado, o incluso celebraciones litúrgicas. "La jura de Alfonso XIII, el desfile del Dos de Mayo y el estacionamiento subterráneo de la calle Sevilla han sido algunos de los momentos que ya forman parte de la historia del Casino de Madrid", cuenta Miguel Ángel Ramírez, uno de los documentalistas del Casino que mejor conoce la historia de este edificio.
Más de un siglo de historia

En uno de los cafés más concurridos por la buena sociedad madrileña en 1836, el de Sólito, citado por Fígaro en sus artículos de costumbres y por Zorrilla en sus 'Recuerdos del tiempo viejo', se fraguó la idea de lo que es hoy en día el Casino.
Ubicado en la calle del Príncipe, esquina a la de Visitación, en una casa ya desaparecida, allí se reunían amigos y compañeros en tertulias de las que surgió la idea de crear algo más estable que permitiese seguir disfrutando de las reuniones. Fue entonces cuando decidieron arrendar, por veinticuatro reales diarios, el piso principal de la misma casa. Y en 1837 se constituyó formalmente una sociedad. "Entonces eran 64 socios que decidieron poner la palabra 'Casino', por diferenciar a este edificio de otras instituciones de carácter político y por su significado de sociedad de recreo y reunión", explica el documentalista.
En pocos meses, los apellidos más destacados que pertenecen a la historia del siglo XIX formaban parte del Casino. En 1840, la Sociedad se trasladó a un local más amplio, el 12 de la misma calle del Príncipe, al lado del moderno Teatro de la Comedia,

donde estuvo domiciliado ocho años, hasta que se alquiló el Palacio del Marqués de Santiago, en la Carrera de San Jerónimo, nº 29. Los socios dotaron al nuevo edificio de buen mobiliario y valiosas obras de arte, y celebraron sus primeros actos sociales relevantes.
Fue en 1868 cuando el Casino del Príncipe pasó a llamarse Casino de Madrid. En 1880, los socios se trasladaron a la casa del Café Suizo, donde hoy están las oficinas del Banco Bilbao Vizcaya. Once años después, los socios estrenaron su quinta sede, el edificio de la Equitativa, en la confluencia de las calles de Alcalá con Sevilla. Pero fue a principios de siglo XX cuando el Casino de Madrid decidió tener su propio edificio y se construyó la sede actual de la Sociedad. Para construir el emblemático edificio se convocó un concurso internacional de arquitectos al que concurrieron -entre otros- los franceses Guillaume Tronchet y L.Fargé, y el belga Boonen. "Se elige a Fargé; pero en aquella época un arquitecto extranjero podía enviar los planos, pero no podía trabajar directamente en el proyecto, así que finalmente se encargó la obra a José López Sallaverry, socio del Casino y que tardó cinco años en erigir el edificio", recuerda el archivero Ramírez.
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Unos años antes de construirse la actual sede del Casino, en 1902, la mujer consiguió por fin hacerse hueco entre la sociedad más privilegiada que accedía a estas reuniones. "Las mujeres eran socias desde 1987. No tenían prohibido el acceso, lo que ocurre es que en aquella época no era habitual que una mujer frecuentase esos ámbitos, más restringidos al público masculino". Así lo cuenta Ramírez, quien recuerda también que la arquitecta Emmanuela Gambino fue la primera socia.
Una joya arquitectónica
El nuevo edificio se inauguró en 1910 coincidiendo con una de las épocas de mayor esplendor de la Sociedad. A sus espaldas ya tenía una presencia histórica, cultural y -por supuesto- arquitectónica.
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Entrar en sus dos salones:
Real y Puerta del Sol, y observar los restaurados y bien conservados frescos de sus paredes invita a viajar entre las maravillas artísticas que decoran cada rincón de las estancias.
Conserva en su interior "valiosas obras de arquitectura, escultura y pintura", así como numerosos detalles como
las vidrieras de la Casa Maumejéan, las lámparas de Cristal de La Granja o la valiosa colección de relojes. Las esculturas '
Las tres edades de la mujer' de Mateo Inurria, y '
Las cuatro estaciones' y '
Cleo de Merode' de Mariano Benlliure, se imponen en la planta principal del Casino.
Los cuadros de Romero de Torres, Emilio Sala, Alvarez de Sotomayor y Anselmo de Miguel Nieto, completan la decoración de cada uno de los espacios del emblemático edificio.

También cabe destacar la biblioteca de estilo neogótico con fondos bibliográficos catalogados e informatizados. No es de extrañar que en 1992 el Casino fuese declarado Bien de Interés Cultural con categoría de monumento.
No faltan los
detalles en carpinterías, griferías y pomos de ventanas. Una decoración que indica el gusto refinado de la sociedad madrileña en aquella época y que se sigue manteniendo a día de hoy, a pesar de los elevados costes de cada una de las piezas a restaurar.
Un Casino de cine
Varios rodajes eligieron al Casino como escenario de algunas de las historias cinematográficas. Por su impresionante
Escalera de Honor han desfilado estrellas de Hollywood como Humphrey Bogart y Howard Hughes.
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Pero no ha sido la única estancia del Casino utilizada por el séptimo arte. El Salón Real con sus impresionantes lámparas de cristal y la emblemática fachada aparecieron en '
Elsa y Fred', protagonizada por el actor Manuel Alexandre, fallecido este año 2010. '
Últimas vacaciones' (2003) escogió este edificio para simular un hotel de lujo de Amsterdam, situando algunas de las escenas en el Salón Puerta del Sol y en el patio.'
La loca historia de los mosqueteros' (1983), '
Operación Gómada' (1995) y '
La Casa de Troya' fueron otros de los rodajes que tuvieron lugar aquí.
No faltaron anécdotas en algunas película, como en '
La gran Vida', con Carmelo Gómez, Salma Hayek y Tito Valverde. El lugar escogido era la terraza del Casino, que se conviertió en un restaurante de lujo desde el que se divisaba la Torre Eiffel. Pero si se presta atención a esa escena, se puede ver reflejada en el cristal de la ventana, durante una romántica cena, la cuádriga del banco BBVA.

La singularidad del edificio ha permitido rodar también
anuncios, como el protagonizado por el automovilista Fernando Alonso en el que tenía que abandonar su coche de Fórmula 1 para subirse a un caballo pura sangre. El Salón Real fue ambientado como si se tratara de unas caballerizas reales.
Así es y así ha sido el Casino de Madrid; un fiel testigo de la historia.