Está próxima a iniciarse una nueva edición de los Veranos de Villa, con varios espectáculos representados al aire libre. El escenario Puerta del Ángel, los Jardines Sabatini y el patio del Galileo son los más populares. Y herederos de una tradición madrileña: los teatros de verano.
Durante la segunda mitad del siglo XIX, y hasta bien avanzado el XX, Madrid contó con una serie de recintos en los que sus habitantes intentaban combatir los rigores veraniegos. Algunos, predecesores de los actuales parques de atracciones, tenían una oferta variada de entretenimiento y gastronomía. Otros fueron poco más que barracones desmontables. Unos y otros ocuparon espacios en el entorno de la Puerta de Alcalá, la Bolsa y el paseo de Recoletos. Los parques recreativos, obviamente, antes de que comenzara el desarrollo urbanístico del barrio de Salamanca.
Los Campos Elíseos, en el área donde hoy comienza Velázquez, fueron los más ambiciosos, contando con el teatro Rossini donde, por ejemplo, se representó por primera vez la ópera Fausto, de Gounod. Se inauguraron en 1864 pero no gozaron de gran popularidad porque subir hasta la parte trasera de la Puerta era un trayecto muy lejano para los madrileños del XIX. Allí estuvo también la anterior plaza de toros. Más frecuentado fue el Teatro Circo Príncipe Alfonso, en el paseo de Recoletos. Tuvo varios nombres ya que, tras el derrocamiento de Isabel II, pasó a llamarse circo de Madrid y también fue conocido como Circo Rivas, el apellido de su propietario, Simón de las Rivas.
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Muy efímero, pero recordable en este año del centenario de la Gran Vía, fue el Salón Teatro Iris. Aprovechando un espacio sin edificar en el tercer tramo de la avenida, Eduardo Dato, 30, el verano de 1935 se abrió un espectacular recinto bautizado con ese nombre. Contaba con escenario, platea y sesenta palcos. Todo el conjunto simulaba un campamento de tiendas árabes. Para la inauguración, el 7 de junio, se contó con la colaboración de artistas y artesanos, como el recordado Cecilio Rodríguez. La primera compañía estable que tuvo ese verano estuvo encabezada, nada menos, que por Selica Pérez Carpio. Apenas permaneció abierto un mes y medio. Aquel solar fue después la actual plaza de los Mostenses porque allí estuvo el primitivo mercado, derribado para cumplir el trazado de la Gran Vía.
Y en uno de estos teatritos, el Felipe, se estrenó en 1886 la zarzuela La Gran Vía, anticipándose catorce años al comienzo de las obras. Propiedad de Felipe Ducazdal, se levantaba en el lugar que ocupa hoy el Palacio de Cibeles. En esa misma zona estuvieron los Jardines del Buen Retiro, con su teatro incluido. El parque llegaba hasta esos límites y se consideraba el lugar más fresco de Madrid. No importaba tanto la calidad de los espectáculos, como el dejar pasar dos o tres horas disfrutando de aquella vegetación posteriormente, talada. Como tantas veces sucede en nuestra Capital.
Tras la construcción del palacio de Correos, los espectáculos se trasladaron algunos veranos a la Chopera del Retiro, al llamado Teatro de la Naturaleza. El Centro Hijos de Madrid se constituyó en empresa el año 1917, antes de arrendar el actual teatro Calderón, en una aventura que les resultó ruinosa.
Posteriormente hubo varios proyectos para levantar nuevos teatros dentro del parque, junto a la Casa de Vacas, pero no prosperaron. De los que más se habló fue de los presentados en 1918 y 1948. El Retiro sí se volvió a utilizar como escenario natural para representaciones veraniegas tras la Guerra Civil, con algunos montajes muy sonados. Pero el trasiego de ciento de personas por el parque en la noche, no se reveló como muy saludable para el Retiro.
En la periferia
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Los teatros veraniegos no fueron una exclusiva del centro de la ciudad. Hubo empresarios que se arriesgaron a llevar sus negocios a barrios entonces periféricos. Quizás los pioneros fueron los promotores de la Ciudad Lineal. Ya en 1909 disponía aquella colonia de verano, de un coqueto teatrito. Más tarde se transformó en un parque de recreos bautizado como Kursaal. Seguramente estos recintos se nutrían de los veraneantes porque llegar hasta allí a principio del siglo XX no era una tarea fácil.
En 1920, en Moncloa, se intentó que resultara atractivo el Parisiana. Como estímulo, la empresa puso un servicio especial de automóviles, al precio de una peseta el asiento, que llevaba al público desde la calle Sevilla. En agosto de 1929 la plaza de toros de Tetuán de las Victorias se convirtió en teatro veraniego, contratando a la compañía del teatro Apolo, en trance de desaparición. Había entradas por setenta y cinco céntimos y se aseguraba servicio permanente de metro y autobuses.
Otros teatros
Con mayor o menor fortuna, y con apenas continuidad, funcionaron algunos veranos otros teatros de temporada. El Magic Park estuvo en el comienzo del paseo de Rosales el año 1913. Más tarde se abriría allí, a la altura del número 24, el Ideal Rosales, dedicado básicamente al género frívolo aprovechando la liberalidad de los años veinte.

Frente a la estatua de Emilio Castelar, en la Castellana, estuvo el año 1918 el Luna Park, recinto a cielo abierto con escenario para variedades. En 1928 se autorizó el Teatro de Verano, en Atocha. Quiso dedicarse al género chico y formó una buena compañía de zarzuela encabezada por Matilde Rosi y Salvador Videgáin. A lo largo de los años no han faltado empresarios que se hayan arriesgado a montar espectáculos al aire libre en enclaves como la plaza de Santa Bárbara, el templo de Debbod, la Muralla Árabe y, por descontado, la plaza Mayor. En ella Antonio Guirau montó varios veranos seguidos un recinto acotado para recreas fiestas de antaño, con participación de artesanos, pasacalles y, por supuesto, un teatro. A pesar de su popularidad se decidió suprimir este festejo, seguramente porque alteraba el espacio en la época de mayor afluencia de visitantes. Pero, desde luego, la plaza Mayor sigue siendo un zoco comercial que nada aporta a su historia y sí provoca numerosas incomodidades y molestias.
Con estos pocos ejemplos – y el de los Jardines Orientales, El Dorado, etc.-podemos afirmar que el teatro sí ha sido para el verano, en la ciudad de Madrid.