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Ríos de Madrid (I)

El Lozoya, el río mimado

El Lozoya, el río mimado

Por Carmen M. Gutiérrez
lunes 14 de junio de 2010, 00:00h
Actualizado: 28/12/2015 12:18h
Desde las cascadas y lagunas de su nacimiento en las altas cumbres de Peñalara hasta su desembocadura en el Jarama, el río Lozoya presenta algunos de los paisajes más bellos de la Comunidad y un buen estado de conservación.
El Lozoya baña los municipios del norte de Madrid de Oeste a Este, dejando a durante sus alrededor de 90 kilómetros estampas de un río aún cristalino, aunque menos en los cinco tramos embalsados para abastecer a la mitad de la población de la Comunidad de Madrid. Este es el principal problema al que apunta Ecologistas en Acción sobre este río que consideran el mejor conservado de Madrid.

Entre otras razones, que sus recursos hídricos se destinen a consumo humano hace que haya más restricciones en su uso y, por lo tanto, que esté mejor conservado. Están prohibidas la navegación y el baño, por lo que desde hace años las aguas del Lozoya no refrescan a lugareños y domingueros, aunque casi todos los vecinos de la zona recuerdan los chapuzones en sus orillas. La excepción la conforman las presillas de Rascafría y las piscinas naturales del embalse de Riosequillo.

A sus aguas no les faltan fama y adeptos. Según José Luis Corral, el presidente de la Asociación Pesca Sierra, quien acompañó a este digital en una visita al Lozoya, "es la de mayor calidad de toda España sin contar los manantiales". Técnicamente, la Confederación Hidrográfica considera que el estado de sus aguas es bueno y baja a moderado según se aleja de la cabecera. Los pantanos presenta un potencial ecológico bueno o superior.

Su calidad de aprobado para arriba se debe en gran parte a que es una zona granítica, con pocos minerales, y a que hay poca presión humana en forma de explotaciones agrarias y ganaderas, así como industria, como indican desde el Canal de Isabell II. Hay que tener en cuenta que las poblaciones con mayor número de habitantes no llegan a los 2.000 y que hoy en día se depuran sus aguas.

Algunos problemas
Sin embargo, no hay que pensar que el Lozoya no ha sufrido algunos problemas. En abril, aparecieron cientos de peces muertos en el embalse que baña Pinilla del Valle. Aún no está clara la razón, pero se cree que se debe a la alguna repoblación de ejemplares portadores de alguna infección. José Luis Corral también apunta a las regueras que se utilizaban antiguamente para derivar agua a cultivos o explotaciones ganaderas y que, pese a que están en desuso, siguen cogiendo recursos del río.

El mantenimiento del cauce ecológico ha sido, además, una reivindicación de la asociación de pescadores, pese a que el Canal de Isabel II asegura que siempre se ha respetado. "Cuando cortan arriba, la presa está baja, y la flora y la fauna desparecen", indica Corral. Esto se debe, según su explicación, a que las medias marcadas por las normas se pueden cumplir si se "suelta agua durante siete horas y después se corta".

El pescador también recuerda que durante la reparación de presa de Puentes Viejas, que genera energía al igual que el resto los embalses del Lozoya, se retuvo el agua durante varios meses. Por su parte, Santiago Martín de Ecologistas en Acción afirma que "la calidad del agua es buena, pero que desde que entró Aguirre podría estar mejor si tuviera un caudal decente". "En Canal consigue que los ríos nazcan en las plantas de depuración", continúa.

El Canal lo niega, pero ambas coinciden en que veces la falta de agua ha hecho que el río no desemboque en el Jarama y que termine en El Atazar, el mayor embalse de la Comunidad, desde donde se distribuye el agua del Lozoya. Desde otoño la situación mejoró y el río volvió a fluir. "Hemos conseguido que el caudal esté permanentemente", concluye, satisfecho, Corral.

Otro problema sobre el que ya se está trabajando son los azudes sin uso, que impiden a truchas y barbos nadar río arriba, donde nacieron, para desovar. La Confederación Hidrográfica ya ha eliminado uno y estudia hacer una escala para que los peces puedan superar otro.

Riqueza natural
En estas aguas y su bosque de ribera viven numerosos macroinvertebrados, anfibios, peces o mamíferos. Quizá el animal más llamativo, aunque esquivo, sean las nutrias que crecen en algunos de los arroyos que nacen en las cumbres de Peñalara y que terminan formando el río Lozoya.

La fauna acuática autóctona, por su parte, ha ido variando. Algunas especies han desaparecido, como el cangrejo, mientras que han llegado otras alóctonas (truchas arco iris, cangrejo americano, blackbass o percasol), debido a repoblaciones. La trucha común del río desapareció hace años pero después se introdujo de nuevo. En la actualidad, la asociación Pesca Norte está criando ejemplares del lugar para repoblar el tramo que gestiona y recuperar esta especie.

Es entre los embalses de Riosequillo y Puentes Viejas, donde actúa la asociación coordinada con la Consejería de Medio Ambiente gracias a la ayuda del Centro de Educación Ambiental de El Cuadrón, que trabaja con las asociaciones de la zona en el cuidado del río. En esta zona la pesca de especies autóctonas se hace en la modalidad de captura y suelta; el resto se pueden llevar. En el resto del río hay tramos donde se puede pescar con muerte cualquier pez y en otros solo los ejemplares alóctonos.

En cuanto a la flora, destaca el bosque de ribera que lo enmarca, con sus sauces, en primera línea, fresnos, álamos y chopos como detalla María Pérez, del centro de educación ambiental. Pero además, el río discurre por un entorno privilegiado tanto en el Parque Natural de Peñalara como aguas abajo, entre los montes y valles de la sierra madrileña.

Además de ser uno de los principales refugios para la biodiversidad y fundamental para el abastecimiento de agua en la Comunidad, el Lozoya brinda algunas de sus estampas más preciadas, como las cascadas de los arroyos, las lagunas de Peñalara, su paso por Buitrago o el embalse a los pies de Pinilla del Valle.
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