martes 06 de julio de 2010, 00:00h
Actualizado: 09/07/2010 17:10h
Alcalá de Henares compite con otras 15 ciudades españolas y unas cuantas docenas en el resto de Europa por convertirse en la Capital Cultural Europea en 2016. La ciudad complutense tiene muchos méritos para alzarse con el título: por su historia y por su riqueza arquitectónica, resulta una candidata idónea. Es ya Patrimonio de la Humanidad, y eso no pueden decirlo muchas otras de las que se postulan para 2016. Conseguir este nombramiento le reportaría sin duda protagonismo, inversiones e ingresos.
Las ciudades ganan casi siempre con estos eventos. Salvo excepciones que es mejor olvidar, a poco listos que sean sus dirigentes políticos de turno, estas oportunidades se aprovechan para sacar pecho y para redondear esas inversiones que marcan la diferencia y que, de no ser por empujones así, tal vez tardarían muchos años en llegar. Madrid fue Capital Europea de la Cultura en 1992. Y aunque el acontecimiento parecía pasar casi desapercibido entre tanta celebración -Juegos Olimpicos en Barcelona, Exposición Universal en Sevilla-, lo cierto es que también aquí la ciudad ganó, y mucho, con el nuevo título: baste decir que la Casa de América, el Museo Reina Sofía o el Thyssen se abrieron justamente en esa fecha.
Por eso la iniciativa que acaba de presentar el alcalde alcalaíno, Bartolomé González, es tan positiva, tan oportuna -nada mejor que la cultura para salir de la crisis- y tan buena para Alcalá de Henares. ¿Qué mejor que la ciudad del autor del Quijote para encabezar culturalmente Europa, aunque sea sólo por un año. El mismo, por cierto, en que se cumplirán 400 de la muerte de Miguel de Cervantes.